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sara iglesias 180216
Mente sana

Adictos a la procrastinación

¿Y si antes de empezar lo que hay que hacer… empezamos lo que tendríamos que haber hecho? Con esta frase de una viñeta de Quino comenzamos el artículo de esta semana que ilustra a la perfección el tema que trataremos.

“Anota cualquier cosa que te distraiga y te dejarán de distraer cuando estas productivo”

-Steven Corona-

Nadie, absolutamente nadie, está exento de sufrir procrastinación en infinidad de momentos de su vida. Es genéticamente innato en el ser humano. La definición más acertada de procrastinación puede ser ‘la tendencia a posponer las cosas que tenemos que hacer’.

Algunas de estas tareas pueden ser: lavar los platos, estudiar para un examen el día de antes, comenzar una dieta y terminar comiendo un menú completo en el Burger King, comprar un juego de pesas para hacer ejercicio y acabar viendo la televisión… Aplazar algunas de ellas puede tener efectos negativos a corto plazo y otras tienen menos importancia, pero a largo plazo pueden suponer un inconveniente.

No pasa nada si un día no friegas los platos, o si no estudias, o si no sales a correr o si no comienzas la dieta. El dilema lo encontramos en si esas tareas se prorrogan días, meses o años. Perdemos la noción de cuánto podríamos haber avanzado en nuestro objetivo si le hubiéramos dedicado un poco de tiempo diario, sin posponer las tareas. Se trata de algo que no nos deja conseguir todo lo que quisiéramos.

Procrastinamos por genética. Somos hedonistas, buscamos el placer y aquello que nos provoca bienestar. Es por ello que aplazamos o evitamos aquellas actividades que conllevan un esfuerzo. Pero el hecho de que sea algo genético, no implica que no podamos cambiarlo. Para evitar procrastinar nuestras tareas, el primer paso es conocer qué es lo que nos perjudica para prevenirlo y qué es beneficioso para nosotros para dedicarle el tiempo adecuado.

Cuando posponemos algo, estamos escogiendo hacer lo que nos apetece en lugar de escoger hacer lo que deberíamos. No puedes predecir cuándo va a llegar el momento de la tentación, pero llega y, como no tienes nada planeado, caes en ella. Siempre tendemos a escoger lo que vamos a disfrutar ahora en lugar de lo que vamos a disfrutar más tarde. Por ejemplo, es probable que si nos ofrecen 50 euros ahora o 100 en un año, escojamos la primera opción.

Un punto fuerte para dejar de procrastinar es ser conscientes de que lo haremos. Si sobrestimamos nuestra capacidad para gestionar el tiempo o conseguir nuestros objetivos, fracasaremos, porque no desarrollaremos técnicas ni estrategias para afrontar nuestras debilidades.

También podemos poner en práctica varias tácticas que nos ayudarán a retrasar menos las tareas, dar primacía a aquellas que lo necesiten y gestionar mejor nuestro tiempo:

1. Prioriza. Es importante que sepamos que actividades son las urgentes/importantes. Estas son las primeras que tenemos que atender y terminar, por lo tanto tendremos que enfocarnos en ellas. Para ello es bueno que:

2. Planifiques. Planificar es organizar de forma estratégica qué tareas tenemos que hacer para cumplir un objetivo. Esa planificación puede ser anual, mensual, del día a día, incluso de horas. Una de las formas de planificar más sencilla y más efectiva es haciendo una lista de las tareas a terminar. Por ejemplo: revisar correos, presentar informe, llamar a Iván.

Al mismo tiempo, también podemos hacer una lista de aquello que no debemos hacer: no abrir facebook, no mirar Whatsapp.

3. Fijar un límite de tiempo. Ponernos límites para finalizar las cosas ayuda a centrarnos en la tarea. Por ejemplo: “tengo una hora para terminar el informe”.

4. Piensa en la recompensa/Ponte una. Si pensamos que vamos a estar todo el día trabajando, nos será mucho más pesado todo. Si hemos seguido el punto anterior, habremos puesto un límite a nuestras tareas y nos será más sencillo ver el fin. Es recomendable que nos fijemos una recompensa si terminamos todo lo que teníamos que hacer. Eso nos ayudará a ser conscientes de que al final de todo el esfuerzo, habrá algo placentero.

Si conseguimos no ser tan procrastinadores, disfrutaremos de menos frustraciones y conseguiremos resultados mejores y más rápidos en los objetivos que nos marquemos.

Sobre el autor

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Sara Iglesias

Nacida en Aracena, Huelva, siempre ha estado muy vinculada a la ciudad de Sevilla y su idiosincrasia particular. Se instala en ella hace nueve años para formarse como educadora en lenguas extranjeras. Actualmente, está especializada en Coaching Social para la Motivación y los procesos de Cambios.

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