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Palabras desde Londres

Brexit: La revolución inversa

¡Theresa May se va! renuncia, ya no puede más. Parafraseando a Shakespeare; “To deal or not to deal”. ¿Y ahora qué? ¿Y de las personas que estamos aquí? Sí, nosotros, ustedes, ellas.

En el Reino Unido, y principalmente, en Londres hay una gran población de nuestra gente. Algunas con raíces ya bien profundas, otras son nómadas, de las de ahorro por un tiempo y me regreso para el período estival, o se vienen para mejorar el inglés y se regresan chapurreándolo pero con un italiano o un portugués de categoría. Lo común, por inercia, atrae mucho. Obviamente, no nos olvidemos de los estudiantes de masters y de Erasmus, este último puede tener sus días contados. La población flotante es mayoritaria y alérgica a cualquier registro en el Consulado, práctica muy saludable también.

Demasiadas primaveras en Londres para haber aprendido una verdad absoluta. Nadie sabe que va a pasar con el Brexit. Nadie tenía un plan, acuerdo, borrador esquematizado en servilletas de hotel de cinco estrellas…

¿Qué sabemos? Quienes están a favor de un Brexit duro, al cual se le omiten otros apellidos tales como racista y clasista, no hay día que no te recuerden que vas a perder tus derechos como ciudadano europeo y que si quieren, te darán una patada en el trasero o construirán un “muro” en aeropuertos y puertos, esto es una isla, el hormigón se lo ahorrarán. En definitiva, un ciudadano de segunda categoría.

Entonces, nos solidarizamos con los mexicanos y centroamericanos en EEUU y vemos el paralelismo a grosso modo, pero nos olvidamos de los turcos en Alemania y Austria, magrebíes en Francia, Bélgica, Holanda y en menor medida, Portugal y España. ¡Ay Europa! ¿A dónde vas?

Luego tenemos al grupo de Brexit blando, es decir, un acuerdo cívico con la UE y sin que se haga mucha sangre, al orgulloso imperio británico por parte de Bruselas, un acuerdo a la noruega, a la islandesa, a la suiza o a lo Liechtenstein. Sin embargo, esos cuatro estados tienen una población testimonial comparada a la del Reino Unido, y el reparto de riqueza por habitantes es insultante comparada con el británico.

¿Es malo el Brexit?

 Me gustaría responder a la gallega: ¿Y una pistola? Pues depende de quién la dirija y la intención que tenga. Hoy por hoy, lo maneja el grupo de la City, cercano a la derecha dura americana con los  títeres de la derecha extrema británica. La revolución para recortar los derechos sociales ha enraizado en las islas, mentiras comprobadas siguen volando desde Edimburgo hasta Dover, de Belfast a York. Y el cansancio mediático ha hecho mella en una sociedad más diluida y ensimismada y que solo ve “ellos contra nosotros”.

¿Cómo quedamos los europeos?

Gran parte del estado británico conocedor de la realidad sabe que necesita de trabajadores para cubrir ciertos puestos como en sanidad y educación, y en menor escala, en fábricas, agricultura y ganadería. Aquellos que cumplan con unos requisitos bastante accesibles, después de la exigencia de la UE a la Prime Minister podrán aplicar para “Indefinite leave to remain(ILR)” que viene a ser un permiso de residencia permanente . Para los NO-UE sigue igual de crudo, sin embargo China, India y Turquía esperan hacer su agosto con el Brexit, ya han indicado muy claramente qué un nuevo acuerdo bilateral con cada uno de ellos supondrá más flexibilidad para sus productos y conciudadanos, sobre impuestos y visas de trabajo/negocios.

Las empresas y el Estado intentan convencernos de que no hay nada que temer: el pasaporte británico a la vuelta de la esquina, después de vivir un año como ILR, eliminaría todo tipo de dudas sobre la equidad en  derechos sociales. Si queda alguien para cuando termine esta revolución conservadora.

En fin, en un par de días se nos va Theresa May, la europeísta, aunque no lo parezca, era pro-UE, la demócrata que debía cumplir con el mandato del referéndum, pero incapaz de acordar nada, ni con los suyos, ni los otros. Y quien en los 80  apoyaba a la Sudáfrica del Apartheid, considerando a Mandela un terrorista. Ahora nos viene el candidato pro-Brexit.

¿Qué nos podrá decir o hacer?  Seguro que algo peor caerá, el efecto sorpresa británico es innegable.

Malos tiempos y peores políticos, que no acostumbran a pisar la calle donde hay gente que solo busca vivir dignamente donde pueda, entre los cuales, muchos  somos de nuestra tierra.

Parafraseando a Luther King: I had a nightmare…

Sobre el autor

Fran Pereira

Fran Pereira

Natural de Sevilla; en la Rábita, el mar me bautizó; aprendí a caminar y hacer travesuras como cazallero; en Dos Hermanas la escuela me dio alas, la Hispalense un motor; luego en México, bravura y tesón, y por ahora, en Londres, surfeando a contracorriente en la ola del Brexit.

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