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Palabras desde Londres

Estado social o caridad

En las charlas parroquianas con los nuestros y con aquellos con los que coincidimos en nuestras funciones laborales, sociales o en los azares de la vida, los conceptos país, estado, nación, región, capitalismo, comunismo, socialismo, neoliberalismo, liberalismo, democracia…son muy confusos y muchas veces no se adecuan a su estricta definición.

Si estamos degustando una buena pinta en Plymouth en mitad de un pub, abreviación de public house, como el conocido Ark’s Noah y somos capaces de entablar una conversación sobre democracia, rápidamente surgirá el argumento de que haber hecho un segundo referendo sobre el Brexit era muy antidemocrático porque no se habría respetado la primera votación por los motivos que fueran: Fake News, ignorancia, electorado desmotivado y apático…

“It was nicked!”

En cambio, si estamos en New York, USA en la 7ª Avenida con la calle 27 oeste comiendo una exquisita y gigantesca hamburguesa con tocino extremadamente crujiente y achicharrado con papas fritas y una American Ale con los colores de Eire, por decir que todo el mundo debe tener derecho a una sanidad universal, sin importar cuál sea su salario, corremos el riesgo de ser llamados comunistas, socialistas y si estás en ciertos lugares de Andalucía, bolivariano y etarra.

“In for a penny, in for a pound”.

Si tenéis la oportunidad de ir caminando por las históricas calles empedradas de Toulouse, como la calle de Tour donde aún se siente la presencia de los exiliados por la Guerra Civil española, la intolerancia del Rey San Luis de Francia también se trasluce en su callejero su lengua occitana. Los términos región y país definen el mismo concepto y no son incompatibles, pues la consideración de región que aglutina a diferentes entidades con una base idiomática común es aceptada a la vez que el concepto de país para definir lo mismo, sin ser sustitutoria de su estatalidad francesa entendida como el estado que engloba sus regiones, país con otros adyacentes continentales e islas.

Si estuviéramos en la Plaza Bolívar en Caracas saboreando una rica arepa con queso y una fría de cualquiera de esos excelentes puestos callejeros, los términos socialista o capitalista nos conducirían a una situación violenta y guerracivilista, dependiendo de la opinión de los interlocutores. Culpando a unos de vasallos pro-americanistas y a otros de arribistas, ambos culpándose de arruinar  su maravilloso país, rico en todo menos en paz y estabilidad, ya sea derivado de problemas domésticos y/o extranjeros.

“Being nosy parker”

Aunque la definición de estado no es clara en su concepto, sí lo es en sus límites. El estado es quien te marca el paso, de donde emana la fuerza y el (des) orden, quien decide en último término, haya sido elegido o no.

Cuando un estado tiene un carácter social ofrece unas garantías mínimas, como la salud a sus ciudadanos, no me parece adecuado hablar de contribuyentes ya que ese término disminuye nuestros derechos indirectamente, de forma que un parado dejaría de serlo por no poder aportar aunque él quisiera, por lo tanto somos ciudadanos.

El termino caridad surgió de la doble cara del estado naciente, mientras la jefatura era recta y firme, la parte femenil era caritativa y mimosa.

A día de hoy el neoliberalismo quiere repotenciar la caridad pero en sustitución del estado social, obviamente el motivo es económico. La salud da dinero, las pensiones dan mucha plata también y  para paliar a esos que no lleguen al mínimo la caridad. Esa que verás en la televisión, en la radio, en los partidos de fútbol, conciertos de una fecha determinada para que la aceptación general de la privatización sea sosegada y sin revuelta popular.

Uno de los éxitos del neoliberalismo ha sido convencer a una buena parte de la sociedad de que el pobre es quien tiene la necesidad de usar lo público abiertamente, ya que los “buenos”, los “ricos”, los “acomodados”, no lo necesitan. Los sindicatos son de gente pobre si reclaman el estado social pero de gente formal si ayudan a su destrucción. Con esta simpleza del bien y del mal, muy metida a fuego y espada por el cristianismo y banalizada por los neoliberales, nos enfrentamos a la privatización por segmentos del NHS en el Reino Unido y el desmantelamiento del SAS en Andalucía. Ni Boris, ni Moreno son los únicos culpables,  pero sí los últimos peldaños de la cadena para su conclusión. Seguramente Boris con más éxito, ya que el papa americano ha puesto precio al acuerdo post-brexit. Moreno estudió en la universidad privada y le fue bien. ¿Por qué no le va ir bien a casi diez millones de andaluces una sanidad a la privada? Léase con ironía.

Básicamente, si ves muchos eventos en contra de enfermedades, por ejemplo,  recuerda que están privatizando esos departamentos y el estado ya no llega a cubrirlos y los shows televisivos sólo son shows televisivos, no son oncólogos, ni cirujanos.

No quiero ir al hospital ni que la mujer del nieto de un genocida me dé un ramo de flores por la enfermedad de un familiar y un beso en la frente ni que tres mil  andaluces salgan a correr a mediodía por Almería, quiero un profesional de la medicina sostenido por los impuestos, que atienda profesionalmente a todos, sin nepotismo y con calidad. La caridad no puede suplir la privatización del estado social y la corrupción empieza por M de…

“Bits and bobs”.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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