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Palabras desde Londres

Degradación laboral

Vivir en una megalópolis es una experiencia para  al menos una vez en la vida. Los hormigueros humanos tienen un encanto que te arrulla con su ruido constante durante todo el tiempo, desde el minuto uno del primero de enero hasta el último segundo del 31 de diciembre. La  enorme cantidad de personas hace que sea deseada y odiada a la vez, esta dicotomía es esencial para comprender su idiosincrasia. ¿Pero qué sucede cuando la comunidad ha dejado de existir?

14 millones de personas son 14 millonarias maneras de ver y entender la vida.

El hecho de categorizar por  nacionalidad, naturalizado, comunitario, religión, género…y esas detestables marcas identificativas para resaltar el “nosotros” contras el “ellos”, no hace más que agrandar el arco de este inmenso grupo de seres vivos conviviendo en el mismo espacio, llamado Gran Londres siendo mayor que la propia Andalucía.

La Gran Londres, como motor financiero del Reino Unido y uno de los más importantes de la UE, es el punto de encuentro de inmigrantes que hemos llegado a trabajar y por supuesto a tener una vida decente por estos barrios.  La abundancia de ofertas laborales, en comparación a Andalucía y cualquier otra parte de la UE, es abrumadora. (Casi)Siempre es un buen momento para buscar otro trabajo, quizás ahora haya empeorado y con el golpe de estado de Boris no creo que esto vaya a mejorar, en todo caso, empeorará y ya da señales de ello. La progresión laboral es real: “Carry one’s point!”

En cualquier sector puedes llegar a una posición elevada con tu salario generoso y su paquete médico, obviamente en el sector financiero situado en The City y Canary Wharf sería más notable que en otros sectores;  ahora explicaré cómo ha empezado su degradación.

Las crisis son oportunidades. Diferente es saber aprovecharlas, o mejor dicho, realmente poder sacarle provecho. El monopolio neoliberal no está teniendo piedad con los derechos laborales. La buenísima desorganización de los trabajadores y el poco aumento anual de los salarios convierte a las ofertas existentes muy apetecibles, si te da para sobrevivir: “Be that as it may”.

La falta de estabilidad en el viejo-zombi continente y la centralización de focos con distintas ofertas laborales permiten ridículamente reducir los derechos de los trabajadores, básicamente, porque pensamos que ya está todo conseguido.

Imagínate que te rompes un tobillo,  llevas trabajando siete años en tu empresa. Tu salario es tres veces el que puedes conseguir en Andalucía, realizando la misma actividad, con contrato indefinido desde el segundo mes. Hablas con Recurso Humanos y le cuentas lo que sucedido. Y RRHH te dice que en tu contrato sólo tienes diez días para faltar al trabajo y el resto te lo tienes que tomar de vacaciones, pero si no las tenías reservadas no te las autorizan porque debe haber un mínimo de personal.

¿Qué cara crees que se te queda? Esto se llama degradación laboral. No olvidemos que la gran mayoría vive de alquiler, carísimo, y el transporte está por las nubes tanto el público como privado.

Otro caso. Trabajas en una guardería con un contrato de cero horas. Ese de los que presumían los naranjitos. No puedes asistir a tu trabajo por cualquier razón justificada, digámosle: tu hijo se enferma (el ciudadano emigrante no suele tener a mano la familia), tú mismo, roban en tu casa, cita médica…directamente no cobras. Y las vacaciones que obtienes de ese contrato dependen de las horas trabajadas, grosso modo una hora de vacaciones para cada ocho horas y veinte minutos trabajadas.

¿Y si mi empleador sólo me necesita por una hora al día? Al ser un contrato de cero horas dependes del capricho de tu empleador el trabajar el tiempo que él quiera. Con la seguridad que es proporcional a tus vacaciones. Son numerosos los casos conocidos de primera mano de un empleador de un día para otro, le dice a un contratado que de 37.5 horas semanales que debe hacer, pasa a 5 horas semanales y una por día. Obviamente eso es un despido indirecto.

Siempre podemos pensar que al igual que en Andalucía, para tener un trabajo estable lo mejor es hacer oposiciones. Aquí no hay oposiciones tal como la conocemos. ¿Cómo se entra en el sector público? Mandando CV por correo y pasando entrevistas. Haciendo voluntariado en el sector que apliques también ayuda mucho. Sin embargo, últimamente la careta de la hipocresía británica se está desvaneciendo y ya se escuchas:

“You don’t get a job for what you know but for who know”.

El techo de cristal para emigrantes y minorías étnicas es una realidad, a menos que   tu entorno esté en el círculo social adecuado. EL enchufismo encubierto y la dejadez de funciones de los organismos competentes lo convierten en un hecho cotidiano. Grandes partidas de dinero para contratar a gente que sólo está ahí porque alguien le ha ofrecido ese trabajo por cortesía, amistad…quien sabe.

¿Qué sucede? El servicio al ciudadano empeora con el paso del tiempo. Si hiciéramos árboles genealógicos en hospitales, ministerios, oficinas de turismo…veríamos que la corrupción está al mismo nivel que en Andalucía.  Lo decepcionante es que esa gente, a la cual se le ha ofrecido una puerta abierta, no suele valorarlo y por supuesto no son trabajadores comprometidos. Mientras esto sucede el gobierno del golpista está  introduciendo por la puerta de atrás a las empresas americanas con sus nuevos contratos, estas asumirán a estos funcionarios públicos, los enchufados, y mientras, quienes damos lo mejor que tenemos seguiremos con el  escueto salario, las  inexistentes vacaciones y la tan necesitada sanidad,  será un conjunto completito. Y luego diremos:

How did we come to this?

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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