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La era del confort. Existencia y abandono

En términos de psicología, la “zona de confort” designa un estado mental en el que el individuo permanece pasivo ante el suceder diario.

El término “zona de confort”, tan  de moda hoy día,  se refiere a cada uno de los lugares o situaciones donde una persona se siente segura, cómoda, donde no existe riesgo alguno para ella.

La primera “zona de confort” es pues el vientre materno, del que dicen de algunos que no quisieron salir  o que salieron a la fuerza y de otros  que les gustaría volver a él. Ese sería el lugar en el que la persona, como los animales se encontraría más a gusto, sin correr ningún peligro y totalmente protegida. Pero he aquí que nacemos-somos “arrojados” a este mundo- y hay que vivir. El siguiente lugar seguro, la segunda “zona de confort” sería el hogar , la familia.

En términos de psicología, la “zona de confort” designa un estado mental en el que el individuo permanece pasivo ante el suceder diario, desarrollando una vida rutinaria, sin sobresaltos, pero también sin incentivo alguno. O sea, una vida tranquila y sosegada, sin “ansias” de variar su estado. ¿Quiere esto decir que es conformista? ¿Es más feliz aquel que arriesga o apuesta por algo, que emprende un proyecto o quien “ve la vida pasar”, sin más y “se acomoda”, se adapta al tiempo, al lugar sin verse forzado a variarlo?

Dicen los profesionales que lo que la mente de estas personas-los que no se deciden a abandonar “su zona de confort”-   interpreta como potencialmente bajo de riesgo, causando una dependencia-un apego- a ciertos lugares y no les  permite conocer otros escenarios productivos para la vida.

Se puede comparar “Confort” con “Comodidad”:  unos zapatos cómodos o confortables, una vivienda, un coche, una vida cómoda o  confortable.

El confort o la comodidad es un estado al que todas las personas aspiramos ¿o no?, aunque utilicemos caminos diferentes.

En los años sesenta-años de desarrollo en España,- los españoles, que habíamos sufrido muchas carencias materiales, debido a la posguerra, habíamos entrado, gracias a los “planes de desarrollo”-creación de Industrias- a formar parte de la “Sociedad del Confort”, de la “comodidad”, o sea del CONSUMO. “La Era del Confort” había llegado.

Empezamos a trabajar en  fábricas donde se elaboraban objetos que luego “consumíamos” gracias al “salario” que recibíamos por nuestra mano de obra, por nuestro trabajo.

La “fiebre consumista” fue creciendo cada vez más. Había productos inimaginables en los comienzos de la era desarrollista o del Confort  a los que nos sentiríamos prontamente atraídos, adictos: papel higiénico, crema de dientes, servilletas de papel (que sustituyeron a nuestras servilletas de tela de “toda la vida”), se empezó a usar el  plástico, llegando a encontrar objetos inservibles o innecesarios hoy día, que no necesitamos para nada, que no son útiles, a  los que nos sentimos irremisiblemente atraídos de una manera compulsiva.

La “Sociedad de Consumo” se encargó de abastecer necesidades que ella misma había hecho crecer en nosotros, con lo que conseguía aumentar su producción y ganar más dinero.  ¿Quién puede resistirse a eso? ¿Nos lo íbamos a perder?

Si no teníamos con el escaso salario que recibíamos, hacíamos dos turnos o echábamos horas extras, o bien cogíamos dos empleos, con el fin de poder pagar “en cómodos plazos”.

Las letras habían sustituido a las anticuadas “ditas”.Nuestras abuelas compraban “a dita”, es decir, a plazos, semanales o mensuales utensilios u objetos como batidoras, relojes, pulsera o perfumes que no podían pagar de golpe. A los que tenían esta forma de venta se les conocía por “diteros”.

Vean la similitud con los modernos “banqueros”, sólo que éstos últimos cobran más intereses.

Cuando empezamos a firmar letras por la compra de un frigorífico o una lavadora, nos sentimos felices . Los electrodomésticos nos hacían la vida más cómoda y confortable . Y de paso, suplíamos las carencias o las necesidades de la época anterior, aunque para ello hubiéramos de trabajar el doble o el triple. La sociedad de consumo había llegado y estaba aquí para quedarse, durante muchos años. Su justificación: crear necesidades que antes no teníamos, con lo que nos hacían “partícipes” del “engranaje” de la rueda del desarrollo material al que otros países habían llegado mucho antes.

Cuando habíamos cubierto, en fin, nuestras necesidades básicas, la sociedad de consumo no paró, no se conformó y le echó mano a nuestras necesidades espirituales o intelectuales…creando industrias de ocio, a la fuerza había que divertirse, pasarlo bien.

Los españoles empezamos a disfrutar de nuestras primeras vacaciones a lomos de un 600 que cogía sus 80 km por hora y así, en fila, más o menos como ahora en agosto, llegábamos a la playa (el paraíso, la felicidad…el confort)

Sobre todo esto, el escritor Juan Eslava Galán nos habla en el capítulo104 de su obra “Historia de España contada para escépticos”:  “los españoles que hasta entonces había creído que la esencia de la vida consistía en apretarse el cinturón, contemplaron con sorpresa cómo les germinaban debajo de los pies las semillas del consumo traídas, en vuelo estacional, por turistas y emigrantes(…)

Después de tres lustros  de difícil equilibrio en el trampolín de la escasez, se estaban columpiando sobre el embalse del aperturismo, de la liberalización , del neocapitalismo, de la abundancia consumista, de la sociedad del confort.(…) En un santiamén, se abrieron las esclusas y dos millones de trabajadores españoles se vaciaron sobre Europa, mientras cuatro, seis, ocho millones de turistas europeos en paños menores trashumaban cada verano a nuestras cálidas playas, ávidos de insolación, de paella, de sangría y de burro taxi typycal.

El negocio de exportar pobres e impotar ricos atascaba de divisas las arcas del Estado(…) Crecían las inversiones extranjeras, aprovechando que los salarios eran bajos y las huelgas estaban prohibidas.(…)el pueblo disfrutaba de un bienestar sin precedentes.”

“Así, continúa Juan Eslava Galán, transformamos nuestra sala de estar en living, y cambiamos las silla de enea por el tresillo de escay. El brasero cedió paso a la estufa de gas butano, el anafe de soplillo a la cocinita de petróleo, la motocileta al 600.

Llegaron las ollas a presión, los cacharros de aluminio y acero inoxidable,las medias de nailon, el tergal inarrugable, las lavadoras automáticas, el colchón de muelles, el secador de pelo, la Turmix, los transistores de Ceuta, los pisitos a plazos, los bolígrafos, el bidet, el agua caliente…

Del subdesarrollo pasamos al consumismo; del desempleo al pluriempleo.

Creció  el poder adquisitivo y con ello los beneficios de los bancos, la especulación del suelo y el desorden urbanístico.”

Y ocurrió “El éxodo rural” hacia la gran ciudad.

“Había paz(“los XXV Años” en 1964), había pan, había fútbol, había concursos (“un millón para el mejor”), y quinielas millonarias.¿qué mas podíamos desear?”

¿No es comparable la sociedad del confort de la que empezamos a disfrutar en los años 60, con la “Sociedad del Bienestar” que logramos en los 90?

Este “estado del Bienestar” del que presumimos a finales del siglo XX, se nos vino abajo nada más estrenar el S. XXI, debido a la burbuja inmobiliaria que arrastró a las demás industrias que dependían de ella: empieza a escasear el trabajo, aumenta el paro y las familias se encuentran en una situación límite, en las que “la mísera paga del abuelo” consigue que la olla hierva a diario y coman cinco ,seis o más, todos en paro, teniendo que elegir muchas veces entre pagar el recibo de la luz-¡vaya con la luz!- o comer.

¡Se acabó lo que se daba! Se nos esfumó el estado del bienestar, la Sociedad del confort. Entramos en la Era del Emprendimiento  junto con la del Empoderamiento de las mujeres-eso es otro cantar-

¿Seguiremos creyendo en esta manera de vivir, confortable y cómoda después de la crisis-”qué crisis”, nos diría Zapatero-que arrastramos desde el año 2008 y a la que se ha dado por finalizada varias veces pero que aún seguimos arrastrando?

¿Será por eso que los entendidos nos aconsejan convertirnos en “emprendedores”, que abandonemos nuestra zona de confort?

Disfrutar de un café, un cigarrillo, una comida, un paseo, un libro…eso es de egoístas, hay que aspirar a más, nos repiten los psicólogos. ¡No te puedes conformar con eso!

¿Por qués es preciso abandonar la zona de confort?

  1. Para madurar
  2. Para hacerte mayor, más responsable y tener más amplitud de miras-lo que te originará más frustración- para vislumbrar todo el horizonte y querer hacerlo tuyo.
  3. ¿Serás más feliz entonces?

¿Se pondrán nuestros dirigentes y políticos “manos a la obra” para conseguir volver a ese estado del bienestar, o se limitarán a hacer eso que ha aparecido por ahí y que yo no entiendo muy bien qué es, pero que lo anuncia la radio “a bombo y platillo”: Congreso del Bienestar?

Quizás ellos  no puedan o no quieran abandonar “Su zona de Confort”.

Y nosotros…¡a seguir conformándonos!

 

 

 

 

Sobre el autor

Lucre Romero

Lucre Romero

Maestra, especialista de francés. Titulada por la Escuela Oficial de Idiomas, colabora en La Voz de Alcalá desde el año 2003 y en el periódico local 'La higuerita' de Isla Cristina desde el año 2010. Desde 2014 coordina El Club de Lectura en Francés en la Biblioteca José Manuel Lara.

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  • Decir que este pueblo Español no sabe hacer otra cosa que despilfarrar su historia, destruir su presente, para no tener futuro,así ha sido desde 1515 años arriba año abajo…..

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