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La vuelta de tuerca

Donde se esconden los modales

Ser educado no está de moda. Los ‘por favor’ o ‘gracias’ se han vuelto expresiones en un desuso tal que es curioso cómo te miran cuando algunas de estas dos expresiones de cortesía salen de tu boca.

Será que está sobrevalorado esto de los modales, que las prisas nos tienen tan absorbidos que cuesta sacar 5 segundos de nuestro maravilloso tiempo para mostrase agradecido o pedir disculpas.

Pero hay entornos, como el laboral, en los que las formas no deben perderse. No es lo mismo que Fulanito te mande a hacer una cosa imperativamente a que lo haga revestido de pleitesía. Igualmente el trabajo será tedioso, pero la actitud con la que se enfrenta la tarea es otra muy distinta. Es cuestión de saber pedir las cosas y de ser inteligentes al hacerlo.

Pasa igualmente con los saludos. ‘Buenos días’, ‘buenas tardes’, ‘hasta luego’, etc., ¿es que acaso nos cobran por palabras? Por las mañanas en la oficina una a veces duda entre si lo que tiene delante son personas o maniquíes que a duras penas pueden articular sonidos inteligibles. Y eso el que al menos lo intenta.

Otro sitio fundamental para mostrar nuestro civismo es la calle. En el lugar por excelencia de todos, pasear o montar en autobús se han convertido en un ejercicio de supervivencia. Raro es respetar la cola de espera en la parada del bus, no entrar a empujones o ver ceder los asientos a las personas mayores. Ayer mismo ayudé a una señora a bajar un carrito de bebé y se le iluminó la cara de agradecimiento.

No cuesta tanto ser amable ni es cosa trivial el no serlo.

¿Y qué decir de la educación al volante? Nos subimos a esos monstruos plateados y nos creemos que en lugar de vehículos manejamos Transformers todopoderosos preparados para una batalla ficticia.

Tras el volantes nos sentimos fuertes y propinamos improperios que a ras de suelo ni imaginaríamos conocer. Y al aparcar, ¡ay, Dios mío!, la calle es totalmente nuestra. El concepto ‘parada’ lo llevamos al límite: parada de 10 minutos, de 20, de 50… y así hasta que nos dé la gana. Si tienes que sacar tu vehículo obstaculizado por una de estas ‘paradas’, tendrás suerte si el conductor está dentro y no te fulmina con la mirada. Si no, tendrás que ir a buscarlo a dónde te diga un papelito que estratégicamente se coloca en el parabrisas y que parece eximir de toda infracción y responsabilidad.

Con todo el apuro, tendrás que ir a localizar a su conductor con una vergüenza que él no conoce y entre un ‘por favor’ y varios ‘gracias’ buscarás un ‘disculpe’ que nunca llega.

He llegado a la conclusión de que los modales deben ser como las horquillas del pelo: deben estar en una dimensión paralela que nadie sabe dónde localizar, pero que debe existir, porque por más horquillas que compro nunca las encuentro tras su uso, y lo mismo me está pasando con mis modales.

Por cierto, muchas gracias por leerme.

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María José Santos

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