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Palabras desde Londres

Blanco expatriado, otros inmigrantes

Faltan veinte días para la extensión de la prórroga o para el inicio de la marcha del Reino Unido de la UE, esto último  nos dolerá en  el bolsillo, nuestros derechos serán reducidos y nuestras obligaciones aumentadas; entiéndase, subida de impuestos a raudales,  crecimiento de la angustia ante la incertidumbre y todo ello apoderándose de la cotidianidad. Los más de cincuenta mil hijos de Andalucía que vivimos aquí nos vemos afectados por el capricho de una revolución conservadora neoliberal.

“In for a penny, in for a pound”.

La UE ha dejado claro que ya solo hay estos dos caminos, por  la forma como se han dado las circunstancias y las negociaciones poco productivas, principalmente por el lado de la parte interesada en abandonar la UE, todo ha sido una total pérdida de tiempo para todos.

“Anotehr string to your bow”.

La mayoría de estados miembros de la UE han afianzado una mínima legislación para parchear los agujeros, mientras que la burocracia deja caer  en un limbo a los ciudadanos que vivimos de un lado y de otro. Los estados miembros, a pesar de los estereotipos de informales y chapuceros, han sido capaces, por esta vez, de contemplar una relación recíproca para los que viven dentro de sus límites territoriales, pero hay una cláusula que lo anula todo, y es que no haya reciprocidad por parte de la monarquía británica, concretamente la regulación aprobada por el gobierno del reino de España. Desgraciadamente en el SXXI aún tenemos que hablar de instituciones anquilosadas en tradiciones basadas en el derecho de un zigoto sobre una urna. La herencia familiar sobre la meritocracia, el enchufismo y la corrupción  por encima de una legalidad de común acuerdo, siempre amenazada por un fusil, un tanque o unos jueces que vienen de aquella escuela.

La regulación para el periodo de transición por el lado británico ofrece dos opciones:

el pre-settled status para quienes lleven menos de un lustro en el Reino Unido y el settled status para aquellos que lo sobrepasamos. Esto difiere bastante con las aprobadas por los estados de la UE en los que, en su inmensa mayoría, es un solo trámite  el que te permite obtener la residencia en ese país. Obviamente el rechazo del gobierno de las Islas Británicas a reducir el proceso de dos a uno  hace colisionar y anular de facto la reciprocidad. Todo es papel mojado para quienes llevamos  tiempo pagando impuestos y trabajando por aquí. El “feeling” de que seamos usados como moneda de cambio es notorio. Imaginad que en Andalucía se empieza a clasificar del mismo modo. ¿Qué pasaría con esas personas que viven en nuestras costas principalmente? ¿Y los puestos de trabajo de la Andalucía británica, Gibraltar? Aquí el Estado Español pasa olímpicamente, como lleva haciendo desde hace trescientos años, ni un plan de mejora, ni nada por el estilo.

La “britoburocracia” no es tan equitativa y justa, incluso con sus mismo  súbditos, a aquellos que viven fuera de sus fronteras, entiéndase UE o el resto del mundo, se les denomina expat, para los demás países son emigrantes. Esta connotación  ahora adaptaba a quien ostenta el pasaporte británico tiene su origen en la movilidad de la población anglosajona, que por gracia de dios, sí puede ir a donde quiera y como quiera. Recomiendo el artículo de Mawuna R Koutonin. (Why are white people expats when the rest of us are immigrants?-The Guardian).

Si vives fuera del Reino Unido por más de tres lustro, es decir, quince años, automáticamente pierdes el derecho a voto. Algo nada baladí si tenemos en cuenta que hubo un referéndum que afectaba directamente a su status en países terceros, como fue el del Brexit. Pero no para todos, los miembros de la diplomacia y otros órganos del Estado británico, como militares y personal laboral de British Council mantienen intacto ese derecho, les basta con registrarse anualmente para seguir ostentando el derecho a sufragio electivo.

Rellenas documentos con sus requisitos y  los envías por correo ordinario, el proceso telemático no siempre es útil o práctico, aquí viene la trampa, si eres un expat, pero mantienes una propiedad y una empresa, la anulación de tu derecho a voto no se ve afectada. Por eso hubo tanto voto de apoyo exterior al movimiento  de ruptura con la UE. Sin embargo un grueso importante había vendido su propiedad, o acaso, había traído sus ahorros, pagado sus impuestos durante décadas con la esperanza de pasar su última etapa vital en países donde no eran considerados extranjeros, sino ciudadanos comunitarios. No hay que olvidar que casi todos mantienen vínculos con sus familiares, muchos de los cuales siguen residiendo en el Reino Unido.

“Bob’s your uncle”.

Hay que tener en cuenta que para esos votantes su concepto de expat y el cordón umbilical reforzado por sus propiedades o empresas les empoderaba con una supremacía diplomática nada realista. Ahora no es el Reino Unido imponiendo a estados como Portugal, Croacia o España, es un acuerdo de la UE con ellos y las tornas giraron, aunque publiciten en autobuses cuentos de la lechera.

“Stop waffling”.

Resumiendo, en la desastrosa barbarie del neoliberalismo, que quiere acotar el movimiento de seres humanos y culpar a los pobres de su corrupción y de sus hábitos de cómo usar el erario público, nos enfrentamos a una situación sin precedentes en un mundo caótico, en el cual los fanatismo metafísicos y la ganas de liquidar los derechos humanos cuelgan de un hilo cada vez más fino.

Expat, emigrante o inmigrante son personas a las que nunca deberían prohibirles el   ir a buscar un futuro que en su casa no pueden encontrar. Y menos por aquellos que ganan dinero con las ventas de armas, que firman declaraciones de guerra,  que potencian el terrorismo por otras latitudes del planeta, actos que siempre afectan a los mismos, directa o indirectamente. ¿Cómo tienen la desfachatez de promover estas legislaciones y movimientos políticos?

La política es todo, no pases de ella, porque sigues involucrado igualmente y ella te tiene en su diana. Y resulta nauseabundo ver cómo se blanquea a regímenes tiranos con fútbol, todo por maletines y ceros en cuentas de bancos con sol y sombrillas.

¿Entre el zigoto y la urna? Lo tengo claro y sé quiénes son los míos. Soy del 99%

¿Y tú?

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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