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Juegos de azar: ¿qué apostamos?

Dicen que la vida es un juego y que hay que saber jugar las cartas que nos han repartido. Hay quienes no creen en el azar, pero juegan todas las semanas una “primitiva”, por si acaso. Nadie declara necesitar  dinero, pero todo el mundo lo quiere.

De niños aprendemos jugando y compitiendo. En todas las civilizaciones se ha celebrado juegos para entretener a los ciudadanos. Grecia y Roma fueron conocidas por sus “Juegos Olímpicos” y “circenses” en cada caso. Había que entretener al pueblo, de ahí la frase “panem et circenses”-pan y circo- que se comparan hoy día con el fútbol, porque tiene entretenido al personal-al pueblo-, lo tiene contento y no piensa, no protesta ni se manifiesta en contra del gobierno.

Otra cosa son los llamados “juegos de azar” que proliferan de una forma desmesurada en los tiempos de crisis: a ver si me toca algo…y completo la pensión, o ayudo a mis hijos…¡Cuántos abuelos se han quedado esperando que un día les toque , si no El Gordo, El cuponazo, o una primitiva!

Nada, a seguir jugando, apostando, que la esperanza nunca se pierde, nos decimos sin convencimiento pero con resignación.

Tengo una amiga que echa la primitiva todas las semanas, siempre los mismos números y otra que nada más que juega la lotería de Navidad.¿Y si El gordo cae aquí? Otros, juegan un décimo a medias, por si acaso…

Recuerdo que de chica, íbamos a la feria y metíamos en la tómbola: siempre toca, si no es un cubo, será una pelota. También estaban los “tiritos”, que con una “escopetitas” de plomo” tirábamos a los caramelos, tres plomos una peseta, apuntando hacia otro lado, porque sabíamos que las mirillas estaban trucadas . Siempre tuve buena puntería y ya de mayor en más de una feria, ahora con corchos, me traje algunas botellitas de licor.

De siempre, los hombres, en los casinos, jugaban a las cartas y dicen que una vez uno del pueblo  perdió  las tierras y otro su casa. También cuentan las malas lenguas que,  cuando se quedaban sin nada, hasta apostaban a sus mujeres. ¡Qué va, eso “puede ser verdad y no haber pasao”!

Otra cosa son las adiciones al juego o “ludopatías”. Los hay que necesitan jugar más que comer o beber y que se pasan una mañana entera en un salón de juegos. Unos apuestan en las máquinas desde 10 céntimos, hasta que han gastado lo que llevaban, mientras otros van directamente a las máquinas de “ a mil euros”, y no paran hasta que no lo consiguen, aunque para ello hayan echado tres o cuatro mil. Y es que lo importante, nos repiten los anuncios, es ganar. Nadie quiere a los perdedores, la vida es para los que triunfan…aunque te digan ¡qué pena, todo lo que juegas lo llegas a perder!

¿Por qué nos gusta tanto el jugo? ¿Esperamos quizás que el dinero cambie nuestras vidas? Dicen por ahí que el dinero no da la felicidad, pero ayuda.

Recuerdo cuando aparecieron en Alcalá, en el bar Oromana de La Plazuela las máquinas tragaperras. Todos queríamos saber cómo era aquella máquina que, de verdad, se tragaba las “perras”, las pesetas que le echaba la gente. Las primeras máquinas tragaperras eran una especie de caja de cristal que tenía dentro monedas de una peseta. Si tú le echabas una, se la tragaba literalmente. De ahí su nombre. El juego consistía en poder tocar “las perras” y que se cayeran a la parte de abajo y tú pudieras cogerlas. ¡Habías ganado! Estas máquinas han evolucionado mucho, y hoy  las encontramos en los bares y en los salones de juegos, la mayoría de ellos, cerca de un Instituto, de manera que los jóvenes se sienten tentados de echar unas monedas al salir de clase.  Los últimos estudios concluyen que cada vez hay más “menores” que juegan, ya sean en salones o por Internet, desde el móvil o el ordenador, y que para ello usan las tarjetas de los padres o falsifican los datos. Y es que sus Ídolosles ofrecen “el paraíso”, casi, con solo apostar unos cuantos euros, aseveran los anuncios.

Antes en los bares podíamos jugar al futbolín, al billar y a veces al pi-pon, pero ya está. Los  salones de juegos son sitios cerrados en los que te puedes tomar un buen café, muy barato y casi siempre está lleno de hombres, aunque cada vez es más frecuente ver alguna mujer.

El otro día fuimos a un “centro de ocio” y, mientras esperábamos la hora de la película, nos tomamos un café en una terraza.¡Qué cosa más extraña que pedimos en un mostrador que había al entrar y nos hicieron pagar en otro más adentro, en mitad de un montón de máquinas de todas clases. Creo yo que esa era la intención: que viéramos los juegos que había en el local.

Y los vimos. Había menores jugando a la ruleta o al bingo, en grupos, máquinas tragaperras por todas partes, billar, pin-pon, paneles de tv para apostar a los galgos, a los caballos, a los coches y a las motos y, hasta terminales de apuestas on line.  Ya se puede jugar a todo-si una quiere, claro- Pero la verdad es que lo tiene una muy difícil para decir que no, pues todo te invita a jugar. Los anuncios de la tele, donde caras conocidas del mundo del deporte del cine o de la tele, expresan su satisfacción al apostar-sobre todo en fútbol-, los anuncios en las páginas de internet, en el móvil, las vallas publicitarias. ¡Si apuestas, ganas!¿te lo vas a perder?

Como aquel  que dijo:

-¡me ha tocado, me ha tocado!

-Pero ¿cuánto ha sido ?

-Quinientos euros, ¡lo metío!

Hoy, el negocio del juego-del ocio- ha cambiado mucho y necesitaríamos hacer “un máster” o por lo menos “un posgrado” para entenderlos, pero no pretendo eso.  Yo solo quiero expresar mi preocupación por la influencia que el juego tiene en nuestras vidas, sean apuestas o  juegos de azar.

Enciendes el televisor, y ves a unos señores, rostros conocidos, que te invitan a jugar, porque como a ellos, la felicidad nos va a sonreír.

En el ordenador y en el móvil, encontramos  juegos y apuestas de todas clases, para todos los gustos: bingos, loterías…

Hoy cada ciudad cuenta con uno o varios salones de juegos, con bastantes despachos de loterías y apuestas del estado, donde desde una quiniela, que era a lo que apostaban nuestros padres los domingos, apuestas a bono loto, euromillón, la primitiva…

Además siguen existiendo “Los cupones de la ONCE”, conocidos como “los ciegos” que también cuenta con muchas variedades. De manera que puedes jugar todos los días de la semana, el extra del viernes, del sábado, domingo, el eurojackpot, rasca y gana, el sueldazo del fin de semana…el del día del padre, de la madre, de esto o aquello. ¡El triple de la ONCE!, decían en la radio, que se juega tres veces en el día¡qué mareo!Puedes jugar a todas horas y donde quieras. El caso es engancharte. Sólo hace falta que tengas algún dinero…Hay casas de apuestas que te anuncian un regalo de 20 euros nada más que por empezar a jugar. Lo que pasa es que no te dicen cuándo debes parar…La tentación está servida. Todos los medios apuestan por ello. Y el estado se lleva una buena “tajada”. ¿Será por eso que se desentiende de estas personas que sin trabajo, deambulan de   juego en juego, que apuestan a todo, convertidos en ludópatas-jugadores compulsivos, capaces de apostar su alma al mismísimo “diablo”y a los que no interesa desengancharlos del todo, como a los enfermos crónicos a los que conviene tenerlos toda la vida adictos a sus medicamentos?

Algunos partidos políticos han pedido una “regulación de los juegos  on line y las apuestas deportivas. “En Sevilla, la organización política Adelante Andalucía  pide un mayor control ante la proliferación de  casas de juegos” ( Diario de Sevilla ) y “presentará una serie de propuestas encaminadas a controlar los negocios de juegos de la ciudad y a tomar medidas de prevención ante el aumento de “ludopatías”. Este problema, opinan, se agudiza aún más en los barrios “obreros”o marginales, donde la falta de expectativas y de un futuro estable son el caldo de cultivo perfecto para que la gente se deje llevar por la falsa oportunidad de lograr un dinero fácil y acabe enganchada-adicta- al juego. Por último, esta formación política- Adelante Andalucía- aboga por la prohibición de la publicidad de estos locales en el mobiliario urbano y el espacio público”.

Antes decíamos que “la vida es un teatro”-Calderón de La Barca, siglo XVII- y cada uno tiene que representar su papel.

Hoy, en el siglo XXI, yo me atrevería a decir que “la vida es un juego”: ¡Alea, iacta est!

¡Hagan sus apuestas señores : Rien ne va plus!

Sobre el autor

Lucre Romero

Lucre Romero

Maestra, especialista de francés. Titulada por la Escuela Oficial de Idiomas, colabora en La Voz de Alcalá desde el año 2003 y en el periódico local 'La higuerita' de Isla Cristina desde el año 2010. Desde 2014 coordina El Club de Lectura en Francés en la Biblioteca José Manuel Lara.

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