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Palabras desde Londres

Justicia para Grenfell

Hace poco más de dos años tuve una de las experiencias más tristes y abruptas de mi vida. Era el 14 de junio del 2017. En la época veraniega en Londres el sol sale algo más temprano que en Andalucía, alrededor de las 4am. El viento mañanero es más intenso y un par de lluviosos y grises días caen con cierta frecuencia. Gracias al cambio climático, el calor es insoportable, la sensación térmica  es equiparable a los 35ºC de allí, en buses, metros, oficinas, tiendas y  hogares que ni de lejos están preparados para el calor, me niego a llamarlo aún “la caló”. What the Hell!

Como os relataba, aquella mañana me disponía para ir a mi trabajo como buen emigrante que aspira a tener tres comidas al día y un techo donde dormir. Viendo el informativo de Euronews con mi café sólo Catunambú, (soy un masoca de la Comisión Europea, lo sé),  se hablaba de un gran fuego en un bloque de viviendas de Londres. En un área urbana de 14 millones de personas,  la distancia que me separaba de aquel lugar era de 3.862 m, el incendio  se ubicaba justo a escasos metros de una de las paradas de metro por donde pasaba a diario, Latimer Road. Realmente desconocía la existencia de ese edificio, al cual le decían Morrocan Tower ya que numerosas familias de la colonia marroquí  fueron las primeras en ocuparlos a mediados de los 70.

Nada más salir de mi edificio y alcanzar la esquina, empecé a ver un humo negro  cada vez más intenso según me iba acercando a la estación de Ladbroke Grove desde Kensal Rise. Unos 50 metros alrededor de la estación estaba todo acordonado por la Metropolitan Police. Amablemente me indicaron que habían parado el servicio de trenes por el motivo expuesto y que me buscara la vida. Continué mi travesía hacia Holland Park con la esperanza de tomar un bus en  cualquier nudo de metro. Entonces lo vi a escaso metros. En una de las calles, perpendicular hacia donde me dirigía, un humo negro como  carbón, unas llamas gigantescas, de varios metros (cálculo hecho por las ventanas y las plantas, a ojímetro)  y delgadas líneas de corriente de agua engullidas por el agujero negro de ese humo.

Me quedé allí unos minutos hasta percatarme que estaba rodeado de otros transeúntes, y la impotencia de no poder hacer nada me dejó sin habla, esa imagen gritaba ¡muerte!.

Seguí hasta tomar el bus 228 y en breve espacio de tiempo llegué a mi trabajo, la radio decía que el número de muertos era escaso.¡¡ Mentiras!!. Grenfell ardió por las mentiras y la poca vergüenza.

La torre medía alrededor de 67 metros, era de estilo “Brutalista” y con capacidad para más de 600 personas. Estaba gestionado por el ayuntamiento Real de Kensington y Chelsea (RBCK) hasta 1996 y desde entonces por  la Asociación de Propietarios del mismo (KCTMO). Muchos de los pisos eran viviendas equiparables a los VPO, con alquiler con posibilidad del derecho de compra,  el subalquiler estaba a la orden del día. Vulgarmente conocidos como los “Pisos Pateras”. Muchos andaluces ( y de otras meseteñas tierras también) saben de lo que hablo. Viviendas en condiciones pésimas y una aglomeración de personas por m2.

¿Víctimas? Dicen que fueron menos de 80 las víctimas mortales, alrededor de 200 personas se evacuó a tiempo y  un par de decenas fueron hospitalizadas. Pero si haces una simple la regla de tres, entre la capacidad del edificio, los subalquileres y los inquilinos irregulares o no registrados, quizás el número fuese mucho mayor, tal como dicen las asociaciones de víctimas.

¿Prevaricación?

En 2013 un grupo de inquilinos reclama a KCTMO varios puntos:

Extintores caducados, equipos de urgencias para fuegos no se han revisado en 4 años, incluso algunos estaban señalados “no apto para su uso”.

La asociación de dueños no responde al aviso y tampoco lo hace el ayuntamiento. La guinda del pastel la consiguen al ahorrar el sistema de anti-fuego de la cubierta del edificio. La ratonera estaba lista, sólo hacía falta un pequeño descuido, cortocircuito o el azar y todos sus inquilinos en situación:

To be caught between rock and a hard place.

Dicen que el fuego fue originado por un frigorífico en la cuarta planta, un detalle son las moquetas en muchos hogares, además de poco higiénicas, muy populares, a veces, incluso en el baño, perfectas para avivar una la candela.

Los vecinos que sobrevivieron fueron trasladados a albergues en  las afueras y aún siguen sin saber su destino final. Parte de las ayudas fueron robadas por miembros del RBCK, y alguno cayó al trullo. A los famosos que inundaron el barrio por un par de semanas se les echa de menos en la marcha anual pidiendo justicia para Grenfell. Los vecinos colocamos un pañuelo verde limón en nuestras ventanas, aparte de la marcha y otros actos.

He conocido algunos damnificados que aún siguen necesitando ayuda para hacer frente a la perdida de seres queridos. La torre está cubierta con una lona y la parafernalia del ayuntamiento es vergonzosa, haciéndola, con o sin intención, un monumento tétrico para turistas.

Mi mayor y más sentido pésame a los familiares de las víctimas que vinieron por un futuro y se encontraron con un infierno causado por la avaricia y la corrupción política.

Justice for Grenfell.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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