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Portada periódico Alcalá /Lucre Romero
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La era

Yo fui “okupa” en los 80

(Dedicado a los afectados del bloque 79)

Hace ahora 30 años-fue un 3 de julio de 1988- y parece que fue ayer: llegamos a eso de las 11 de la noche a casa. Veníamos de cenar con unos familiares y acostamos a nuestro hijo. Al rato, oímos un ruido en la habitación última, la que usábamos como estudio, cuarto de la plancha, y para cambiar al pequeño. La habitación no tenía más que una mesa de madera noble de estilo rústico, unas cortinas y una estantería que habíamos comprado en “Continente” y que habíamos ensamblado siguiendo un simple esquema -aún no existía “Ikea. ¡Perfecta! Aún la conservamos intacta, como la mayoría de los muebles-rústicos- del piso. Primero montamos el dormitorio, después  el salón.  Los “tresillos” nos lo hicieron a mano y ahí siguen, enteros, hechos a conciencia.

Unas lámparas,  hechas de papel y alambre  adornaban y alumbraban el salón. Cada estancia llevaba unas cortinas que pegaban con algún mueble o accesorio- verdes en el salón, azules, en la salita “azul”, enmoquetada de azul y vacía, blancas de encaje para el dormitorio y marrones caladitas para la habitación última. Unos visillos estampados en tonos azules y blancos para la cocina, con muebles de madera. Habíamos comprado una mesa cuadrada en “Ecovol” que hacía juego con ellos. Y a pesar de tantas mudanzas, apenas si los muebles habían sufrido.

Cuando fuimos a la habitación del fondo,  sólo vimos una raja que recorría toda la pared de enfrente de la puerta. Yo había pensado que había alguien robando.

Nos asomamos al patio y escuchamos voces y  gritos. ¿Habría fuego?

-¡Salid, corred, que los pisos se están cayendo!

No nos lo podíamos creer, ¿ que se caen los pisos? ¡Pero si apenas tienen cuatro años! Los habíamos comprado en el 84, meses antes de casarnos, cuando yo aprobé las oposiciones. Habíamos trabajado duro dando clases particulares, y lo primero que hicimos, fue buscar un piso de acuerdo a nuestras posibilidades. Vimos  primero, los de la barriada “Las Angustias” pero la letra era muy grande y vinimos entonces a la  barriada de  Rabesa, en Alcalá de Guadaíra, donde Bekinsa  estaba construyendo un bloque nuevo en construcción,  a mejor precio.

Era una mañana lluviosa cuando fuimos a ver “el piso piloto”. Llevábamos el dinero de la señal, un billete de 5000 pesetas. Nos gustó mucho el piso y  la letra de 17.500 pesetas, podríamos pagarla entre los dos. Sin embargo, cuando fuimos a concretar la entrada, habíamos perdido el billete. ¡Por el mundo dios! Entonces nos fuimos y pensamos dejarlo para  otro día. Pero al dar la vuelta al Bloque 79, lo vimos en el suelo, mojado.¡Qué alegría más grande! Nos volvimos y dimos “la señal”.

Se ve que estuvimos a punto de no comprar el piso, pero “estaría para nosotros”. Si no llegamos a recuperar el billete, nuestra suerte habría sido otra¡quién sabe!

En febrero de 1984 firmamos las escrituras y en agosto nos casamos. Al año siguiente, en 1985 nació nuestro primer hijo.

Estábamos muy a gusto en el piso, era amplio y tenía mucha luz. Habíamos puesto un poto en el interior y un cactus en una jardinera de la terraza. La mayor parte del día estábamos fuera. ¿Quién iba a imaginar que dentro de 3 años, nos quedaríamos, en la calle sin piso?

Fueron pasando los días, los meses y los años. Mi hijo cumplió 3 años en junio del 88. El día 3 de julio, se “rajaron” los pisos. No llegaron a caerse, gracias a que “estaban mal hechos”. Eran cuatro portales unidos entre sí por unas mallas que habían sostenido los pisos, evitando su desplome.

-Salid a la calle, que los pisos se están “rajando”…

Todos salimos con lo puesto y mi hijo, descalzo.  Salimos a la calle y empezamos a llamar a los vecinos. Algunos no estaban esa noche, pero nosotros creíamos que no se enteraban y nos angustiamos pensando que se iban a hundir los pisos y la familia no salía.

Entramos para recoger lo imprescindible:  alguna ropa, los zapatos del niño y los papeles del piso. Las columnas estaban cediendo y era peligroso estar dentro.

Los que teníamos niños chicos, nos fuimos a casa de familiares a pasar la noche. La mayoría permaneció, vigilante, esperando a ver qué iba a pasar con nuestras viviendas. Fueron apareciendo autoridades y se formó una “comisión” encargada de ir enterándose de los pasos a seguir y lo que debíamos o no hacer. Algunos de los que  no tenían familiares fueron alojados en el hotel Guadaíra. Otros tuvieron que pasar varios días a la intemperie. Nosotros nos fuimos con nuestros padres.

A la mañana siguiente acudieron los arquitectos, constructores y abogados. Se reunieron con la comisión y después de varias reuniones, creíamos que pronto encontrarían una solución a este problema que  no habíamos generado nosotros .

Una de las propuestas fue la “ocupación” de unas viviendas en la barriada de “María Auxiliadora” donde había varios bloques de pisos, hipotecados por  varios  bancos,  porque sesenta y cuatro familias necesitaban urgentemente una vivienda.

Una mañana, muy temprano,  cortamos las cadenas y  dimos “una patá” a la puerta.  Se nos  dio agua y luz.  Fueron días de mucho trajín. Primero hubimos de elegir el piso,  después tuvimos que adecentarlos pues se ve que los primeros “okupas” habían sido las golondrinas.

Allí permanecimos unos ocho meses, hasta que compramos una vivienda.  Otros siguieron más tiempo o  se fueron  a viviendas sociales.

Los vecinos, que a penas nos conocíamos antes de estos sucesos, nos hicimos grandes amigos, colaborando en la limpieza de los bloques y de las plazas.  Los pisos eran muy grandes y estaban muy bien construidos. ¡Estos no se caerían!

En todo este tiempo no dejamos de hacer manifestaciones y “la comisión” trató de dialogar con la Empresa, quien se negaba a reconocer su culpa.  Habíamos llegado a un acuerdo con el Banco Hipotecario de paralizar el pago de las hipotecas. Pasaron más de 16 años para que  llegara una sentencia favorable, a pesar de la cual siguieron produciéndose, durante diez años más, numerosos litigios entre los afectados y el Banco.   La “comisión” no se cansó y siguió pleiteando…veinte años más.

En este tiempo, las familias habían rehecho su vida. Unos habían comprado el piso “okupado”, otros habían alquilado una vivienda, pero sin embargo, para el banco seguíamos siendo “morosos”. Eso es, nos dijeron al principio, “como cuando usted se compra un coche nuevo” y un día se lo roban o sale ardiendo…tendrá usted que seguir pagando las letras¿no?

¿Cómo era un “okupa” en los años ochenta? ¿Cuál era su perfil?

Pues éramos, como los de ahora, sólo que, al ser de los primeros, no teníamos referencia. Lo que si teníamos claro es que debíamos actuar unidos, y celebrábamos asambleas regularmente para ponernos al día de la situación.

El perfil era de una familia joven, con uno o dos hijos que compran una vivienda con mucho trabajo y con mucha ilusión y que de la noche a la mañana se encuentra en la calle, sin nada.

1º La culpa no la teníamos nosotros

2ºEstábamos pagando un piso que se había caído-rajado-y que no podíamos habitar.

3º Ocupamos los pisos de  “María Auxiliadora” para que las familias, que seguían en la calle, tuvieran un techo.

4ºEstábamos denunciados por los Bancos por “ocupación ilegal”.

Pero, a pesar de la situación que sufrimos nosotros y todos nuestros familiares, recordamos los días pasados juntos, esos días de “okupas”en aquellos pisos, ayudándonos unos a otros, aunque sin saber cuándo vendrían a echarnos.

En dos años, nos habíamos mudado cinco veces. Y aunque los muebles  no sufrieron, nosotros cargamos con “eso” durante mucho tiempo. Y sobre todo nuestro hijo que a donde quiera que llegaba preguntaba si aquella casa no se iba a caer.

La noticia de que los pisos se estaban ocupando llegó más allá de Alcalá y pronto tuvimos compañía. Gente de Sevilla, sobre todo de las 3.000 viviendas vinieron y se metieron en los pisos que aún estaban vacíos.

Las circunstancias, nos obligaron a convivir con estas personas que tenían hábitos y costumbres distintas a las nuestras, pero la experiencia fue buena. Nosotros no nos metíamos con ellos y se nos respetaba. Alguna vez vimos por el ojo patio a un joven  subir por un tubo hasta el piso de arriba, otros tenían una cabra dentro ; otros habían arrancado las tuberías de plomo para venderlas. Algunas vecinas nos pedían  que les moliera café, y por las tardes, cuando mi niño se ponían a ver “los dibujitos”, se formaba una cola en la ventana, pues ellos no tenían tele.

Yo salía a trabajar fuera, siempre con el temor a que cuando volviera hubieran entrado en el piso.

Después de 30 años, seguimos saludándonos y recordando aquellos días difíciles de “okupas” . “De golpe y porrazo” nos habíamos quedado sin nada, con lo puesto y encima, estábamos denunciados por  los bancos como “okupas”.¡Qué cosas! como si fuéramos nosotros los que habíamos hecho mal los pisos o los habíamos dejado caer a “cabezazos”

Construimos una gran  amistad que dura todavía; algunos ya no están, pero los recordamos con cariño.

¿Quién iba a imaginar que en este siglo XXI, 30 años después de los “pisos rajados” se iban a dar la misma situación: familias que están en la calle por culpa de un desahucio, por no haber podido pagar la letra porque lo dejaron sin trabajo. Hay ocupaciones y se han formado  “corralas” que luchan en asambleas  por una vivienda. La situación se repite. Los bancos siguen detentando el poder, como si nos tuvieran “cogidos por el pescuezo” y se hacen amos, porque el gobierno no interviene, y si lo hace es a favor de ellos.

¡Vaya país! Ahora hay más okupas que viviendas.  Por algo será ¿no?

Aquí seguimos, en este 30 aniversario de aquella primera “ocupación”.

Nosotros les contamos a nuestros nietos que fuimos de los primeros “okupas”…Quizás eso no sea ningún mérito, ni nos den nunca una medalla. Algunos  padres  presumían de haber sido Hippies.

La “movida” madrileña apenas si nos llegó a través de la tele. ¡Bastante “okupados” estábamos con lo nuestro!

Sobre el autor

Lucre Romero

Lucre Romero

Maestra, especialista de francés. Titulada por la Escuela Oficial de Idiomas, colabora en La Voz de Alcalá desde el año 2003 y en el periódico local 'La higuerita' de Isla Cristina desde el año 2010. Desde 2014 coordina El Club de Lectura en Francés en la Biblioteca José Manuel Lara.

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