Yo soy Charlie, pero no Carlos

Domingo, 11 Enero 2015 13:59

Candela Vázquez

Sorprende gratamente que por una semana el mundo se haya encasquetado la máscara de la homogeneidad, y de la hipocresía, para unir sus voces contra uno de los atentados más sangrientos y vomitivos hacia la libertad. Resulta también especialmente llamativo que la sangre haya dirigido las miradas hacia los medios transgresores y sin vergüenzas sin el filtro de la censura y la reprobación.

Siendo Sevilla una ciudad tan purista, conservadurista y muchas cosas más que terminan en -ista me encandila su capacidad de cambiar de opinión hacia la censura de la sátira hacia la religión. Cierto es que no es comparable un asesinato por parte de yihadistas que un registro de la imagen de una virgen. Partamos de la base de que la violencia es condenable desde todas sus variantes pero también lo debe ser la doble moral.

Resulta que unas viñetas representando a Mahoma es humor transgresor, sin embargo, usar a la Esperanza Macarena para una portada, siendo el catolicismo una religión que usa imágenes, es rozar el terrorismo. Lo ajeno no disgusta pero lo propio duele. El ego de la idiosincracia sevillana no permitiría nunca carteles de 'Yo soy Mongolia', y los medios de comunicación locales jamás de concentrarían, y de hecho no lo hicieron, cuando se atentó contra la libertad de expresión de una revista satírica.

Ahora, todos son lazos negros y caras largas. De momento, el humor satírico es el único que vale y el mensaje de 'No nos callarán' infla muchos tórax, eso si, siempre y cuando los que manden a callar tengan turbante y lean el Corán.

Quizás este sea el punto de inflexión necesario para que la sociedad avance, que las personas estén por encima de cualquier religión, que el humor pueda superar cualquier barrera sin miedo a que un tiro en los sesos acabe con él. Puede ser el momento en el que las hermandades dejen de ser un lobby de presión en Sevilla, o no.

jes suis charlie

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