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Lo que nos hace humanos

“Declaramos la paz a…”

Analizando la masacre de Gaza, o cualquiera de las guerras que se están iniciando ahora, vuelvo a constatar la estupidez del comportamiento humano, despreocupado ante una situación que resulta cuanto menos una barbarie de magnitudes increíbles.

Sentados en el sofá una reportera nos cuenta por enésima vez desde un paisaje asolador, habiendo asumido que habla frente a una audiencia sorda y ciega ante la injusticia, que lo que toca ahora, como siempre en todas las guerras, es la reconstrucción del lugar. Destruir y matar para luego construir y enriquecernos. Otra vez.

Hagamos un profundo ejercicio de imaginación. Pensemos en los miles de millones de euros o dólares que se gastan en cada guerra, e intentemos imaginar que en lugar de movilizar con ello soldados, tanques y material bélico a otros lugares lejanos, que servirían para matar a personas que no nos han hecho nada y aumentarían la desconfianza de los ciudadanos de esos países hacia nosotros, lo que hiciésemos fuese movilizar médicos, profesores, científicos, escritores, músicos, artistas, cultura y salud en general, con el objetivo de desarrollar el país de destino, un desarrollo intelectual, médico y científico masivo.

Imaginemos qué ocurriría si el gobernante de turno en lugar de decir “como no haces con tu pueblo lo que yo quiero que hagas entonces voy a destruirte” dijese “como no haces con tu pueblo lo que yo quiero que hagas entonces voy a construirte”. Imaginemos planes gigantescos de ayuda al desarrollo, de mejoras sanitarias y de la alimentación, de educación, de avances científicos, en esos lugares que denominamos el tercer mundo, que históricamente nos han servido para expoliarlos y enriquecernos, y donde frecuentemente tienen lugar los disparos de las armas que fabricamos en nuestros países.

Al llevar a cabo una declaración irrevocable de paz en lugar de la clásica declaración de guerra, lograríamos no sólo frenar las muertes por guerra, por hambre, o por enfermedad, no sólo evitar la destrucción de ciudades y pueblos enteros, no sólo educar a la población y dotarlas del conocimiento necesario para sobrevivir sin ser engañado y lograr, por ellos mismos, derrocar mediante la palabra a los que los oprimen, no sólo dar a conocer toda esa cultura oculta existente en esos países, no sólo cultivar las condiciones que permitan su propio desarrollo, sino que sería el comienzo para erradicar las diferencias entre nuestros países y los suyos que provocan la llegada de inmigrantes que a tantos asustan, sería el inicio de unas relaciones comerciales y laborales justas y ventajosas para ambas partes, y se evitaría el resurgimiento de las enfermedades contagiosas que a otros tantos aterran.

¿Es que resulta tan utópico? ¿Es verdaderamente imposible declarar la paz? ¿No sería envidiable para el resto de habitantes de otros lugares pertenecer a un país que llevase a cabo esta revolución? ¿No sería contagioso? ¿No querrían otros países imitarlo? ¿No lucharías porque lo que se extendiese fuese el Bien, y no el Mal? ¿No estás cansado de que te repitan una y otra vez, directa o indirectamente, que el hombre es un lobo para el hombre, que el ser humano es vil y egoísta por naturaleza, y que no hay nada que pueda evitar que se extienda y conquiste todos los rincones de la Tierra de manera destructiva?

ÚLTIMA HORA – “Desde este preciso momento declaramos la paz al Estado Islámico. En los próximos días movilizaremos una cantidad impresionante de médicos, profesores, científicos, cooperantes, escritores, filósofos y pensadores portando lo último en tecnología médica, científica, formativa, educativa, creativa, logística y discursiva.

La operación se iniciará en la capital e irá avanzando desde allí hacia el resto de ciudades y pueblos, cuidando, educando y atendiendo a los habitantes que han sido abandonados por sus gobernantes. No descansaremos hasta lograr nuestros objetivos: que nadie tenga tan poca formación que pueda ser engañado, que nadie tenga tan poca salud que pueda perder la vida, que nadie tenga tan poco dinero que tenga que arrastrarse o venderse a sí mismo”. (Declaraciones de un Gobernante de cualquier país poderoso, mañana).

Sobre el autor

Eduardo Parody

Eduardo Parody

Biólogo de formación con filósofa deformación, escritor, autor de la novela 'La soledad del escribido' y del blog 'Mi Mundo Descalzo', ha sido infectado por dos moscas ciertamente peligrosas: una, no le permite dejar de viajar; otra, no le permite dejar de escribir.

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