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Lo que nos hace humanos

Nosolosomos

Andando por la calle, hablando por teléfono, compartiendo casa, trabajo, vivencias, coincidiendo en un ascensor, en una tienda, en la cola de algún supermercado, escuchando gritar, o hablar, viéndolos pasar en coche, o en autobús, o en bicicleta, oliéndonos, tocándonos e incluso saboreándonos.

Tenemos miles de contactos con personas de las que sólo sabemos su exterior o lo que desprende su personalidad y somos capaces de percibir a través de nuestros cinco sentidos, pero no tenemos una idea precisa de la gente, aunque cualquiera de ellos fuese extremadamente conocido para cada uno, aunque se tratase de un compañero de trabajo, un amigo de toda la vida, cualquier familiar o incluso unos padres.

El hombre desagradable en la ventanilla de un banco o de cualquier administración podría haber llegado a ser un deportista de élite, querido por la afición, admirado por sus fans. La cantante con éxito que es envidiada por los jóvenes adolescentes podría estar hoy día en la cola del paro. El exitoso empresario que sale de la puerta de su casa directamente al coche conducido por su chofer particular, sin necesidad de contacto con la plebe, podría haber nacido en cualquier otro lugar, quizá en una simple casa más a la izquierda, y anhelar el contacto humano que hoy desprecia al estar sufriendo el abandono y el olvido de las mismas personas que ayer constituían su inabarcable cartera de clientes. El vagabundo que está sentado en la avenida, con barba larga, con un perro, con cartones y mantas, que pasa las noches al raso, podría haber sido un corresponsal de prestigio que cuenta sus vivencias en algún periódico, que escribe libros, que es envidiado por todos por conocer medio mundo cuando el resto conocemos sólo nuestro barrio.

¿Cómo percibiríamos a la gente si supiésemos no sólo lo que son, sino lo que podrían llegar a ser, o lo que habrían sido si sus circunstancias hubiesen sido otras? ¿Cómo las consideraríamos si supiésemos las razones de por qué eligieron una cosa y no otra, o si fuésemos conscientes que su único fallo fue no estar en el lugar indicado ni en el momento preciso?

No somos sólo lo que somos. Nosolosomos. Somos mucho más. Somos lo que somos ahora, y lo que seremos mañana, y, también, lo que fuimos ayer. Somos un espermatozoide entre millones que logró fecundar un óvulo en medidas de espacio y tiempo equivalentes a micrómetros y milésimas de segundos, y que por simple azar podrían haber permitido dar como “vencedor” a otro espermatozoide. Somos lo que podríamos ser. Lo que seremos. Lo que habríamos sido si hubiésemos elegido otras opciones. Lo que seríamos si nos hubiésemos ido, o si nos hubiésemos quedado. Lo que seríamos contigo, o sin ti. Lo que seríamos si hubiésemos dicho “sí”, o si nos hubiésemos decantado por el “no”. Lo que seríamos si hubiésemos seguido este camino, o si hubiésemos elegido éste otro. Tengamos eso presente a la hora de despreciar a cualquiera. Sólo llegamos a ser lo que nuestras circunstancias nos permiten. Yo estoy donde estoy, tú estás donde estás y él está donde está, pero el orden podría haber sido distinto si las condiciones hubiesen sido otras.

Sobre el autor

Eduardo Parody

Biólogo de formación con filósofa deformación, escritor, autor de la novela 'La soledad del escribido' y del blog 'Mi Mundo Descalzo', ha sido infectado por dos moscas ciertamente peligrosas: una, no le permite dejar de viajar; otra, no le permite dejar de escribir.

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