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german jimenez 060216
La Sevilla Moderna

Corrupción o barbarie

Perdonad que no me haya pasado por esta columna últimamente pero es que ando asustado. Desde las elecciones de diciembre, cuando enciendo mi ordenador, noto a la gente preocupadísima porque nos empiecen a gobernar quienes NO deben, y algo se me ha pegado. También he estado viendo muchos vídeos y fotos en donde Pablo Iglesias y compañía hablan de quemar iglesias, decapitar al rey, chuparle un huevo a un bolivariano y esas cosas que suelen hacer los rojos. Y yo, que he estado a punto de votarles, me he sentido muy culpable.

Lo he pasado tan mal que, incluso, he llegado a plantearme emigrar, aunque eso no tuviese ningún sentido porque ya llevo más de un año trabajando fuera de mi tierra. Ha sido demasiada la presión y supongo que, por eso, ayer tuve una pesadilla que me traumatizó. Soñé que, después de intensas negociaciones, Pablo Iglesias terminaba de presidente y que España, como resultará lógico al lector más avispado, se hundía.

Las primeras sorpresas vinieron en el mismo momento en que los miembros del nuevo gobierno prometieron sus cargos. Fiel a sus costumbres, el flamante presidente le regalaba al monarca la temporada 29 de Los Simpsons; imperdonable. Ese mismo día, se descubría que el ministro de Defensa, el general de Zaragoza, era accionista de una empresa que vendía armas a Venezuela y que el de Medioambiente, el bueno de López de Uralde, tenía participaciones en petroleras.

A los pocos meses saltaba a la luz un caso de financiación ilegal terrible. Al parecer Ahmadineyad, Maduro y Joan Manuel Serrat habían estado nutriendo una caja B con la que la cúpula del partido había recibido sobresueldos. El sueño llegó a su punto más absurdo cuando, en el curso de la investigación, la policía entraba en la sede central del partido y se encontraba con que los disco duros habían sido destruidos. De coña. Al año o así, Compromís era desarticulada como si de una banda mafiosa se tratase, después de haber usado la organización para blanquear dinero. Imputaron a todos los altos cargos de la coalición menos a Mónica Oltra, que llevaba ya algún tiempo protegida en el Senado.

Para rematar el ridículo, Manuela Carmena atropellaba a unos policías en plena Gran Vía y se fugaba. Con eso último me tuve que reír, la verdad; bueno, en general recuerdo reírme mucho porque la gente hacía muy buenos chistes en twitter. En el fondo no lo pasábamos tan mal, pero terminaba siendo muy cansino: un día un escándalo y al otro, también, y así cada mañana una noticia nueva con la que terminábamos olvidando lo de la semana anterior. Llegó un punto en el que estábamos permanentemente indignados pero no sabíamos exactamente por qué.

Menos mal que me desperté antes de que rescataran a España. ¡Qué pesadilla! Y lo peor es que, como en todos los malos sueños, se me quedó una basurilla mental que no se me ha ido todavía: ¿qué clase de sociópatas quieren gobernarnos?, ¿cómo nos van a tomar en serio Europa y los Mercados?

Sobre el autor

Germán Jiménez

De madre sevillana y padre granadino, nació en Almería en 1991. En 2015 se tuvo que marchar a la Universidad de Groninga para poder estudiar la Sevilla moderna de verdad (la del siglo XVI). Es, además, miembro de la red europea de jóvenes historiadores Eustory y del think-tank FutureLab Europe.

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