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Palabras desde Londres

Personas como Kleenex

En Andalucía tenemos la suerte de tener más de 300 días de sol al año, a bote pronto, en cualquier parte de nuestra geografía es más apetecible un desayuno, una cerveza con su tapa, su vinito con chicharrones o camarones pero ¡ay, de sus conversaciones! A veces, me avergüenza. Siento lástima que las personas que han podido desarrollarse y alcanzar una vida bastante mejorable sean quienes enciendan la llama del odio contra aquellos de fuera. Siempre hay un motivo diferente que destacar, quizás la religión, la lengua, el acento, la forma de vestir, la “raza”, la sexualidad, la afición deportiva…Seguramente algo se encuentra. “To feel blue”

¿Por qué no pensar en lo que nos une? No hay pueblo del mundo con el que no se comparta un pasado, aunque sea breve.

¿Por qué no hacer memoria? ¿O ya nadie se acuerda lo bien que sabían en nuestros pueblos el cambio de peseta a marco, y franco francés o suizo? ¿Y cómo llegaban los pesos argentinos, uruguayos o venezolanos? Y más aún, se comía pan negro y había cartillas y el “guasa” era una carta a pluma.

Por citar algunos. Busquen los centros andaluces en el exterior y pregunten cuánto sudor, lágrimas y sangre verdiblanca han levantado edificios, han servido en restaurantes, han cortado la hierba, han limpiado casas, han enseñado en universidades, han han doblado dibujos animados, jugado al fútbol…En España, Europa y América trabajando por una vida mejor.

En 1990, el peso mexicano tenía un valor 1:10 con la peseta, es decir, un paquete de pipas de 2 duros valía un peso mexicano. La memoria se riega como a las flores, en algunas casas, están marchitas pero se aprovecharon de su colorido en su tiempo.

En Londres ha empezado a descascararse un proceso similar, la diplomacia y la amabilidad cívica se están convirtiendo en brusco comentario en el metro, en el bus, en el pub, en la escuela y en el puesto de trabajo. Definitivamente usa idéntico mecanismo de expansión. Un leve silbido arisco de un individuo al oído pero terminando en una voz grave agresiva de una masa. La generación Windrush es el mejor ejemplo.

Tal como los andaluces iban a Alemania para reconstruirla después de la II Guerra Mundial, con una generosa ayuda estadounidense, el Plan Marshall; Reino Unido trajo a personas de West Indies (Indias Occidentales se mantiene sólo como selección de Cricket a día de hoy y para referirse al conjunto de estas islas) que seguían bajo su control. Vinieron en el barco Empire Windrush en 1948. El mismo año que la India se independiza.

Estas personas negras y mulatas sirvieron como mano de obra barata, para cubrir todo tipo de oficios de fontanero, jardinero, cuidador de perros, barrenderos, limpiador de chimeneas y una larga lista. En granjas y fincas donde la nieve cubría sus campos algunos meses, existía un enorme contraste en comparación al de sus islas tropicales.

Les publicitaron una vida mejor, sin penurias y con acceso a todo lo que no había en el Caribe. La gran mayoría se estableció y enraizó con la Gran Bretaña, principalmente en la ciudad de Londres se concentraron en diferentes puntos.

Les amparaba el Acta de Ciudadania Británica de 1948, aclaramos que no hay constitución escrita, al ser una democracia parlamentaria se aprueban, leyes generales de gran alcance, en el parlamento ordinario con mayoría simple. En 1970 esas islas empiezan a independizarse y sus ciudadanos obtienen pasaporte propio, al mismo tiempo, Reino Unido endurece la inmigración. Y empiezan las deportaciones.

¿Sabéis cómo se llamaba la oficina del gobierno para los inmigrantes?

Alien Office era donde los andaluces han tramitado sus papeles. Sí, Alien qué tiene una acepción de extraño, raro, foráneo…Aunque popularmente la identifiquemos con extraterrestre.

En 2018, 83 personas fueron deportadas por indocumentadas, otras tantas fueron encerradas en centros de deportación. Son británicos pero presentaron, algunos casos ni eso, el pasaporte de 1948 a 1973, un gran número nunca había salido del Reino Unido, por lo cual no lo renovó nunca, la figura de DNI no existe y Home Office, digamos el equivalente al ministerio del interior, dice que no encuentra los documentos que acrediten que son británicos. ¿Te lo puedes creer? Los expulsaron de sus trabajos, sus pensiones congeladas, las ayudas sociales, la casa de VPO de la familia que había sido formada aquí, los ahorros, los negocios…. Y los mandaron a unas isla que no veían desde su infancia, otros ni recordaban.

¿Cómo que Home Office no encontraba los registros?

En 2010, el partido conservador basándose en Conservative Party Election Manifesto, fomentó la naturalización o la invitación a dejar el país hacia aquellos, caribeños en este caso, que no pudieran demostrar su británica ciudadanía. Con unos tarifas que le reportó 800 millones de Libras esterlinas del 2011 al 2017 para los afortunados que sí recabaron los papeles mínimos para decir: sí soy británico. Fue un maltrato a toda una comunidad, la más pobre, el hacerle pagar por una naturalización que ya era de facto.

Aquellos que reclamaron una duplicidad al Home Office de sus documentos de registro, se encontraron con la llamativa respuesta, que ya no estaban, y quizás sus papeles fueron eliminados en una limpieza de almacenes. Al no poder comprobarse, se transforman en inmigrantes ilegales aunque hubiera sido un empleado público por décadas. Varios casos de trabajadores del NHS tales como enfermeras.

Gracias a la solidaridad de los pueblos del Caribe, la diplomacia de sus islas, algunos parlamentarios y el diario The Guardian, o se dio a conocer a gran escala y “suavizó” al gobierno; pero ya había habido deportaciones con la ruina de muchas vidas, gestadas a base de esfuerzo, sudor y lágrimas. Una de las responsables de peso fue Theresa May como Ministra de Interior. A día de hoy aún siguen las reclamaciones de los damnificados. “Long story short”.

Ese runrún del que hablamos dio origen a una ley desproporcionada a una comunidad. Y obviamente hay un sector que busca su constante marginalización con planes estatales que les influye enormemente.

Los caribeños fueron usados como pañuelos, para reconstruir lo que las bombas Hitler, uno de los apoyo de Franco, destruyó. Ahora les acusan de todos los males de la sociedad y sobran. Ya no son útiles ¡pues a la basura!

La comunidad caribeña da color a Londres con su Carnaval Estival, con su picante salsa jerk y sus “pattys”, música y sonrisa constante. Sólo la destrucción de la escuela pública, el techo de cristal laboral y los recortes sociales empujan a un número de jóvenes, por caminos de delincuencia y fechorías, pero digo orgullosamente que son los mejores compañeros de trabajo, el vecino que siempre te atiende y la mano ajena que te ayuda en estas calles, donde la ignorancia al ajeno se escribe en mayúscula.

Andaluces recordad; “si a tu vecino ves la barba cortar, echa la tuya a remojar”.

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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