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Jueves, 24 Mayo 2012

Portada: Opinión Helpsinki

Marta, ¿qué ropa me llevo?

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Cuando vamos a hacer un viaje lo primero que pensamos, directa o indirectamente, es qué tiempo hará. Da igual que sea un viaje corto, largo o indefinido, siempre se convierte en la gran incógnita del viajero. También fue una de las cosas que más me preocuparon a mí cuando supe que nos vendríamos a vivir a Helsinki, ¿me tendré que encapar cual cebolla o habrá una forma de no parecer una chica de gimnasio de ésas tan cachas que no pueden pegar sus brazos al cuerpo? Y, por supuesto, la pregunta que todos los que han venido a visitarme me han hecho: "Marta, ¿qué ropa me llevo?"

Andaluza por el mundo

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El jueves pasó. Un reportero de Andaluces por el Mundo se puso en contacto conmigo solicitando colaboración para un futuro reportaje desde Finlandia. Y la cosa no es que no me haga ilusión, sino que no considero nada de lo que hago aquí lo suficientemente interesante como para llenar treinta o cuarenta minutos de programa.

La sanidad en Finlandia

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Hace unos días estaba mirando mi correo electrónico y me llamó la atención uno de esos anuncios pequeñillos de Google que te salen a la derecha. En él se anunciaba una empresa formada por finlandeses que llevan 20 años residiendo en la Costa del Sol y que se ofrecen como enlace entre la población escandinava, concretamente la finlandesa, y los hospitales de esa zona malagueña en cuestión. Es decir, ofrecen a la comunidad nórdica la posibilidad de acudir a hospitales malagueños para tratar sus asuntos de salud y de cirujía estética.

Día de bandera

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Cada vez que he viajado con la compañía Finnair me ha encantado leer el artículo que mensualmente escribe el Ministro de Asuntos Exteriores finlandés, Alexander Stubb, en la revista Blue Wings. Alexander es un ministro joven, con ideas frescas y con mucho desparpajo para acercarse a sus lectores. Sus sencillos textos persiguen acaparar el interés por su país y mostrar aspectos de la vida finlandesa que de otro modo quizás no se te ocurriría indagar como, por ejemplo, el día que habló de la bandera nacional.

De vuelta

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El domingo regresé a Helsinki. Casi un mes en España que me ha sabido a casi nada. Es lo que tiene estar 5 meses fuera y volver a tu tierra, coincidiendo encima con las frenéticas fiestas navideñas: mucha gente a la que ver, las típicas compras con todo atestado de gente, cenas desmesuradas para celebrar las fechas señaladas, las correspondientes 'ITVs' médicas y sacar algo de tiempo para hacer fotografías. Pero no me puedo quejar. Vengo con las pilas cargadas y un chute de energía emocional que dan para otro rato lejos de todo aquello que añoro.
Aunque vaya tela con el recibimiento Helsinkiano. Cuando me fui, allá por el 22 de diciembre, todo estaba bien nevadito y las temperaturas rondaban los menos quince. Y nada más llegar, pongo un pie en la calle y por poco me parto la crisma. Sí, mucho menos frío, sobre cero, pero las calles eran auténticas pistas de patinaje, como nunca antes las había visto. Y encima, para arreglarlo, cayendo chirimiri, con el coraje que me da. Si tiene que llover, que llueva en condiciones, ¡hombre! Pero no esas minúsculas gotitas que ni chicha ni limoná. Y al día siguiente, cuando pensé que la cosa no podía ser peor, me encuentro con que las temperaturas siguen siendo altas (entendiéndose como alta la mínima que se pueda alcanzar en Sevilla un año de muucho frío) y que todo está enguachirrinnao, enfangao, encharcao y todas las palabras con g, ch y acabadas en ao que se os ocurran. Un asquito, vaya...
Es muy raro todo. Como os contaba hace un tiempo, este año el invierno se ha adelantado casi un mes y medio, ¿a qué vienen ahora estás temperaturas otoñales? Desde luego, si tengo que elegir, elijo frío, mucho, muchísimo si hace falta, antes que esto. Sobre todo con la cantidad de nieve que había ya, que lo único que hace es derretirse y convertir las calles en circuitos de rallyes.
Otro problema del deshielo, el mayor si cabe, son los carámbanos y la nieve que hay en los tejados de los edificios. Alguna que otra vez están señalizados, pero no siempre y hay que tener un cuidado monumental para no ser aplastado por un mazacote de tal envergadura y desde alturas considerables. Es decir, hay que andar por un terreno impracticable mirando todo el rato hacia arriba. Cómo para salir a pasear y a que te de el aire, así, por gusto...
Estos dos últimos días la cosa se ha normalizado un poco, aunque para ello hayan tenido que llenar la ciudad de máquinas excavadoras y camiones para recoger toda la nieve acumulada y toda aquella mezcla de hielo, agua y fango que hacía imposible caminar. Han dejado las calles peloncitas, se ven hasta raras sin tanto montículo por allí y por acá. Pero todo se hace mucho más llevadero ahora. Además parece que hoy ya empiezan a bajar otra vez la temperaturas y lo normal sería que ya se mantuviesen así, más o menos constantes, hasta que acabe el invierno.
Y por otro lado está la vuelta a la rutina, que ayuda a mantener cierto equilibrio sobre todo cuando el desorden precedido es mayor de lo acostumbrado. Vuelta al gimnasio, a las clases de inglés y eventos sociales varios que van sumiéndome nuevamente en el ritmo de vida que dejé al volver a Sevilla. Pero ha sido fácil, porque apenas me di cuenta de que me fui. De hecho, esta semana me ha venido varias veces a la cabeza la célebre frase de Fray Luis de León, “como decíamos ayer”, porque ayer mismo parece que estaba preparando las maletas para celebrar las fiestas con mi gente y hoy ya hace una semana que regresé.
Cómo pasa el tiempo.
Este año, como todo el mundo, tengo nuevos propósitos (bueno, y alguno que otro que se me ha venido quedando en el tintero...). Entre ellos está disfrutar al máximo, cada día, de esta experiencia que tengo la suerte de estar viviendo. Hace más de un año que estoy aquí y me parece increíble cada vez que lo pienso. Y, por esa regla de tres, pronto estaré de nuevo en España, así que debo aprovechar cada momento y compartirlo en la medida de lo posible.
Y pronto me sorprenderé pensando: “¡qué fuerte, estuve viviendo en Finlandia!”

El domingo regresé a Helsinki. Casi un mes en España que me ha sabido a casi nada. Es lo que tiene estar cinco meses fuera y volver a tu tierra, coincidiendo encima con las frenéticas fiestas navideñas: mucha gente a la que ver, las típicas compras con todo atestado de gente, cenas desmesuradas para celebrar las fechas señaladas, las correspondientes 'ITVs' médicas y sacar algo de tiempo para hacer fotografías. Pero no me puedo quejar. Vengo con las pilas cargadas y un chute de energía emocional que dan para otro rato lejos de todo aquello que añoro.

Vuelvo, a casa vuelvo ¡por Navidad!

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Desde hace ya un mes nos vienen recordando que diciembre es un mes de fiestas y celebraciones. Es como cuando en pleno agosto tenía que ver por todos lados anuncios de la vuelta al cole. Todos los escaparates de las tiendas, las luces que decoran las calles principales, las calles del centro abarrotadas de gente comprando compulsivamente y los mercadillos navideños. Pero  ahora ya sí que están aquí: dentro de pocos días será Nochebuena, al otro Navidad y una semana después cambiaremos de año.  Todo parece similar a lo que se cuece en Sevilla pero hay sutiles diferencias que marcan la tradición en la capital de Finlandia.

Helpsinki!, por Marta Comesaña en Sevilla Actualidad

Inmersión lingüística en Finlandia

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En Finlandia son dos los idiomas oficiales: el finlandés y el sueco. Los motivos de este bilingüismo son históricos ya que, hasta principios del siglo XIX, Finlandia fue una provincia sueca más pero cuando pasó a formar parte de Rusia, lo rusos hicieron co-oficial el suomi para restar influencia a los suecos. Actualmente, la comunidad suecoparlante de Finlandia representa alrededor de un 5% de la población de un país con tan solo 5 millones de habitantes.
Este es el aspecto general que no siempre se conoce fuera de sus fronteras. En mi caso, no fue hasta que empecé a informarme sobre el país en el que viviría, cuando descubrí que el sueco coexistía con el que creía único idioma oficial. Pero claro, si te remites a la historia tiene todo el sentido.
Pero no todo es así de sencillo. El país en sí mismo es bilingüe pero la Ley Finlandesa sobre el Idioma, publicada en 1922, presupone que ambas lenguas pueden funcionar como mayoritaria o  no dependiendo de dónde y cómo se usen. La norma dice que un municipio usará un idioma como preponderante si la población que habla el otro idioma no supera el 8% del total o no superan en número los 3000 habitantes. En caso contrario, se considera bilingüe.
Para que se entienda un poco mejor: Helsinki tiene como oficiales los dos idiomas, lo que significa que toda la documentación e información oficial debe ser expedida en ellos dos, como por ejemplo, los rotulos de las calles, las paradas de tranvías, los formularios de una oficina de empleo... Sin embargo, aquellos lugares declarados monolingües deben preservar el derecho de todos los ciudadanos a comunicarse en su idioma por lo que, si un suecoparlante llega a un municipio donde la lengua mayoritaria es el finlandés, se encontrará en su ayuntamiento con formularios oficiales solo escritos en ese idioma, pero tendrá que haber alguien en dicho lugar que lo atienda en sueco.
En las escuelas uno u otro idioma será el preponderante (es decir, en el que se enseñe matemáticas, física o literatura) pero los alumnos deben acreditar unos conocimientos mínimos del otro para obtener la certificación académica correspondiente.
Pero lo que se me hace realmente interesante es trasladar toda esta infraestructura lingüística al caso español: ¿cómo se llevaría a la práctica que el gallego, el euskera, el catalán o el valenciano conviviesen co-oficialmente, a nivel nacional, junto al castellano? Según el modelo finlandés, habría municipios vascos que sólo estarían obligados a realizar sus comunicados en euskera,  alguien de Tui (Pontevedra) estaría en su derecho de hablar en gallego en el ayuntamiento de Alcantarilla (Murcia), no habría obligación de hacer exámenes en catalán para poder trabajar en la Generalitat y una familia de Soria que se trasladase a un pueblo de Lérida tendría derecho a que sus hijos dieran clase en español si en ese pueblo se superara el citado 8%, y la obligación de que estos niños acreditasen un mínimo nivel de valenciano. Es decir, cada uno tendría derecho a usar su idioma en todo momento y éste no se supondría una traba para quien no lo dominase.
Sería fantástico que en España pudiese funcionar algo así. Pero claro, a estas alturas de la vida, en un país de 46 millones de habitantes y con un idioma materno común que convive de forma cooficial con otros cuatro en distintas comunidades autónomas, se presume imposible.
Volviendo a Finlandia, la región autónoma de Åland, que está formada por un conjunto de islas situadas en el Báltico goza de unos privilegios especiales que no tienen el resto de regiones del país. Esto es debido a que durante la lucha por la independencia sus habitantes preferían unirse a Suecia, entre otras cosas porque en su gran mayoría eran suecoparlantes.  Pero en 1921 el Consejo de la Liga de las Naciones adjudicó a Finlandia la soberanía de Åland, con la condición de que dispondrían de un alto nivel de autonomía, tanto a nivel político, como cultural. Así, el único idioma oficial es el sueco, hablado por el 94% de la población como lengua materna y tienen, entre otras, la facultad de poder emitir sellos propios y matrículas de coches distintas a las del resto del país. Además, Åland acude al Consejo Nórdico con una delegación propia, vaya, como si en una reunión de países del Meditarráneo el representante catalán se sentase junto al español.
El último estatus lingüístico que se ha realizado en Finlandia (se actualiza cada diez años) determina que, de un total de 460 ayuntamientos, 395 son de lengua finlandesa y 21 de lengua sueca, de los cuales 16 están en las islas del archipiélago de Åland.
A pesar de que este modelo de convivencia lingüística tiene puntos en contra, como el elevado coste económico y el enorme esfuerzo social que conlleva mantenerlo, actualmente prima sobre ello el sentimiento por parte de ambas comunidades de pertenecer a una misma nación aunque históricamente haya habido tantas discrepancias al respecto.

En Finlandia son dos los idiomas oficiales: el finlandés y el sueco. Los motivos de este bilingüismo son históricos ya que, hasta principios del siglo XIX, Finlandia fue una provincia sueca más pero cuando pasó a formar parte de Rusia, lo rusos hicieron co-oficial el suomi para restar influencia a los suecos. Actualmente, la comunidad suecoparlante de Finlandia representa alrededor de un 5% de la población de un país con tan solo 5 millones de habitantes.

Frío, nieve y mar congelado

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Este año el frío tenía prisa por aparecer, tras un verano más caluroso de lo normal en Helsinki y un otoño corto pero con temperaturas bastante agradables. El invierno se ha adelantado nada menos que un mes y ya en noviembre se han registrado mínimas similares a las que se dieron durante todo el invierno pasado. Y, como es obvio, una manta de nieve recubre ya, desde hace un par de semanas, todo el centro de la ciudad, todo Helsinki, todo el país.
Antes de vivir en Finlandia había visto nieve alguna vez en Granada, pero nevar, lo que se dice nevar, solamente una vez. Fue en Constantina, en la Sierra de Sevilla, un fin de semana de enero que me escapé con unos amigos. Recuerdo que disfruté como una enana y fue solo hace cinco años.
Éste es mi segundo año aquí y sigo alucinando con todo. La nieve me encanta y, sin necesidad de tener que coger el coche y viviendo cerca del centro, con todo cerca, es un lujo poder disfrutar de ella. Además ilumina todo de una forma extraordinaria y esto, en días que apenas duran 6 horas, se agradece. Es cierto que en ocasiones puede ser bastante engorrosa pero todos están de acuerdo en que prefieren inviernos así: más frío, más nieve, más luz.
Porque nos cuentan que los inviernos en Helsinki solían ser oscuros y lluviosos, con poca nieve. Y el mes de noviembre, el más difícil de llevar con diferencia. Yo siempre que había pensado en Finlandia lo había hecho imaginándomela blanca, como una estampa navideña. Pero claro, no todo en Finlandia tiene que ser así y Helsinki precisamente está al sur del país y a nivel del mar, así que esto que dicen no debería sonar raro. Pero a mí si que me suena, porque lo que he tenido la suerte de experimentar desde que vivo aquí es esa imagen de postal que a todos se nos viene a la cabeza cuando pensamos en este lugar. En cuanto al mes de noviembre, obviamente el año pasado fue estupendo para nosotros. Acabábamos de aterrizar el día dos y ni siquiera recuerdo qué tiempo nos hizo. Daba igual, estábamos emocionados con la nueva aventura que nos tocaba vivir. Sin embargo éste si que lo noté. Las dos primeras semanas de noviembre las horas de luz disminuían muchísimo, se notaba la diferencia cada día y fueron tal y como ellos nos contaban: todo se veía apagado, oscuro, sin vida... Pero, ¡sólo fueron esos días! El frío, como os cuento, llegó y la nieve ha hecho que ya me haya olvidado de la melancolía que me invadió durante esos momentos.
Y tanto frío. Tanto frío llegó que el mar se ha congelado hasta donde alcanza la vista. Si me preguntan cuál es la cosa más asombrosa que he visto aquí, no cabe duda de que es ésa. Se congela con tal grosor que se puede caminar sin miedo sobre él. Y correr. Y saltar. Incluso más al norte del país la gente viaja en coche hasta Suecia, atravesándolo. Cerca de la ciudad, algunos aprovechan para hacer 'cross country', que viene a ser como el senderismo pero con esquíes.
En Helsinki hay saunas en cabañas de maderas situadas cerca de la orilla para poderse dar un chapuzón entre sauna y sauna. En verano tiene que ser divertido pero lo extraordinario es que es en invierno cuando ves a más gente que lo practica. Tienen preparado un gran agujero en el agua congelada al que se accede por unas escaleras de madera. Colocan además un motor bajo el agua que la mantiente en movimiento y evita que esa parte de mar se congele. Y allí te ves a todos, en bañador, saliendo de la sauna a la interperie para refrescarse en aguas gélidas. Yo aún no he probado la experiencia pero, vamos, me gustaría que no pasase de este año sin hacerlo. Sólo de pensarlo ya me entran escalofríos...
Antes de que el agua del mar empiece a congelarse, todos los barcos pequeños son sacados a la superficie. Los únicos barcos que navegan en invierno son los ferrys, que mantienen las islas principales conectadas con la ciudad. y aquéllos más grandes que llegan hasta Suecia o Rusia y que salen cada día.  Aún así, necesitan la ayuda de un 'rompehielos' que les abra paso.
Y tanto frío, pero se lleva bien. Tanto que es curiosa la conversación que tuve el otro día con mi madre:
"bueno, y ¿qué tal?, ¿sigue haciendo tanto frío?"
"¡qué va!, han subido otra vez las temperaturas"
"¿Cómo que han subido?, ¿pero tanto?, si yo miro cada día el tiempo ahí y debéis estar congeladicos.
"Sí, sí, han subido un montón, estamos a -5 más o menos, no hace nada de frío...
Parece de broma, pero eso le dije. Y es verdad. Hemos estado varios días entre -15º y -20º y, en cuanto suben algo las temperaturas, se nota muchísimo. Además es curioso, porque si te asomas a la ventana y el día está azul con el sol fuera, ya sabes que te tienes que abrigar incluso más que cuando está nevando.
Y es que no me canso de decirlo: será en Alcalá de Guadaíra, estas Navidades, cuando yo sufra los primeros tiritones. En Sevilla las casas no están acondicionadas y parece que el frío se te meta más en los huesos, no sé, es más húmedo.
Y si no, al tiempo.

Este año, el frío tenía prisa por aparecer tras un verano más caluroso de lo normal en Helsinki y un otoño corto pero con temperaturas bastante agradables. El invierno se ha adelantado nada menos que un mes y ya en noviembre se han registrado mínimas similares a las que se dieron durante todo el invierno pasado. Y, como es obvio, una manta de nieve recubre ya, desde hace un par de semanas, todo el centro de la ciudad, todo Helsinki, todo el país.

Suicidios en Finlandia: desmontando un mito

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A todo el mundo nos encantan las estadísticas. Nos ayudan a mantenernos informados sobre cómo piensa, vive y se relaciona la gente y a establecer unas coordenadas en la realidad que nos rodea. El problema es cuando el objeto de estudio es relevante y de interés público y los datos, o no se actualizan, o no nos molestamos en actualizarnos nosotros mismos. Entonces se afianzan leyendas urbanas como que Finlandia es el país del mundo donde más suicidios ocurren. Y esto hace ya varios años que dejó de ser cierto.

Una de cal y otra de arena

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La semana pasada os contaba lo que me indigna la situación de mi país sobre todo ahora, viviendo en Helsinki, porque veo que otra realidad es posible. Pero, para qué engañarnos, no todo es de color de rosa y estos finlandeses son, para algunas, azul marino tirando pa´negro. La última: una amiga convertida en 'homeless' porque la Policía y un cerrajero jugaron a pasarse la pelota.
A mi me lo estaba contando y no daba crédito. Pobre. Entre bostezo y bostezo intentaba darle algún sentido a la historia. Pero la historia carecía de lógica alguna.
Y, vale, que se podía no haber dejado sus llaves de la casa dentro, eso ya lo sabemos todos. Pero se las dejó. Seguramente si se hubiera levemente imaginado la que se montaría y que terminaría (no) durmiendo (nada) en casa de la vecina esa noche, se lo habría pensado mejor antes de encajar la puerta. Y, seguramente también, no le pasará más viviendo en este país de absurdos.
Muchas veces son tan políticamente correctos aplicando un protocolo de actuación que si algo en el camino se desvía, '¡meeec, error, error en el sistema!' y todo se colapsa.
El problema en España sería únicamente soltar una pasta gansa al primer cerrajero que llamases. Porque explicaciones te pedirá pocas, ¡qué más dará si es tu casa o no, cuando en cinco minutos me gano cien pavazos!
¿Y qué pasa en Finlandia? Pues que llamas al cerrajero y te dice: “perdona, pero no me consta como que estás viviendo ahí, no puedo hacer nada”. Esto..., ¿cómo?, ¿y dónde te tiene que constar?, ¿estoy llamando a un cerrajero...?
El contrato de alquiler está dentro de la casa, como es obvio. Pero el chico, un profesional como la copa de un pino, le dice que no tiene autoridad para tomar la decisión de abrir la puerta y que tiene que llamar a la Policía. Y lo cierto es que, hasta aquí, bien podían aprender algunos.
¿Y qué dice la Policía? Pues que tampoco pueden actuar sin que les llame el cerrajero en cuestión desde el lugar de los hechos.
Aquí y ahora empieza el bucle infinito. El error en el sistema, el colapso: ¡la hecatombe!
“Ni hablar, si la Poli no va, yo tampoco”
“Sr. Poli, Sr. Poli, ¡mira lo que dice éste!”
...
Pero vamos a ver, señores, que no se trata de cerrajero versus carpintero, o herrero, o lo que quieran acabado en -ero. Que no. Que sois la Policía, el Cuerpo de Policía. Por lo menos un 'acercaos hasta allí', ¿no?, ¡qué sois la autoridad, leches!! (con las veces que nos sueltan eso en España, como para no saberlo...)
Y a esto que, después de marear la perdiz entre llamada y llamada, la Polícia accede a personarse. “Hombre, no se va a quedar la chiquilla en la calle esta noche porque no seamos capaces de entendernos...”
¡Coño, menos mal, un poquito de coherencia!!
Coherencia. En finlandés, johdonmukaisuus. A tomar por culo la bicicleta, con una palabra así es imposible ser coherente en este país. Parece que te estuviesen diciendo, ¿quieres coherencia?, ¡pues te jodes!
El caso es que la Policía no se presentó (¿?), pero sí lo hizo el cerrajero (¿?¿?). Se limitó a bajar la ventanilla y soltar un: “lo siento, no puedo hacerlo”, como si tuviese que matar a alguien o estuviese a punto de ponerle los cuernos a su mujer. Chico, qué sólo tienes que abrir una puerta y, mira qué casualidad, ¡ese es tu trabajo! No doy crédito. ¿Y va hasta allí para decir que no puede hacerlo? Muy educado el gesto de personarse, gracias, pero en serio, ¿eso es todo?, ¿para que vienes entonces?
Mira, hacemos una cosa buen hombre. Ya que has venido me abres la puerta y cojo el contrato. Cierras la puerta. Te lo enseño. Lo ves, lo miras, lo revisas, te lo aprendes, te lo estudias de memoria,
¡¡y me dejas entrar de una puñetera vez en mi casa!!
Sí. Digo, no. El tío iba ya por Umbrete...
Vamos, que la chica (no) durmió (nada) en casa de la vecina, que era toda finlandesa ella y vivía con sus cuatro hijos, los cuales se tuvieron que reagrupar esa noche para dar paso a la inesperada huésped.
Quizás esto sea un ejemplo demasiado excéntrico, de hecho lo es. Pero permite hacerte una idea de  cómo suceden a veces las cosas aquí y la imposibilidad que existe de romper ciertos códigos bajo ningún concepto. Los finlandeses son, por lo general, gente muy eficiente, sobre todo cuando se les plantea hacer tareas específicas y dentro de su competencia. Todo aquello que no esté claramente definido o esté al margen de los límites establecidos, puede dar lugar a situaciones tan extravagantes como ésta.
Afortunadamente para todos, que un extranjero viviendo de alquiler se deje las llaves dentro de casa y las copias las tenga su casero que vive cerca de Laponia, no es algo que tampoco suceda muy a menudo.

La semana pasada os contaba lo que me indigna la situación de mi país sobre todo ahora, viviendo en Helsinki, porque veo que otra realidad es posible. Pero, para qué engañarnos, no todo es de color de rosa y estos finlandeses son, para algunas, azul marino tirando pa´negro. La última: una amiga convertida en 'homeless' porque la Policía y un cerrajero jugaron a pasarse la pelota.

Así de simple

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Que una sociedad funcione y las relaciones entre los individuos del conjunto se desenvuelvan en un ambiente de buena armonía, suele venir acompañado de buenos modales, educación y civismo. Y a los finlandeses se les puede tachar de muchas cosas pero nunca de no ser respetuosos, tanto con el prójimo, como con el bien ajeno. Y no estamos hablando de deberes ni obligaciones que cumplir, es algo innato, natural, aprenden que es lo mejor desde pequeños y lo asimilan como una pauta más de conducta. Por ejemplo, es tan fácil como que si le preguntas a un finlandés el porqué aquí las cosas no 'desaparecen como por arte de magia', te responderá: “es curioso, esa es una pregunta que sólo nos hacéis españoles y sudamericanos”. Cualquier otra respuesta habría dolido menos, nos tienen fichados...

Solo se trata de diseño

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Hace un par de días leía como IKEA, una conocidísima firma de mobiliario y decoración sueca, abrirá una nueva sede en Sevilla y dará trabajo a unas 4000 personas. El diseño escandinavo está de moda y esta noticia, en tiempos de crisis, no hace más que confirmarlo.  Y también lo confirma la elección de Helsinki como Capital Europea del Diseño en 2012.

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