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El Graderío de la Catedral

Culpa o responsabilidad

Entre tantas cosas que tienden a confundirse en estos tiempos que nos ha tocado vivir, veo con frecuencia esa incapacidad de mucha gente, y hasta de muchas personas, de distinguir entre la culpa y la responsabilidad.

Juan y Medio, que no siente ni una ni otra, hace lo que de él se esperaba ante el escándalo por la “broma” a su compañera de programa. Lamenta mucho (seguro que de todo corazón) si ha ofendido a alguien, y punto redondo. Si te ofendes, se siente, si no te hace gracia, igual, pero nada le concierne a él directamente; problema suyo no es.

Por supuesto, para rematar, la copresentadora objeto de la broma afirma que estaba pactada, conforme, etc. Bien se le podría aplicar la sentencia de San Bernardo de Claraval: “La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento”. Con o sin pacto, la escena y su horario no entraría en lo que podríamos considerar, una conducta ejemplar.

Porque lo que estos presentadores del ente público parecen desconocer es que, superado el ámbito de la culpa, las víctimas y los verdugos, que resulta a fin de cuentas algo secundario, la consecuencia final de esto es que hay una responsabilidad, mayor si cabe cuando se trabaja en un medio público, que es la que debería impedir que se pactaran, acordaran, consintieran y llevaran a cabo “bromas” de este tipo, y les pongo comillas porque las bromas, por su definición natural, deben hacer gracia, y esta, además de todo lo negativo, ni siquiera era muy divertida.

Si no se sabe hacer humor de otra manera, lo cual es muy triste, pues bueno, que prosigan con esto, pero al menos que no sea ni con nuestros impuestos ni en una cadena pública. Si lo ajustamos a un horario en que personas con capacidad de discernir lo adecuado de lo inadecuado sean las únicas que deban estar frente al televisor, mejor.

Por supuesto, hemos vuelto a tener manifestación de la “Guardia Pretoriana de la Incorrección Política”. ¿Cómo iban a faltar a semejante baile?

Entre todos sus desatinos, como que la gente tiene la piel muy fina, que ya todo es malo cuando siempre se ha hecho y no pasa nada, amén de varias excusas más, mi favorita fue una corriente de opinión que presentaba una foto de Paz Padilla quitándole una chaqueta a un chico en un programa, que por los comentarios era Sálvame.

Una vez más guerrita de sexos, tan estúpida e incoherente como suelen serlo siempre estas cosas: “Si lo hace una mujer no es malo, blablablabla”.

Primero de todo, era una foto, para juzgar había que ver la escena y el contexto. En cualquier caso, quitar una chaqueta, o ayudar a quitarla, se me antoja menos agresivo escénicamente que cortar la ropa de alguien que, ficcionando o no, parece negarse y resistirse a ello.

En cualquier caso, no voy a disculpar a Padilla o a quien guionizara lo que fuera que hizo, pero al menos esta señora está en una cadena privada. Una cadena muy cuestionable en un programa más cuestionable aún, pero que se autofinancia con sus propios medios, los cuales obtiene de marcas y anunciantes que aceptan exponerse ahí, y con los que además, la cadena y sus productoras suelen hacer frente a multas, demandas y sanciones que les son impuestas con bastante regularidad.

La culpa de lo ocurrido en el programa de Juan y Medio está muy repartida, como el Gordo de Navidad; pero la responsabilidad, esa, está más centrada, y no hablo sólo del presentador almeriense.

La noche del sábado, en el Auditorio Rocío Jurado, Noa y Pasión Vega cantan deseando que algún día las mujeres sean libres. Lo cantan y se piensa en mujeres con grandes opresiones, víctimas de guerras y conflictos que aumentan su falta de libertad. Pero yo también pienso en las mujeres sin libertad de aquí, en las que como en la fábula del elefante, ya ni necesitan una gruesa cadena, en las que reivindican que no son víctimas porque pactaron, desde su libertad, una “broma” desacertada y machista.

Y es curioso, porque la victimización es en lo último que yo pensé, y quizás eso también está mal por mi parte, pero lo grave de verdad me parece difundir esta conducta, tratarlo como una cuestión banal de humor que puedes entender o no, y no comprender que estas cosas implican un daño mayor, y que ante eso, la responsabilidad es una carga con la que se debe contar.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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