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Palabras desde Londres

En 2020, como siempre, Paz y Esperanza por bandera.

La desvalorización del lugar donde uno habita es una insana constumbre, muy andaluza desde la conquista castellana, despreciar lo nuestro y magnificar lo foráneo es una constante común en nuestras gentes. En cambio, en las islas de su millonaria Majestad es todo lo contrario. Como siempre el punto medio nos acerca a lo realmente verdadero.

Las navidades, la versión cristiana de las saturnalias, no son muy distintas a las nuestras. Hay una gastronomía mucho más pobre que la propia de la antigua provincial senatorial de la Bética, pero tiene su Figgy Pudding, lo habrás escuchado un millón de veces en las típicas Christmas Carols que son cantadas en las películas del Jefe americano. Quien tenga algo de curiosidad, que busque la receta, ya que los ingredientes no les serán difícil de encontrar en nuestros mercados.

Las bebidas calientes como hot chocolate o cup of tea se multiplican exponencialmente estos días, gracias a las bajas temperaturas que nos golpean sin piedad, bastante más desagradables por la falta de luz que por el frío.

“Fancy a cuppa?”

En fin, un cúmulo de oscuridad y desolación se fusionan con un hormiguero humano consumista  que es habitual en London. Da igual qué celebremos o no, hay que comprar.

La pobreza te la da lo material, es una verdad que vino para quedarse como algo clásico en las navidades de los países occidentales. Por supuesto que la solvencia económica ayuda y bastante, pero no es el camino para ser ni feliz ni complaciente. La falta de valores, la ignorancia de los hechos ocurridos y pasar por la vida como una abeja obrera o una oveja agazapada te alejan de ese camino y te achicharran el espíritu.

“I am knackered!”

No es difícil a día de hoy tener todo lo mínimo indispensable para pasar unas navidades andaluzas en las gélidas tierras del Trump-oso británico. Lo material es factible, solo hablemos del precio que marca la frontera de quienes son capaces de adquirir y quienes se conformarán con el roast beef de cualquier supermercado. Sin embargo, el calor de la familia y de los amigos no se puede sustituir.

Eso sí que no, ese círculo íntimo que forma la tribu. Esa dialéctica de ida y vuelta que ameniza las cenas, las uvas, la nostalgia de aquellas celebradas con los que ya no están. ¡Que la tierra les sea leve!

Es complicado definir familia y amistades cuando se aparta la sanguinidad. Los primeros no los elegimos y los segundos sí.

La tribu era la calle donde la pelota corría entre coches y motos, cuando la vecina de la esquina te miraba como una cuidadora más de la familia, aunque fuera criticada por tu tía. Era el bocadillo de mortadela con aceitunas que compartías con tu amiga y la otra de la calle de arriba sin razón alguna, solo por amistad de una tarde para correr, saltar, pelear  y reir. El hombre que te reñía cuando hacías algo que estaba mal aunque no lo conocías, pero lo respetabas y lo escuchabas.

Aquí de eso no hay. Los hermanos ya no comparten la ropa porque hay lugares donde esclavos la fabrican y se vende tan barata que ya debemos ser exclusivos pero genéricos. Entonces esas fotos de diferentes generaciones no serán vistas ni comentadas en las futuras cenas como antes.

“That’s rubbish!”

La nostalgia es peligrosa y nos hace idealizar un pasado que no fue tan así. Debemos tomarla como la palomita, de una en una, espaciada en el tiempo y entre un mantecado de limón, polvorón o mazapán al gusto, obviamente.

Ahora viene una época dura, otra guerra más puede iniciarse en Oriente Próximo. Ya sabemos que hay elecciones en USA por lo que su presidente-candidato necesita una acción bélica de renombre  para asegurarse la victoria. Y el Prime Minister británico estará a su lado como protagonista sin dudarlo. El poder lo miden con sangre, seguramente en el futuro se estudie la caída de las democracias occidentales justo después de la del Muro de Berlín y su usurpación por las dictaduras cívicas del neoliberalismo, pero como para esa época estaremos alimentando a los vermiformes, hablemos del presente con futuro.

Que haya una generación con las ideas claras sobre la amenaza de la especie humana en su conjunto y no por estados es una ganancia abismal. Paradógico me resulta que se critique a una criatura por su cruzada climática cuando se aplaude a sus coetáneos  si dejan la escuela para pegar patadas a un balón, cantar o hacer otra actividad, no seamos cínicos, por favor.

Feliz de que al fascismo se le llame y denuncie por lo que es, aunque su poder económico-político aún sigue enraizado hasta la coronilla real.

Esperanzado porque este sea el inicio de una construcción europea social e internacionalista que derrumbe el retrete neoliberal que nos lleva a la ruina, a la destrucción y a la desorientación como sociedad.

Europa es una palabra griega al igual que democracia, hagámosla real. No repitamos los mismos errores de una década atrás.

Por último, espero que este 2020 sea un año de colaboración, de cohesión y que la democracia cale en esos ciudadanos temorosos que se agarran a la ignorancia con trapos de oro y grana para tapar la basura de aquellos ante los que se arrodillan porque la madurez de ser un ciudadano les da vértigo. Pienso, luego existo.

“I’m chuffed to bits!”

 

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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