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Palabras desde Londres

Déjà vu

 Por enésima vez el gobierno de su Graciosa Majestad ha decidido en los despachos todo lo posible, aunque en público nos venda una versión basada en la fantasía y como si estuviésemos aún en la época del Imperio Británico después de derrotar a Napoleón I en Waterloo.

Boris Johnson quiere pasar a la historia como un Padre de la Patria y como liberador de su reino de las hordas europeas, aun sabiendo que si se convocan elecciones, a día de hoy, tendría muy lejos una victoria electoral y más si no consigue terminar este largo y tortuoso proceso del Brexit, es más, no engulliría la masa antieuropea, militarista, reaccionaria y extremadamente racista que ganó pírricamente el referéndum convocado por Cameron, otrora Prime Minister Conservador.

El principal escollo es Northern Ireland, ya hablamos en su día (en el artículo Reino Unido, Gran Bretana e Inglaterra) de la autonomía norirlandesa y cómo está consensuada con los Acuerdo de Paz del Viernes Santo. El principal partido de la provincia, país constituyente (Home Nation) o comunidad, que representa a la mitad de los súbditos, es el DUP, el cual tendría una ideología parecida a VOX , pero aunque le han ofrecido una grandísima suma de dinero, muy por encima de lo que le corresponde, para facilitar su apoyo en el Parlamento de Westminster, se ha negado. Hay una piedra en el camino, nada que ver con ideología, se llama IVA (VAT) y quien lo gestiona.  Da igual lo que ofrezcan, si la tercera parte no puede administrarlo como quiere. DUP se escuda en su ideología, pero es la plata al fin y al cabo.

DUP tiene unos diez diputados, pero su influencia es gigantesca en los movimientos conservadores. Si a este dato  unimos a los rebeldes conservadores expulsados por el mismo Boris Johnson, el actual ejecutivo tiene una minoría plausible para sacar adelante el acuerdo de esta semana.

La anterior Prime Minister y sucesora de Davis Cameron nunca pudo aprobar un acuerdo con la Unión Europea. Fue atacada, mayoritariamente por Boris, de traidora a la patria y al espíritu del referéndum del Brexit, igual que en la mitología cristiana Pedro rechazó a Cristo por tres veces, así ocurrió con su acuerdo en el Parlamento Británico.

Ahora con un acuerdo, que si usáramos el mismo rasero que exigía Boris es muy inferior al anterior, debe ser aprobado en esta sesión extraordinaria  sabatina.

“If you chane the way you look at things, the things you look at change”.

Los números no dan. La UE le ha hecho firmar un documento en el cual deben devolver el dinero que han recibido y mantener los derechos de los ciudadanos europeos en territorio británico y además, la parte irlandesa bajo soberanía británica debe permanecer con las leyes europeas y en el mercado único, pero bajo supervisión británica por un período de cuatro años, trasladando la frontera al Mar de Irlanda.

Técnicamente es factible, el gobierno debe crear unas oficinas públicas de control que fomentaría el empleo en una zona muy frágil y por este lado ganarse el apoyo público a medio plazo. Siempre dependiendo que esto sea una realidad notoria en la sociedad norirlandesa, costas galesas y escocesas más la Isla de Man que desarrollará un papel fundamental en ese control aduanero. La Isla de Man es un territorio británico con impuestos muy bajos en comparación con el resto del Reino Unido. Un equivalente en el estado español sería Ceuta y Melilla.

Hablando claro, Boris Johnson solo ha conseguido lo mismo que su antecesora, y aunque la Comisión Europea no sea una institución muy amigable para muchos europeos que hemos sufrido su mala gestión y su fanatismo neoliberal, ha mostrado mucho más interés en llegar a un convenio, que el miembro saliente. Seguramente, el desprecio de la administración estadounidense de Trump, con los aranceles que están afectando al Reino Unido igual que a otras partes de la UE, cuando suponían que ellos iban a ser un socio-hermano e iban a ocupar el espacio europeo, ha sido una bofetada con guante de hierro para las aspiraciones británicas y un baño de humildad para el Prime Minister. Estados Unidos no tiene amigos, sino vasallos.

“The best way to pay for a lovely moment is to enjoy it”.

El segundo escollo es la próxima votación a la que acude con menos apoyo que Theresa May, el partido Laborista no está por la labor de apoyar, y mucho menos la primera fuerza escocesa independentista proeuropea del SNP, ni los liberales ni Green Party, que solo tiene un diputado, pero en estos momentos es crucial.

La razón es muy simple. Apoyar el acuerdo sería reconocer de facto la inviabilidad de un segundo referéndum, ya que estarían fuera de la UE. Entonces en caso de ganarlo, deberían volver a pedir una admisión más que bizarra en una sociedad totalmente divida y con brotes de violencia enmascarados por la actual situación política.

El acuerdo contraído con la UE es aceptable ya que pone límites a la barbarie social que han anunciado algunos dirigentes británicos, como la deportación de ciudadanos europeos y la nulidad de los derechos humanos asumidos por el estado británico desde hace décadas y además regularía una salida no violenta de la misma. Pero que a nadie se le olvide que si en cuatro décadas de membresía europea han culpado de todos los males a la misma Europa y caricaturizado a sus ciudadanos como maleantes, vagos y chupópteros del estado del bienestar británico, quién dice que esa propaganda no irá al alza del mismo modo.

El miedo al maltrato de los ciudadanos europeos será recíproco con los que viven en la UE continental y las carencias para absorber a varios millones de esos  ciudadanos británicos emigrantes ha sido otra prueba palpable de la fragilidad en el ámbito internacional del Reino Unido. Nadie cambia duros por pesetas.

Este sábado, cuando se publique este artículo, estaremos atentos a otro episodio del Brexit. En mi humilde opinión tiene más opciones de verse aplazado hasta otra fecha que a su finalización. Y con elecciones generales o quizás un segundo referéndum en breve.

“Well done is better than well said”.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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