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El patio

Hablemos de lo que de verdad importa

He hablado varias veces en este espacio de opinión sobre un suceso que marcó la historia de la transición en Andalucía: la muerte de Manuel José García Caparrós. Tal y como recordarán, el joven malagueño murió en una de las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en nuestra comunidad pidiendo democracia y autonomía, el cuatro de diciembre de 1977.

Tras varias décadas de silencio por parte de las instituciones españolas y andaluzas, la diputada Eva García Sempere tuvo acceso a varias actas de la comisión de investigación que se elaboraron tras la muerte de Manuel José. A pesar de que el acceso a las mismas era restringido, ya que los nombres que figuran en las actas han sido tachados, se han podido despejar algunas incógnitas que rodean a aquel fatídico suceso.

En primer lugar, las actas reconocen la irresponsabilidad del cuerpo policial ya que, cumpliendo con la orden del Gobernador Civil de Málaga de dispersar a las masas populares, se empleó fuego real. Al contrario de la versión de los agentes, varios testimonios civiles indican que los disparos no se efectuaron al aire. Además, se encontraron impactos de bala a media altura en la calle. Como resultado de esta actuación negligente por parte de la Policía, una de las balas impactó en el pecho de Manuel José, y también hirieron a dos personas más.

En segundo lugar, un apartado de las actas en el que se hace una valoración del suceso recomienda no depurar ningún tipo de responsabilidades políticas, con el motivo de preservar el orden social. Es decir, parece que existía un consenso entre las autoridades de la época para ocultar la verdad. De esta forma, no solo se encubre al culpable directo del suceso, sino que también se libra al Estado de asumir cualquier tipo de carga legal o política.

Una de las partes más vergonzosas de todo este proceso se produce un año después de las investigaciones, en noviembre de 1978, cuando toda la información se lleva al Pleno para aprobar las resoluciones. Uno de los puntos que se votan exonera de toda responsabilidad a aquellas personas que estuvieran al mando durante la manifestación. En otras palabras, las instituciones estatales, a través de los representantes de los partidos políticos, deciden dar un carpetazo al asunto y comenzar un largo período de silencio y encubrimiento, que acabaría tan solo hace unos años.

El motivo por el que hoy os cuento esta historia, y no un cuatro de diciembre, es que considero que el vergonzoso proceso que se desarrolló después del asesinato de García Caparrós refleja fielmente el ninguneo al que el pueblo andaluz ha estado, y todavía sigue, sometido. Es importante no relegar al olvido casos como este ahora que las elecciones generales se acercan, y que los partidos políticos intentan dividirnos en torno a ideas o acontecimientos que no afectan de forma directa a nuestra comunidad.

Tenemos la obligación moral de velar por nuestros intereses, y de construir un futuro más justo para nuestros conciudadanos. Parte de este futuro se forja en Madrid, así que no podemos dejar que el partido político de turno, sea cual sea, se lleve nuestro voto en las próximas elecciones haciendo alusión a sucesos que ocurren fuera de nuestra comunidad, mientras que los temas andaluces se ignoran sistemáticamente.

Sobre el autor

Daniel Gallardo

De padres gaditanos, nació en la Alemania dividida de 1987. Lo único que tiene claro es que la humildad y el olor de su tierra no se le han olvidado y que, a pesar de que cada región es especial en sí misma, a la hora de entender problemas locales y globales es necesario considerar a todos los pueblos por igual.

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