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El Graderío de la Catedral

Sevilla, ciudad de chuflas

Gran parte de la clase política sevillana lleva décadas mandando un mismo mensaje, desde el gobierno o la oposición, desde las instituciones, las firmas de convenios y las declaraciones en programas radiofónicos locales: el turismo es la clave, el turismo es nuestra única industria.

Nos lo dicen explícitamente e implícitamente, al fin y al cabo, no es un discurso que sea desconocido en la administración autonómica.

Por eso, y por una mera cuestión práctica a la hora de buscarse las papas, en esta ciudad hay mucha gente, que incluso sin habérselo planteado al comienzo de su carrera laboral, acaba trabajando en cuestiones turísticas, en distintas formas y maneras.

Pero Sevilla también sigue siendo cutre, muy cutre, demasiado cutre.

En el carro del turismo hay mucha gente subida, mucha gente profesional y mucha gente… ¡sí! han acertado, cutre.

La Semana Santa, presa de la fiebre del oro turístico, aunque haya a quien le pese, es objeto, sujeto y presa de la calidad y el cutrerío, sin atreverme yo a decir que porcentaje se alcanza de una cosa y otra.

En estas, que a un tipo se le ocurre un negocio y a una amiga mía, que como pueden imaginar anda ganándose la vida en el sector turístico hispalense, le llega una oferta laboral de este sujeto para trabajar durante Semana Santa.

Como en las sevillanas de Victoria Eugenia y Alfonso XIII, la correspondencia es abundante, acordando condiciones laborales, replanteando un par de veces los servicios a prestar. Tiempo invertido a raudales, que se pensaba, se compensaría con el buen resultado del proyecto y su correspondiente remuneración, que por cierto, se había regateado y recortado un par de veces ya.

Mi amiga llegó a decirme que este, digamos, «empresario», parecía algo chufla. Todo tenía un tufillo cutre, un ambiente de desconocimiento notable de los ritos y las reglas en cuestión. Pero proseguía la cosa, al fin y al cabo, era un trabajo bonito y que levante la mano quien no necesite dinero en estos tiempos.

Llegó la semana pasada, a escasos veinte días del Domingo de Ramos, con acuerdo verbal más que demostrable y cerrado, y mucho tiempo invertido en la materia cuando mi amiga, sin esperarlo ni imaginarlo, recibe un whatsapp en que le comunican que no van a contar con ella. Pese a lo cuestionable de romper una relación laboral por este medio, hay una cuestión aún mejor, y es el hecho de no sentir pudor ni vergüenza al admitir que se prescinde de ella porque su trabajo lo realizará un chico salido de la nada, que no ha pasado un proceso de selección que por otro lado, habría sido raro que superase dada su escasa preparación para el puesto. Su único y explícito mérito es ser familiar de un socio del proyecto.

Por lo visto, nuestro retroceso sociolaboral es de tal calado, que te dicen eso en un whatsapp y te tienes que quedar tranquila, tienes que llamar tu para que ignoren tus llamadas hasta que llamas desde otro número y ya de ese modo, puedes mantener una breve conversación absurda que te deja hasta peor de lo que estabas…

No me negarán que al menos lo de chufla se lo ganó a pulso el amigo.

Esta es Sevilla, ciudad turística y cofrade. Patria de muchos proyectos y profesionales excepcionales y también, la de mucho chufla que campa a sus anchas porque el casposerío socioeconómico de la ciudad así lo permite.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

Comentario

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  • Acerca de los cluflas.
    Son muchos, aunque parece que algo menos que hace unos años. Ese típico «sujeto» que pasa de todo (aparentemente), que tiene una «esquisita» forma de hablar, que es lo más y que generalmente se incluye en el grupo de individuos con menor nivel cultural, es el chufla sevillano que incluso a veces adopta el típico apellido de «trianero». Esto es una desgracia como otra cualquiera que no encuentra solución a corto plazo, ya que está relacionado fundamentalmente con la EDUCACIÓN y ésta no es cuestión de un día, ni una semana, ni un mes, ni de un año, sino de muchos años. Así que cada uno que haga lo que pueda por a nivel individual por hacer frente a esta endémica cuestión.

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