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Daniel Gallardo reflexiona sobre la posibilidad de una ortografía acorde a las hablas andaluzas/ Creative Commons
El patio

Motivos para fomentar el andaluz escrito

Hace unas semanas hablé de la posibilidad de escribir en andaluz. Tras hacer un breve repaso histórico de algunas obras escritas por Ramón de la Cruz o Juan Ramón Jiménez, argumenté que esta posibilidad no era nueva, ni obedecía a ningún ideario político actual. Además, mencioné que la falta de un sistema ortográfico y gramático unificado, entre otros factores, dificultó la creación de una literatura genuinamente andaluza.

En algunos casos, el artículo suscitó un debate interesante sobre los posibles problemas de estandarizar nuestra forma de hablar. Me pareció especialmente relevante que la mayoría de los argumentos utilizados en contra de este tipo de iniciativas son muy similares. Por este motivo, decidí contactar a los creadores de una nueva propuesta ortográfica unificada para el andaluz – Er Prinçipito Andalûh (EPA) – para preguntarles por las críticas más comunes que han recibido por su trabajo. A continuación, hablaré sobre cuatro de ellas y luego expondré los motivos por los que no me parecen válidas.

La crítica más recurrente dice que el andaluz no es uno solo, sino que es un conjunto de muchas hablas distintas. Como prueba de esto, se suele indicar que la forma de expresarse varía enormemente, digamos, en dos localidades vecinas. Continuando con este ejemplo, creo que es fácil estar de acuerdo con el hecho de que ambas formas de hablar comparten muchas similitudes y que son reconocibles como claramente andaluzas. Imagínese que va andando por alguna calle de Madrid y, de repente, escucha hablar a varias personas que viven cerca de su pueblo o ciudad. Sin duda, reconocerá a esas personas y su habla como andaluzas. Por supuesto, esto no niega la existencia de diferentes modalidades dentro nuestra comunidad, más bien me refiero a que esas variantes se pueden englobar ampliamente dentro del andaluz. Además, aquellos que esgrimen este argumento, también deberían hacerlo contra el español. ¿Por qué va a ser un problema la existencia de diferentes formas de hablar en Andalucía y, sin embargo, no lo fue para crear una norma estandarizada del castellano en el territorio peninsular y parte de Latinoamérica?

La segunda crítica tiene que ver con el escepticismo con el que algunos habitantes de nuestra comunidad miran a cualquier posibilidad de estandarización, ya que ésta se puede asociar con algunas variantes como la sevillana, malagueña, granadina, etcétera. En la propuesta de ‘Er Prinçipito Andalûh’, verá como recogen una gran cantidad de vocabulario de todas partes de Andalucía, sin excepción. Además, usted mismo puede aportar a su diccionario poniéndose en contacto con ellos, si cree que en su región se dice algo de una determinada manera, que no se ha tenido en cuenta todavía. Mientras que la Real Academia Española no va a recoger esa forma de hablar, esta iniciativa se preocupa por representar por escrito cómo se ha expresado durante toda su vida. Además, esta propuesta ha solucionado las diferentes formas de pronunciar la ‘s’ que existen en Andalucía – ‘seseo’, ‘ceceo’ o ‘heheo’ – usando una ‘ç’, para que cada uno lo lea como habla en su región. Por lo tanto, la propuesta es muy inclusiva, y si cree que debería serlo más, por favor, no se quede de brazos cruzados y contacte con ellos.

La tercera crítica, quizá una de las que menos entiendo, asegura que representar el andaluz de forma escrita lo hace más cómico, en vez de dignificarlo. Primero, crear una modalidad lingüística no la hace cómica, sino que le da carácter y prestigio para usarla en una gran cantidad de contextos, más allá del cómico o informal. Segundo, y mucho más importante, si alguien considera cómico escribir en andaluz, es porque piensa que hablarlo también lo es. Por desgracia, esto obedece a prejuicios históricos y a la falta respeto entre personas que no hablan de la misma manera, no al hecho de escribir como nos expresamos.

La última crítica, con la que estoy de acuerdo en parte, es que cuesta trabajo entender el andaluz escrito. Pero esto es una obviedad ya que, si no costara trabajo leerlo la primera vez, sería porque estaría ante algo que ya ha aprendido y que no es nuevo o distinto del español. Al igual que nuestra forma de hablar difiere de la del resto de España, la forma de escribirlo tiene que ser necesariamente distinta. Para poder usar con soltura este nuevo sistema ortográfico unificado hay que estudiarlo, al igual que tuvimos que hacerlo con el castellano.

Resumiendo, creo que es normal que haya cierta reticencia a iniciar un proyecto tan ambicioso como el de estandarizar nuestra forma de hablar, y es bueno que se discuta de una forma razonable. Sin embargo, creo que los principales argumentos de los detractores de esta iniciativa no son convincentes, y que deberíamos enfocarnos también en los beneficios que la implementación de este sistema conllevaría: más de ocho millones de personas, sin contar sus descendientes, que dejarían de infravalorar su forma de expresarse y de vivir.

Sobre el autor

Daniel Gallardo

Daniel Gallardo

De padres gaditanos, nació en la Alemania dividida de 1987. Lo único que tiene claro es que la humildad y el olor de su tierra no se le han olvidado y que, a pesar de que cada región es especial en sí misma, a la hora de entender problemas locales y globales es necesario considerar a todos los pueblos por igual.

Comentarios

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  • Más allá de que pueda tratarse de una iniciativa enriquecedora o interesante filológicamente hablando, crear una norma ortográfica propia del andaluz me parece que tenga la más mínima utilidad. No sólo el andaluz sino otras muchas hablas y dialectos se integran bajo el apelativo de “español” o “castellano”, según se quiera. La estandarización permite, a mi juicio, una mejor cohesión cultural. Me parece un factor de progreso siempre que no se haga a expensas de la preservación de otras hablas o dialectos. Ninguna lengua es estrictamente pura y toda normalización, incluida la del español o castellano es ficticia. Sobre todo porque a gramática y la ortografía, por su naturaleza descriptiva, siempre va unos pasos por detrás de la realidad lingüística. Como andaluz, puedo leer un texto en castellano estándar sin renunciar a mi habla y su pronunciación particular. Y no veo en qué medida esto hace peligrar mi dialecto. Si la gran ventaja es mejorar la percepción de nuestra habla, entonces el problema no es ortográfico sino cultural, como bien se apunta más arriba en el artículo. Por otra parte y precisamente en el caso del andaluz, tenemos motivos sobrados para sentirnos orgullosos de su éxito internacional, ya que es la base de los dialectos de latinoamérica, con quienes compartimos la mayoría de rasgos fonéticos. Mantener un estándar, es decir una “koiné” (pues lo de los estándares viene de lejos, desde que el hombre es hombre y la mujer mujer), permite unificar la comunidad lingüística hispana sin que por ello se pierda riqueza en la lengua ni su autenticidad. En resumen, me parece un proyecto interesante e ilustrativo, pero en absoluto reivindicaría una norma ortográfica andaluza propia. Poco importa qué dialecto se tome como estándar mientras el resto de hablas, las que se comprendan bajo el estándar, sean valoradas en su riqueza y originalidad como portadoras de una cultura propia. La lengua no es un elemento suficiente ni necesario para afirmar nuestra identidad andaluza. La propuesta es tan “falaciosa” como aquello que pretende “denunciar”. Si queremos ser meticulosamente fieles a nuestro habla, escribamos pues con caracteres fonéticos. No habrá posibilidad de error, pero el quebradero de cabeza será de aúpa 🙂

  • Hola Carlos,
    Antes que nada, déjame darte las gracias por tu comentario tan detallado, y por la lectura tan minuciosa que has hecho de mi artículo. A pesar de nuestras discrepancias, me halaga saber que algunas personas se interesan tanto por lo que escribo en mi tiempo “libre”. Hay muchas cosas en las que estoy de acuerdo contigo pero, para ser más conciso, déjame que discuta algunos de los puntos en los que discrepamos, y el motivo.
    Primero, indicas que la estandarización es “un factor de progreso, siempre que no se haga a expensas de la preservación de otras hablas o dialectos”. Estoy totalmente de acuerdo con esta idea, que me parece clave y está en el centro de mi forma de pensar. Teniendo en cuenta el rol genérico del andaluz en la televisión y en el imaginario colectivo español, creo que parte de los beneficios de la estandarización del castellano han costado el menosprecio del andaluz en general. ¡Cuántas veces me han dicho que hablo mal! ¡Cuántas veces me han dicho que hablo como “uno de campo” de forma despectiva! ¡Cuántas veces he escuchado a andaluces decir que hablan mal! Lo he vivido (o sufrido) tantas veces, que no merece la pena dar ejemplos concretos. Esto es el producto de una estandarización que ha menospreciado la forma de hablar de una zona concreta de España: Andalucía.

    Segundo, dices que: “Como andaluz, puedo leer un texto en castellano estándar sin renunciar a mi habla y su pronunciación particular. Y no veo en qué medida esto hace peligrar mi dialecto.” Estoy muy en desacuerdo con la segunda afirmación. Si comparas el andaluz de las nuevas generaciones con el de nuestros abuelos y abuelas, se puede ver una gran diferencia. Se están perdiendo expresiones y palabras porque, de acuerdo con la RAE, no son correctas y no merecen la pena ser recogidas y/o fomentadas en la escuela. El motivo es que se consideran demasiado informales, en muchos casos.

    Tercero, dices que: “Si la gran ventaja es mejorar la percepción de nuestra habla, entonces el problema no es ortográfico sino cultural, como bien se apunta más arriba en el artículo.” Estoy de acuerdo, excepto por un pequeño detalle. Creo, que en relaciones socio-culturales, como las que estamos discutiendo, la norma ortográfica influye en el ámbito social y cultural. Por ponerte un ejemplo. Si escribo algo, tal y como lo pronunciamos en andaluz, alguien me va a decir que eso está “mal”. El principal argumento que va a utilizar es que, de acuerdo con la RAE, la forma correcta es otra. Inmediatamente, en este ejemplo puedes ver como se establece una relación de poder o una jerarquía clara entre lo que yo hablo y escribo, con lo que otras personas hablan y escriben. Esto no me parece justo, ya que se da por el simple hecho de haber nacido en Andalucía, en vez de Valladolid.

    Cuarto, mencionas que la estandarización “permite unificar la comunidad lingüística hispana sin que por ello se pierda riqueza en la lengua ni su autenticidad.” En mi opinión, cualquier estandarización conlleva un coste en términos de autenticidad. Además, este coste será mayor, si las hablas que se intentan homogeneizar están muy lejos entre sí. Por ejemplo, es más fácil estandarizar la forma de hablar de Sevilla y Huelva, que la de Sevilla y Barcelona.

    Por último, me parece genial la frase: “Poco importa qué dialecto se tome como estándar mientras el resto de hablas, las que se comprendan bajo el estándar, sean valoradas en su riqueza y originalidad como portadoras de una cultura propia.” Me encantaría que esto fuera el caso. Es más, y lo que voy a decir ahora está un poco en contra de algunas de las iniciativas que existen para estandarizar el andaluz, el principal motivo por el defiendo una norma andaluza es para lograr esto. Que cada forma de hablar se valore por su riqueza y originalidad como portadoras de una cultura propia (por cierto, esa frase me recuerda un poco a Blas Infante! 🙂 ). Pero, a día de hoy, no creo que esto sea posible si tenemos una institución como la RAE que, de forma automática, ignora en muchísimos aspectos como los andaluces hablan y se relacionan con otras personas.

    Gracias de nuevo por tu comentario, y espero que tengas un buen día.

  • Como amante de los idiomas y estudiante de filología, nada me gustaría más que ver el andaluz con su propia representación escrita que resalte claramente las particularidades tan bellas propias de todos los acentos de cada región de Andalucía. Soy seguidora de la cuenta de Twitter de EPA, y el uso de la ‘ç’ para representar tanto el seseo, el ceceo y el heheo me llamaron muchísimo la atención.

    En las aulas de filologías de la UCA se ha hablado alguna vez sobre el andaluz y si debería considerarse un idioma o dialecto independiente al español junto con las opiniones de los alumnos Erasmus estudiantes de español que contaban sus primeras experiencias al relacionarse con hablantes andaluces además de las opiniones de los propios andaluces y el debate siempre da mucho que hablar.

    Sin duda, es un tema que sería interesante incluir en jornadas universitarias de idiomas de forma oficial. Culturalmente, ganaríamos mucho.

    Muchas gracias por este artículo, es una gran aportación. Espero que se pueda llevar a cabo de alguna manera.

  • ¡Muchas gracias por tu comentario! Lo valoro mucho viniendo de una persona que sabe (y estudia) filología, ya que mi especialidad no reside en este campo. Estoy totalmente de acuerdo contigo, el tema del andaluz como idioma se debería de incluir en las instituciones universitarias e intentar tratarlo desde un punto de vista neutral. Me apena ver como, a veces, personas de gran talla intelectual opinan sobre el andaluz desde el único punto de vista que nos ofrece el marco teórico actual, donde el Español es el idioma de referencia. Estaría bien reconocer que este marco teórico dominante es tan solo una construcción del ser humano que, como cualquier otra, puede tomar muchas formas distintas para adaptarse a la realidad social de cada momento.

    Por cierto, los de EPA también tienen Facebook. Este es el enlace: https://www.facebook.com/ErPrincipitoAndaluh/

    Un saludo, y nos vemos por las redes!

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