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Palabras desde Londres

Thomas Cook: Beneficios privado y deuda pública

Esta semana el neoliberalismo nos ha ofrecido una definición clásica de sí mismo que debería ser admitida en la RAE. Me refiero a Thomas Cook.

El apellido Cook es común entre los súbditos británico, si lo tradujéramos al español literal sería algo así como Thomas Cocinero, quizás suena raro pero si tuviera Andalucía un tejido industrial considerable todo cambiaría, en el exterior la empresa es bastante conocida, por la tanto hablaremos de la compañía británica, ¿o quizás alemana? ¿Tendrá el Brexit algo que ver con la falta de entendimiento? ¿Es otro truco del manco de un grupo inversor?

Alrededor de 1847 nace Thomas Cook como una sociedad dedicada al transporte ferroviario por el norte de Inglaterra, fue nacionalizada por el estado Británico en 1948 y descuartizada en las privatizaciones o externalizaciones progresivas del servicio en 1972.

Participó en la Gran Exhibición de Trabajos de la Industria de Todas las Naciones de 1851 donde coincidió con Samuel Colt, cuyos revólveres revolucionaron los ejércitos y el arma corta de la soldada; también coincidió con Frederick Bakewell , menos conocido, creador de la banda sonora y el prototipo de lo que después sería el fax. En dicha exposición fue la primera vez que se instalaron retretes de pago para atender a los asistentes, a día de hoy sigue igual la Gran Bretaña, tradicionalista por placer.

En 1861 la empresa compra una flota y empieza a explotar la ruta de las Indias Orientales y casi una década después aprovecha la apertura del Canal de Suez en 1869, inaugurado por la Emperatriz Andaluza de Francia, Eugenia de Montijo. HMS Newport fue el primer buque en realizar el trayecto, posteriormente se afianzó en el sector.

El Imperio Británico tenía su epicentro en la India y las rutas con London. Con una antigüedad de 150 años, han sido coetáneos de varias guerras europeas, mundiales, procesos de descolonización… Ha sobrevivido y con buen margen de beneficios a estas tesituras de la historia. Sin embargo la codicia humana es peor que la peste y sin ella el neoliberalismo no tiene sentido. Con el paso del tiempo la empresa es absorbida por la alemana AG y My Travel Group, diferenciando el área de aviación y la de turismo.

El 23 de septiembre de este año se despidió de sus clientes con un tweet, dejando literalmente tiradas a 9.000 personas en el Reino Unido, 21.000 alrededor del mundo que se han quedado sin trabajo de un día para otro.

“Where do you get off?”

Unos 150.000 turistas con residencia en el Reino Unido, 600.000 en el mundo, no supieron por unos días qué pasaría con ellos y los que estaban en el exterior, de qué manera regresarían a sus casa. Digamos que ha sido la mayor repatriación de súbditos de toda su historia, con niveles superior a la independencia de países en África y Asia. Otro grupo más afortunado está replanificándolas al no haber sido hechas las gestiones con contacto directo con la empresa, sino a través de intermediarios. Las reclamaciones siguen después de dos semanas y pinta que va para largo, muy largo.

El Gobierno Británico, con el dinero de todos los contribuyentes, ha ido inyectando dinero a Thomas AG a lo largo del tiempo, ya que sus ingresos de £250 millones anuales, más su valor en activos y la cantidad de empleados directos e indirectos, la hacía ser el clásico tipo de empresa cuya bancarrota podría inclinar unas elecciones o favorecer la opinión de la contraparte política.

Pero no nos olvidemos, vivimos en un sistema capitalista neoliberal, aquí las empresas se reparten dividendos un día antes y luego nos declaramos en bancarrota con el cartel de cerrado por defunción y con reclamaciones a un correo-e. Es cierto que tenía una deuda de £160 millones, entonces ¿por qué se reparten dividendos? ¿Y quiénes son los responsables de esta gestión? ¿Nadie lo vio venir? Podría seguir con las preguntas pero en un mundo neoliberal de facto son retóricas.

“How dare you?”

Obviamente sabían que la expansión descontrolada y la subdivisión de filiales de Thomas Cook AG no iban a poder mantenerse, pero el gobierno daba “manteca” cada cierto tiempo aunque la bola rodante de la deuda se fuese incrementando. Seguramente muchos de sus accionistas siempre han sabido que su dinero nunca estuvo en peligro, muy al contrario de las personas que fueron por un sueño, un descanso laboral o una luna de miel y se encontraron con un tweet en la frente.

“You have got another thing coming”

Realmente la dirección del negocio ha sido desastrosa para llegar a esta situación. Obviamente el Brexit y la deriva de extrema derecha del Prime Minister con su arrogancia ante el mundo, excepto con Trump-oso, daban unos augurios bastantes malos para las empresas de ese sector si hubiera un Brexit sin acuerdo.

Sumémosle lo rentable que le salen a estos grupos de codiciosos el cerrar y abrir empresas, cargándose la historia viva de la cultura occidental, porque no les interesa, no les importa, sólo atienden al sonido del cobre y a la acumulación de muchos ceros en sus cartillas; imaginemos donde están ubicadas esas cuentas bancarias y su tasación correspondiente paradisíaca.

Esta vez ha sido Thomas Cook Ag pero no es la primera, ni será la última y estoy convencido de que cuanto menos acuerdo haya con la UE, más empresas empezaran a correr la misma suerte. Eso sí, sus dueños, accionistas y aprovechados que han exprimido todo lo posible abrirán otras nuevas, recibirán subvenciones públicas y volverán a cerrarlas. Neoliberalismo significa deuda pública y ganancias privadas. Lo vi en Andalucía, ahora aquí. Y lo más indignante es que estos mismos son los primeros en las lista de subvenciones para sacar tajada del erario público, así, perenne como su codicia.

¿Nos planteamos otra manera de vivir? ¿O cuántas guerras, crisis…se necesitan para darnos cuenta Seguimos en London con el resto de exiliados económicos, preparándonos para resistir el Apartheid británico de Boris y sosteniendo la bandera de la libertad, igualdad y la fraternidad.

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Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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