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Intolerancia y cámaras de eco

Hace unos meses, escribí sobre la gran diferencia que existe entre nuestras percepciones y la realidad en aspectos clave de nuestra sociedad, como la inmigración. En general, resaltaba en ese artículo, existe una tendencia a aceptar cualquier dato o planteamiento que apoye nuestras ideas preconcebidas, sin evaluar su fiabilidad. El resultado de este fenómeno es fatal: el conocimiento de la mayoría de la población sobre temas clave está fundamentado en supuestos falsos.

En la era de las telecomunicaciones, podemos pensar que combatir las consecuencias de la desinformación es más fácil que nunca. Sin embargo, creo que estamos siendo testigos de lo contrario en las últimas décadas, y que los medios digitales están contribuyendo a la polarización de nuestras comunidades en muchos aspectos.

Para entender esta visión pesimista, imagínese que se encuentra en una sala cerrada e insonorizada, de tal forma que esté únicamente expuesto a su propia voz e ideas. En la literatura angloparlante, este fenómeno se denomina “cámara de eco” y trata de designar la forma en que los ciudadanos se informan actualmente, la cual está caracterizada por usar medios digitales que refuerzan sus prejuicios y creencias.

En los últimos años, la expansión de empresas como Facebook o Twitter han alterado radicalmente la forma en que accedemos a la información. Recopilando datos sobre nuestros patrones de conducta en las redes sociales, estas empresas tratan de mostrarnos un tipo de contenido ajustado a nuestras preferencias individuales.

Inevitablemente, y sin darnos cuenta, las redes sociales crean espacios digitales – o cámaras de eco – donde nos relacionamos con personas que generalmente piensan como nosotros. A priori, esto no tiene por qué ser algo negativo, ya que estos medios conectan a personas con intereses comunes, a pesar de la distancia física que pueda haber entre ellas. Esto es fantástico para aprender cosas nuevas sobre deportes, música, literatura, etcétera.

Sin embargo, las cámaras de eco son problemáticas cuando nos proporcionan información sesgada o desde una única perspectiva sobre temas complejos como la economía, política o migración, donde rara vez existe un consenso claro entre expertos sobre las causas o consecuencias de cualquier factor que estemos considerando. Si únicamente interactuamos con medios digitales o personas que refuerzan nuestras ideas previas, no seremos capaces de entender a los que no piensan como nosotros, y nos distanciaremos de ellos.

Hace tiempo que las cámaras de eco están contribuyendo, en parte, a extender una actitud intolerante por las redes sociales y el mundo digital en general, donde se trata de censurar o ignorar por completo al que tiene una opinión distinta. Ser consciente de esta dinámica es importante para tratar de acercarnos a aquellos que, a pesar de no pensar como nosotros, comparten muchos de nuestros miedos, aspiraciones y deseos. Si, por otro lado, cree que este fenómeno no le afecta y que no tiene por qué escuchar a aquellos que no piensan como usted, le pido que sea más humilde con lo que cree saber sobre otras personas o un tema en particular. Recuerde la idea con la que comencé este artículo: la diferencia entre nuestra percepción y la realidad puede ser enorme.

Sobre el autor

Daniel Gallardo

Daniel Gallardo

De padres gaditanos, nació en la Alemania dividida de 1987. Lo único que tiene claro es que la humildad y el olor de su tierra no se le han olvidado y que, a pesar de que cada región es especial en sí misma, a la hora de entender problemas locales y globales es necesario considerar a todos los pueblos por igual.

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