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Rueda de reconocimiento

Plaza de España, plaza del libro

Está previsto para mañana, y no creemos que haya ningún impedimento posible, porque la meteorología sigue igual de benévola con nosotros.

Será mañana, a partir de las 11:00 horas, cuando la Plaza de España de nuestra capital se convierta en un gigantesco salón de lectura, en el que se instalará una estantería de más de veinte metros con 1.000 libros entre los cuales podrán dejarse los que no queramos en casa y recoger a cambio otros que sean de nuestro interés.

Amazon, la compañía organizadora de evento tan singular, parece que se ha planteado dar que pensar y que hablar en un día en que seguimos recibiendo, de unos y de otros, acendradas críticas y enfervorizadas alabanzas por la supresión de, por ejemplo, los veladores de la Campana, y cómo los de McDonald,s no tenían ningún sentido y los de la confitería, con su retirada, van a provocar el cierre de un negocio secular que ha endulzado la vida a millones de sevillanos a lo largo de su historia. Y cuando todos estamos a tirones de pelo con poner muebles en medio de las plazas, viene Amazon, el gigante americano y nos planta una “pedasodeestantería” en mitad del monumento más significativo de la historia contemporánea de la ciudad. La torre Pelli, que sé que os va a encantar, es posmoderna ella.

Lean bien la noticia cuando la encuentren en los medios. Los libros que se recauden allí van a ir a parar a las bibliotecas de los colegios de los niños. Así, esos ejemplares que jamás comprarían los coles por falta de presupuesto llegarán a las manos de esos pequeños que todos fuimos, y cuando lean experimentarán esa apertura del cerebro que aún recuerdo con nostálgica dulzura. Una estantería de veinte metros, y seguramente mesas y sillas y otros muchos elementos urbanizarán el espacio semicircular de la Plaza y convertirán sus stands provinciales en refugio seguro para todos los niños y niñas que pasarán por allí.

Yo he pensado que me voy a disfrazar de pequeño colegial y me voy a hacer pasar por uno de ellos, a ver si se me pega algo de su inocencia y ganas de vivir la vida. Esta Pascua nos ha dejado a todos destrozados, y me hizo pasar ayer un día de campeonato, con caminata entre Bormujos y Mairena del Aljarafe para rematar. Me hace falta un libro en las manos, de esos que no esperas, que no sabes de lo que va a tratar, y no tanto móvil ni tanto mensaje ni tanta cita para trabajar o para cumplir con compromisos que nos aturden a veces sobremanera. Hace falta en muchas plazas una estantería de veinte metros “u más”, para que, leyendo, se nos empape el cerebro al revés que el Quijote y sepamos mirar más allá de las vacías polémicas que nos imponemos de cuando en cuando.

Supongo que nadie protestará por la estantería de Amazon en la Plaza de España. Ni porque la pongan (estaría mal visto) ni porque la quiten (porque se entiende que la tienen que quitar). ¡Oh suerte desigual del mobiliario urbano hispalense! Las estanterías, libertinas. Las sillas y las mesas, causa de conflicto. Dirán ustedes: ¡vaya fumada la de este tío hoy! Pero hay que pensarlo bien, porque la misma diatriba entre ocio y cultura vuelve a atenazar a esta “muy complicada ciudad de Sevilla”, como dijo ayer Jesús Zurita presentando su cartel de las Glorias para el 2017, lleno de dulzura virginal y también de dragones con cuernos, en esa mezcla tan antónima de nuestra manera de ser y de entender la vida.

Ya que parece tener poco remedio la cosa…a la rueda los que, plausiblemente, lleven un libro a esa estantería de la Plaza España y quizás, luego, se sienten en un velador a tomar algo plácidamente, sin querer destrozarle a nadie el mundo en el que ha elegido vivir. A la rueda los que, dragones como los de Zurita, andan echando fuego por la boca y pierden esas energías hablando y hablando sin esforzarse en añadir ladrillos para otra causa mejor. Allá cada uno con sus “cada-unas”. 

Sobre el autor

Francis Segura

Francis Segura

Sevillano habilitado por nacimiento, ciudadano del mundo y hombre de pueblo de vocación. Licenciado en Historia del Arte que le pegó un pellizco a la gustosa masa de la antropología, y que acabó siendo recepcionista de notario y estanquero. Investigador en la historia y en la literatura, preguntón, atrevido y gesto hecho hombre.

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