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La Sevilla Moderna

Odio eterno a los petardos

Mafalda a un pescador: – Yo no entiendo a estos que no saben aburrirse sin molestar a los peces. El pescador contesta: -¿Y quién dijo que me aburro? Mafalda sentencia: -Yo no entiendo a estos que no saben entretenerse sin molestar a los peces.

Con esta viñeta de Quino podría resumirse lo que pasa por mi cabeza cuando, llegada la Navidad, tengo que soportar a quienes entienden que detonar explosivos en la calle es divertido.Pero no,esta viñeta no resume lo que de verdad siento cada vez que escucho un nuevo petardazo.

Ya esté andando por la calle o sentando en un sofá, cuando escucho un petardo no me vuelvo nada ingenioso como el autor argentino, sino muy primitivo; me vuelvo casi tan primitivo como aquel que disfrutahaciendo ruido con pólvora y mecha, y sólo me da por pensar en quienes lo parieron y trato de relajarme analizandolas posibilidades de que el estúpido termine perdido algún miembro con un mal fuego.

¿Dónde está el placer de dar una vuelta con tus amigos o de salir al parque con tus hijos para tirar petardos? ¿No estarían más a gusto mirando fijamente las luces del centro hasta quedar ciegos o reventando de polvorones hasta que les diese un cólico? Total… Se me ocurren mil formas de perder el tiempo sin molestar a los demás.

A la gente normal, disfrutemos o no de la Navidad, no nos queda otra que resignarnos ante los gustos de estos aburridos que no saben entretenerse sino es haciendo ruido, y los vecinos quedamos condenados a sufrir su falta absoluta de empatía y de civismo, esperando estoicamente a que a los muchachos se les acabe el capricho.

Aunque seguramente la peor parte se la lleven los perros (ahora hablo de los que andan a cuatro patas y no de los que tiran los petardos) que sufren las explosiones como si de una tortura se tratase, incapaces de comprender que, en la fauna urbana, tienen que convivir con otros animales a los que, al andar con dos extremidades inferiores, les quedan las superiores libres para fastidiar al prójimo.

No parece que la pirotecnia sea un problema para las ciudades españolas, así que no nos quedará más remedio que aguantar a estos aburridos, con la esperanza de que la selección natural, aunque lenta, vaya haciendo su trabajo hasta que un día termine por extinguirse esta especie de personas que no saben entretenerse sin molestar a los demás.

Sobre el autor

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Germán Jiménez

De madre sevillana y padre granadino, nació en Almería en 1991. En 2015 se tuvo que marchar a la Universidad de Groninga para poder estudiar la Sevilla moderna de verdad (la del siglo XVI). Es, además, miembro de la red europea de jóvenes historiadores Eustory y del think-tank FutureLab Europe.

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