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De sillas, conceptos y personas

Vivo en un barrio de modernos y modernas, cierto, pero quiero hacerlo, además, en un barrio cómodo.

No es la primera vez que me ocurre en el barrio. Las mesas, las sillas, los platos, parecen sacados de las casas de varias abuelas de distinto gusto pero época compartida. Por supuesto los duralex ámbar traslúcido son de mejor calidad (sí, eso es posible, estamos en 2014), la incómoda silla de asiento estilo panal (las que te dejaban las piernas marcadas a circulitos) huele a barniz y la aparente remezcla y “despareje” de elementos quedan infinitamente mejor que cuando invitas a comer a más gente de la cuenta y empiezas a sacar platos antiguos.

Hasta aquí bien, hay un estilo de decoración cuyo nombre desconozco (¿retro?) pero que no sólo resulta estético, agradable, confortable por lo conocido pero innovador por la combinación de elementos; sino que también ha sido todo un éxito: apenas queda un bar en mi barrio donde las sillas no tengan pinta de haber salido de la posguerra y todos los platos de la mesa se parezcan. En esos sitios se sirve buena comida, buen vino y ahí es donde yo habito y disfruto.

Ahora, con lo que no puedo estar más en desacuerdo es con que por encima de las personas esté la decoración, “el concepto”, le llaman. Me ha pasado que ante la solicitud de cambiar un asiento por otro más confortable la respuesta ha sido no, “porque varía entonces el concepto”.

Vayamos por partes, la circunstancia es que unos comensales entre los que uno o una tiene un problema en sus posaderas necesita un cojín mullidito (de la oferta en existencia a nuestro derredor) para pasar con comodidad el próximo rato. Además, en el restaurante hay variedad, con lo cual además de las sillas de madera y las de agujeritos en panal, hay otros, tipo butaca, con el culete acolchado. Pero, aquí viene mi desacuerdo mayúsculo, no podemos cambiar una de las sillas de nuestra “composición” por la de la mesa de al lado porque “es el concepto”.

¿Es que los conceptos están por encima de las personas? ¿Desde cuando? ¿Por qué? ¿De qué conceptos hablamos? Que yo sepa no nos referimos a Hamas y el Estado sino a una silla más o menos cómoda y, en todo caso, a un valor estético por encima de una necesidad humana.

Me da que de tanto ascender en la pirámide de Maslow se nos está yendo la cabeza y no querer cambiar una silla en pro de un concepto me reafirma en mis divagaciones.

#máspersonasymenosconceptos

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Belén Zurbano

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