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Conversaciones con mamá

Lunes, 29 Abril 2013 10:59

Mercedes Serrato

¿Podría Juan Echanove tener mejor madre que María Galiana? Con todo el respeto a la madre biológica del actor, teatralmente dudo que pueda encontrarse  mejor parentesco que este.

En tiempos tan duros como los que nos tocan vivir hay que animarse. Esto suena a cosa de Perogrullo, y no es esa la intención. Condeno firmemente el “buen-rollismo” barato que desde algunos  foros se inculca, no estoy segura de que la autoayuda sea efectiva si es nula la ayuda externa, y tampoco creo que la repetición de  determinados mantras contemporáneos nos vayan a sacar de esto…  Pero sí es verdad que determinadas corrientes pueden  inculcarnos optimismo, y no por ello nos alejan de la realidad ni nos hundan en ella…
María Galiana y Juan Echanove son madre e hijo en un ambiente tan cotidiano como puede serlo una cocina. Las conversaciones tienen nexos comunes con cualquiera… Las preocupaciones del hijo exponente de la clase media, con su hipoteca, sus niños respondones, su mujer… su mujer y su suegra, sin más comentarios. María Galiana es una madre, una de esas que no necesariamente te responde a lo que le preguntas, que no deja de conversar contigo aunque no pare de hablar de lo que a ella le interesa, descartando las cosas que intentas tratar si a ella le parecen menos importantes u oportunas.
Este hijo y esta madre, ambos  en la cocina, viven, sienten, padecen… Sufren recortes, desempleo, subidas de precios y azares de la crisis varios. La madre ve los días buenos aunque sean de lluvia, el hijo siente el estrangulamiento de los bancos. Y la vida es eso, la actualidad, la cocina, los días de lluvia y una madre que te recuerda que de niño  hasta disfrutabas  que lloviera porque con un impermeable bonito y unas buenas botas adorabas salir a la calle y poder saltar en los charcos… Y es que la vida también es eso, aprender a darle la vuelta a lo que hay, y dársela hasta que te guste tanto como saltar en los charcos.
Ese hijo y esa madre son únicos, y a la vez somos todos.  El teatro no es algo cotidiano, ya me gustaría a mí que lo fuera, pero es un capricho, un regalo que ni en tiempos como estos debe dejarse a  un lado; porque el teatro no es solo soñar con lo que sucede en las tablas, el teatro es también sentir, pensar, relativizar, ver ordenados pensamientos que tenías aunque tal vez ni lo supieras, escuchar en la boca de una madre que no es la tuya que las cosas negras pueden verse con otra luz y aunque no se vuelvan blancas, sí gris clarito.
He querido contarlo sin contar nada, no puedo destriparles la obra, que aunque ya se ha ido, quien sabe, lo mismo vuelve, lo mismo la ven en otra ciudad, y entonces, además de lo dicho, saben quién es Gregorio, el no basurero argentino, o quien llorará y lloró en el entierro de quién, qué lleva un puchero o qué debería llevar e incluso, cómo escribe una nota de agradecimiento un gato… Si tienen la oportunidad, no se la pierdan, seguro que se merecen ese regalo.

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