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La Grada

Una afición indestructible… pese a todo

Los socios, accionistas y/o simpatizantes del Betis comprobamos atónitos cada día cómo se habla más de temas extradeportivos que de lo que pasa sobre el césped. Hay días que a uno le entran ganas de mandar todo a tomar por saco. La bazofia que emponzoña el entorno del Betis desde hace años provoca unas náuseas irrefrenables y el cuerpo a veces pide marcha pero otras, como hoy, lo que pide es olvidarse de todos y que ojalá la vida les devuelva todo el daño que le están haciendo al club.

No voy a entrar en demasiados detalles, todos sabemos de qué va el asunto. Reuniones, retrasos en las Juntas, movimiento de sillitas, cambios de presidente, uno vomitando sandeces y otro memeces aún más gordas, todo es oscurantismo, egos enfermizos y absurdos, peleles aferrándose a un sillón que no les corresponde… Y mientras el Real Betis Balompié desangrándose y acumulando el estiércol que otros depositan. Siempre he pensado que, por encima de todo y de todos, para llevar la nave a buen puerto lo más importante es la transparencia y la honestidad. El ánimo de lucro y de poder es una lacra que corroe a la sociedad y el fútbol es un claro ejemplo de ello. Uno desea creer que hay gente honesta pero cuando se levantan las alfombras lo único que sale es basura.

Hay días en los que no me apetece hablar de altas, bajas o del posible once inicial que saltará al césped en el próximo partido. La situación se hace insostenible, aunque sé que eso es precisamente lo que quieren los que mal dirigen el club, y por ello también sé que esto se me pasará y seguiré denunciando a la podredumbre humana que nos ha tocado padecer en los últimos años. El Betis, pese a todo y pese a todos, seguirá existiendo. La Junta Extraordinaria de Accionistas que se celebrará en menos de un mes debe ser el punto de inflexión que permita ir sacando la cabeza del hoyo en el que Lopera y sus marionetas nos han metido. Poco a poco, paso a paso, haciendo las cosas bien el Real Betis Balompié volverá a ser el que era, el que nunca debió dejar de ser.

El Betis del siglo XXI no existe, judicializado hasta la médula por culpa de un mal gestor y presunto delincuente que repetía una y otra vez que no se le debía un euro a nadie a sabiendas de que era mentira. Pero no todo está perdido, ni mucho menos. El club está endeudado hasta las cejas pero tiene un patrimonio inmaterial sin el cual habría dejado de existir hace tiempo: la afición. Y con los béticos, creánme, no hay quien pueda.

Por Ismael F. Cabeza

Más detalles en: http://rbetisb1907.blogspot.com/

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Paco Cordero

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