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Palabras desde Londres

¿Por qué hay tantos ataques con cuchillo en London?

Otra vez ha ocurrido, parece que es algo de lo más corriente y no sorprende que de vez en cuando suceda otra vez. Un grupo de hombres  jóvenes atacan a viandantes en las cercanías de un puente o en el mismo, acorralándolos como en  una ratonera.

Cuchillos grandes de tiendas como Wilko, Argos, Poundland…de plástico, de cerámica falsa, metálicos qué más da.

¿Por qué lo hacen? ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son?

Hay que entender que London y su área metropolitana son como una ciudad masificada, convertida en lo que en España sería una región autónoma, que no es Nacionalidad Histórica como nuestro caso en Andalucía, a su vez es la capital del estado, por lo tanto se puede decir que su equivalente sería la provincia convertida en región, Madrid. Una alta concentración de poder del Estado por metro cuadrado que genera un nudo de empresas y entidades públicas con mucha demanda de empleados, los cuales son de todas partes del Reino Unido y del exterior. Muchos de ellos provienen de países que fueron explotados por el Reino Unido, el caso de Pakistán, por citar alguno. Miles de personas de estos países ya vivían aquí, incluso antes de que sus países fueran independientes. Desafortunadamente, nunca han sido considerados como ciudadanos de primera categoría. Celebramos hace poquísimo un alcalde de origen pakistaní, y se gritaba que cuántos escalones en el camino de la igualdad y la convivencia se habían alcanzado, pero luego ocurren los atentados y parece la escalera de Penrose.

La mayoría de los atacantes son ciudadanos británicos de segunda y tercera generación, han ido a escuelas públicas, han tenido sus tres comidas diarias, han disfrutado de vacaciones en Benidorm y Magaluf, sus abuelos y/o padres viven o han vivido en casas de VPO y muchos han tenido acceso a préstamos con un interés bajísimo para sus carreras universitarias. Y por eso London es un ejemplo de multiculturalismo en el mundo, con sus planes de integración y respeto a las costumbres, no habituales en la era contemporánea británica. Pero esta es solo una parte de la verdad de la historia.

“Much to my dismay”.

Muchos sufrieron bullying y ataques indiscriminados por su origen, fueron llamados terroristas antes de saber lo que significaba esa palabra. La vergüenza del origen de su familia les lleva a no querer hablar el idioma ni a dar a conocer sus costumbres. De la mofa se pasaba al lanzamiento de huevos a casas de sus familiares. La comida rápida basura supone 2 de las 3 comidas al día, un síntoma de pobreza generalizada. Los barrios de casas patrocinadas por entidades gubernamentales y semipúblicas son centros problemáticos y nidos delincuencia y droga. La policía detiene a quinceañeros por la calle para cubrir el cupo y cobrar los bonos. Ciertos políticos demagogos hacen carrera basando su populismo en la exageración de hechos puntuales como si fuesen habituales. Se distorsiona la realidad hasta crear un ambiente hostil.

 Y luego los techos de cristal. Esta situación que no afecta solo a las mujeres, aunque si el doble, también afecta a los hombres. Váyanse a un ayuntamiento, a un hospital o a cualquier empresa, los cuadros principales  los ocupan personas del color tradicional y los puestos inferiores son ocupados por personas de diferentes colores, como el arcoíris.

A todo ello le añadimos los malhechores, los trúhanes y vividores sin alma. Esos vendedores de crecepelo del oeste que vienen predicando con su único libro, al que siempre le añaden su versión, modifican a su antojo, distorsionando su significado y lo convierten una lucha de ellos contra nosotros. Patrocinados por gente adinerada, grupos financieros con contactos Reales y autoridades simpatizantes. Y luego nos dicen que en la democracia caben todos e incluso quienes la quieren destruir. Los periódicos y las televisiones dan bombo y platillo y boom: ahí están. ¿A qué os suena? Me he quedado sin vox, y no te lo puedo decir.

Se retroalimentan con los políticos demagogos y crean un circulo cerrado de seguidores que con sus tentáculos quieren acceder al mayor número de personas posibles. Y si ya los problemas domésticos no fueran  suficiente.

“That´s the straw that brokes the camel’s back”

El vasallaje al Imperio estadounidense. La maquinaria bélica británica es la primera en ponerse firme ante el general Tío Sam. Son obedientes, compran mucho y caro, derraman sangre sin llanto y siempre estarán ahí. Quizás en ese Imperio viva el que ya cayó y tanto añoran, como si ya no hubiera habido penurias y miserias suficientes en la época victoriana.

“That’s quite dodgy”.

¿Qué sentirías al saber que tu vecino viene del país de tus abuelos después de “liberarlo” con bombas y matando gente por petróleo y gas?

¿Y si esa gente fueran familiares? ¿O antiguos vecinos que se jubilaron y regresaron para pasar su vejez y morir en su tierra?

Las religiones son excusas, no nos engañemos. Y el dominio de recursos naturales por potencias extranjeras (nosotros) también. Vagas mentiras.

La aporofobia es la base del racismo. Nadie ofende en los Almacenes Harrods en Knightbridge a ningún petrodólar ni a nadie le molesta la caravana de esposas con burkas a las que no se le ven ni las pestañas, o cuando compran clubes de fútbol o se celebran eventos como la Supercopa.

El otro día una chica de religión musulmana dio la cara por un matrimonio de religión judía en el metro frente a un racista de orígenes caribeños. Sí, los racistas no solo son los blancos, son todos los ignorantes y cobardes.

Tengo la esperanza de ver un London diferente que sea una referencia, como lo fue tanta veces en otros aspectos, para la convivencia pacífica, con un bello futuro para todos.

Aunque vienen tiempos duros y el fantasma del fascismo asusta para el doce de diciembre. Trump vino para quedarse, al igual que Boris Johnson. La diferencia está en que uno es el jefe y el otro el lacayo. Hay quienes dicen que han blanqueado a la extrema derecha, pero no es cierto; ellos son la extrema derecha. Vienen para arrasar con todos los derechos sociales ganados en los últimos siglos y quien no lo vea, que se compre gafas de culo de botella. Prepárense viene una tormenta con vientos de huracán.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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