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Botellas de plástico / Archivo SA
La era

Malditos plásticos

Estos españoles, lo contentos que van con su bolsa de plástico, oí decir  a un portugués. Y ahora no sabemos cómo deshacernos de ella.

Desde que amanece hasta que anochece, nuestra vida está acompañada por los plásticos. Salto de la cama y me pongo mis chanclas de plástico, voy al baño y la mayoría del mobiliario-mampara, tapa del inodoro, alfombrilla, ducha-son de plástico. Mi cepillo de dientes es de plástico. Voy a la cocina donde tomo el desayuno y me encuentro de nuevo con plásticos por todos lados: fiambreras, botellas, botes…otro tanto en el lavadero:  cubos, barreños, fregonas. Salgo a la calle a comprar y en las tiendas me ofrecen una bolsa de plástico (ahora me la cobran ). Los alimentos del súper vienen envueltos, la mayoría en este material tan popular como «imprescindible».

El hecho de que vaya a la panadería con una talega que me regaló mi abuela, o que todos tengamos en casa dos contenedores-de plástico también-para reciclar, en uno la materia orgánica y en el otro los plásticos, no disminuye significativamente los 300 millones de toneladas de este material que, según El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)  se producen en el mundo cada año. Casi todos van a parar al océano.

Es en estos océanos y en los mares, donde descubrimos con asombro  la contaminación por  «microplásticos», dentro de los peces, los crustáceos, los pájaros  e incluso en la cadena alimentaria. Un trozo de plástico puede tardar cientos de años en destruirse.

Y es que encontraremos microplásticos…hasta en la sopa. Han llegado ya, dicen a la nieve del Ártico.

La industria de las materias plásticas tiene sólo medio siglo y  ha tenido un desarrollo  superior a la industria del acero.

El plástico se descubrió gracias a  un  concurso para obtener un sustituto del marfil natural para fabricar bolas de billar. La recompensa que ofrecía Phelan and Collarder, un fabricante estadounidense en 1860 era de 10.000 dólares. Aunque no ganó el concurso, John Wesley Hyatt consiguió un producto-la baquelita– muy comercial  disolviendo celulosa en una solución de alcanfor y etanol. Se había conseguido el primer plástico totalmente sintético de la historia, dando lugar a la revolución tecnología moderna. «La era del plástico» había llegado.

¿Por qué el plástico se hizo tan popular e imprescindible en nuestras vidas?

Los plásticos son fáciles de trabajar y moldear, tienen un bajo coste de producción, una baja densidad, son en su mayoría impermeables y buenos aislantes eléctricos  y acústicos y son a su vez poco corrosivos.

Todo el mundo está de acuerdo hoy en que el plástico es peligroso y que habrá que reducir su consumo. Muchos famosos intentan concienciar a la humanidad apareciendo desnudos en «un mar de plásticos»

¿Qué haremos nosotros sin nuestras bolsas de plásticos?

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