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Marcha de taxistas por Avenida de Andalucía / SA
La era

¡¡Taxi!!

Así, desde la acera, levantando una mano, se llamaba antes un taxi en la calle. Aunque mi padre prefería darle “un silbido” y el taxista,  se paraba en seco. Una vez, estando de viaje en Palma de Mallorca para ver a su hermana, usó este mismo método : nadie paraba. Los taxistas parecían no escucharle, hasta que al cabo de un buen rato paró uno.

-¿De dónde son ustedes?-preguntó el taxista.

-De Sevilla-contestó mi padre.

-Pues menos mal que yo soy cordobés, que si no…

-¡Hombre, me alegro!

Mi padre contaba esa anécdota una y otra vez, porque, gracias al taxista  andaluz, pudo llegar a casa de su hermana.

Suelen decir los taxistas que ellos son como “los bomberos” o “la Cruz Roja”, que salvan vidas. Yo no tengo por costumbre coger taxis, mientras pueda ir andando, en autobús o conduzca mi propio coche. Pero reconozco que más de una vez me han sacado de situaciones difíciles, hasta embrazosas,  que sin ayuda del taxi no hubiera podido resolver. Por ejemplo aquella vez que estuvimos de vacaciones en Perlora (Asturias) y fuimos en tren hasta Gijón con los niños pequeños. Se nos hizo tarde y a pie, no llegábamos a tiempo de coger el último tren. Paramos un taxi, en mitad de la calle, por el método de levantar la mano y,  enseguida  nos dejó en la estación, lo que le agradecimos enormente. Un taxi evitó que pernoctáramos en otra ciudad pues perdimos el autobús de vuelta cuando hicimos una excursión por la orilla de la playa. Desde un hotel nos llamaron un taxi y nos acercó al pueblo de al lado.

Otra vez, tuve que llevar a uno de mis hijos al dentista y volver después al colegio. Cogí un taxi y todo arreglado…  Está claro que el taxi es “un servicio público”, aunque quienes lo presten sean autónomos, y que , en situaciones límites, es un gran aliado, llegando a pensar:

-¡me acaba de salvar usted la vida!- y el taxista asiente porque dice que ellos hacen que la gente salga de estas situaciones o que lleguen a tiempo a su destino. Por eso cuentan cosas que le han pasado. Historias tienen para escribir un libro cada uno:  una vez que llevó a un pasajero al aeropuerto, las veces que trajo a Iker Casillas a Mairena para ver a su novia… En fin ya sabemos que entrar en un taxi es escuhar pacientemente la conversación amena de aquel que conduce por nosotros y que te habla según le dicta su “psicología”. Casi siempre aciertan. De fútbol si es un hombre que no conocen, del tiempo si es una joven poco habladora, de política si saben de qué pie cogea el cliente,  expuestos a meter la pata.

Reconozco pues que el taxi es una solución eficaz porque te lleva de puerta a puerta, y que, normalmente suelen coger el camino más corto a tu destino. También  te informan sobre la ciudad a la que acabas de llegar y te dan tranquilidad sobre todo si llegas por la noche. En estos casos, lo mejor es coger un taxi en el aeropuerto, aunque luego compruebes que había un autobús o un metro y que te habría costado mucho más barato…

¿Es caro el taxi? El Taxi no es caro para los usuarios, afirman “los trabajadores del Taxi” como les gusta hacerse llamar, aunque sean los propietrarios de la Licencia. La relación calidad/precio es buena. Conozco a gente que siempre va en taxi. Eso sí, los taxistas siempre están quejándose. Que si el gasoil no para de subir, las visitas contínuas al taller para tenerlo a punto…

A estos problemas cotidianos, vienen ahora a añadirese los VTC ( Vehículos de Transporte con Conductor), que los traen por la calle de la amargura. Los CABIFY y los UBER han hecho saltar  las  alarmas:

-está en peligro nuestros puestos de trabajo, refieren, ¡no estamos solos! Estos señores, se apropian de “nuestros usuarios” . Nosostros tenemos licencia y pagamos unos impuestos,  ellos actúan libremente, sin hacer paradas.

Bueno sobre esto habría mucho que hablar.

El gremio del taxi, hasta ahora, ha mantenido un Monopolio que no desea compartir con nadie y,  por eso se ha echado a la calle, colapsando la circulación y manteniendo un pulso al gobierno, sobre todo en Barcelona y Madrid.

Estos trabajadores del Taxi que nunca habían participado en una manifestación, que te miraban indiferentes cuando pasabas delante de ellos en un Primero de Mayo, y que se quejaban de que  estas cosas les hacía perder dinero, ahora ocupan las calles de una manera salvaje y se hacen oír a las “bravas”, tocando el Claxon, atacando a los conductores de VTC o rompiendo los vehículos como ha ocurrido en Sevilla:  altercados entre taxistas y conductores de VTC y  coacciones en los aeropuertos.

-¡Yo no me meto en política!, alegaban. Y ahora son ellos los que se han puesto, a las puertas de las Instituciones a pedir “una política” que arregle su problema, que hay muchas licencias, que hay mucho intrusismo y que debería haber una proporción de una VTC, por cada treinta taxis. Las protestas han durado hasta 12 días  en Madrid, el tiempo que han aguantado, sin sueldo.

¿Qué han conseguido los taxistas manifestándose en La Puerta del sol, o en la calle Génova?

Primero, colapsar la capital y segundo, hacerle el juego al PP, yendo contra el gobierno de Pedro Sánchez.

Al final, se han mirado el bolsillo y han retrocedido en sus pretensiones. En Barcelona, según la propia alcaldesa, Ada Colau, las VTC siguen operando como antes.

Los taxistas de Madrid,  no han coseguido sus objetivos a causa de los desencuentros en las negociaciones con el Presidente de La Comunidad.

Por su parte, los trabajadores de UBER y CABIFY, dicen que se han quedado en la calle, que casi todos pasan los cincuenta años y que adónde van a ir ahora.

En una visita a Bruxelas, tuve que coger un coche de estos-alta gama, buena vestimenta-sin ningún problema. Me han dejado en mi destino, sólo que noté que el “conductor” iba tomándose un café, o un “tentempié”, mientras conducía y hablaba por el móvil, recibiendo contínuos avisos para recoger a clientes. Se ve que el trabajo no les falta, pero que les produce bastante estrés.

Estas aglomeraciones de taxistas que hemos visto por la tele a principios de este año, me han hecho recordar la cantidad de taxistas-unos 300-, en

Marrakech, ocupando toda una avenida, aparcados todos juntos. Son Mercedes antiguos, de color amarillo,la mayoría de bastantes años de antigüedad, los que allí mismo reparan con piezas que se hacen traer de Europa. Si tu quieres conger un taxi, discutes el precio con el conductor. Si no te convienes, negocias con otro, hasta que se adecue a tu bolsillo. Nosotros cogimos uno hasta Los Jardines de Majorelle que nos llevó 10 euros, aunque nos había pedido 20. A la vuelta, nos cobraron 3 euros, pero había ofertas por un solo euro.

En Londres, los taxistas eran casi todo africanos-de Eritrea era el nuestro-  pero el volante, a la derecha, se nos hacía raro…

Y en Sevilla…los taxistas siguen acudiendo al aeropuerto y a Santa Justa a recoger pasajeros. Uber y Cabify también. Los últimos datos del mes pasado, indican que en Sevilla se han creado siete nuevas licencias de VTC y sólo tres de TAXI.

“Hay sitio para todos”, nos dice Carmen Camacho en su columna La lluvia en Sevilla ( Diario de Sevilla del  viernes día 1 de marzo).

Salvando las distancias, estos taxistas, con sus historias, me hacen recordar las películas Taxi Express (1998) o Taxi Driver (1976). Espero que no les ocurra como a sus protagonistas.

Sobre el autor

Lucre Romero

Lucre Romero

Maestra, especialista de francés. Titulada por la Escuela Oficial de Idiomas, colabora en La Voz de Alcalá desde el año 2003 y en el periódico local 'La higuerita' de Isla Cristina desde el año 2010. Desde 2014 coordina El Club de Lectura en Francés en la Biblioteca José Manuel Lara.

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