No sé como lo veían, pero ya hace años personas que me leían o escuchaban hablar de todo tipo de temas me decían “Es raro que no te guste el carnaval, seguro que te acabas aficionando”; y realmente, todas esas predicciones se han cumplido, se me ha metido ese veneno en la sangre y me he tirado de cabeza al “chintataratachín”.
El Graderío de la Catedral
Por compasión… ¡bórreme!
Mi compañía de telefonía móvil es una de estas que se anuncia en vallas y revistas, en la Fórmula Uno o en las competiciones de motos, o en ambas… Es una compañía que oferta miles de campañas, tarifas planas y descuentos, sólo pensando en mi beneficio. Tiene un color corporativo que me hace sentirme parte de algo, y sinceramente, no me cambio porque tengo miedo de que lo que me encuentre en este mercado sea igual o peor…
Felicidad, qué bonito nombre tienes
A veces me pregunto cuándo dejaré de replantearme mil cosas, cuando dejaré de cuestionarme tanto todo. Puede que no haya respuesta para eso, puede que no deje de hacerlo nunca.
¡Feliz falsedad!
Pues si, por si queda alguna duda, por si dos segundos después de leer el título de esto alguien aún no lo ha entendido lo digo claro: Odio la Navidad; y me temo que durante un rato la voy a poner como los trapos; absténganse de leer personas con buenos deseos en estos días, “cuelgapapanoeles” de cualquier sitio, “poneluces” profesionales y esa gente que se atreve a ponerse astas de renos en la cabeza, como si aquí viéramos muchos renos en alguna época del año.
La Transición de Pedro Altares
Leo en El País el artículo póstumo del periodista Pedro Altares, y casi me arrepiento de no haber hecho un pequeño esfuerzo por conocer a un hombre del que por amistad materna con su familia, siempre se habló en mi casa y como digo, no llegué a conocer como me habría gustado.Página 1 de 3
El Graderío de la Catedral









