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El Graderío de la Catedral

8 de Marzo: El día irremediable

Hace poco tuve que rellenar un formulario personal, y sometiéndome al autoanálisis que estas cosas pueden suponerte, llegué a escribir: “Feminista porque no me quedó otra opción posible”. Y es que cuando no existen los caminos fáciles, sólo te queda el camino irremediable.

El 8 de Marzo presenciaremos ese bochornoso espectáculo en que en redes sociales, y barras de bares que también son sociales y redes, muchos preguntarán: ¿Y cuándo va a ser el día del hombre?

Lo harán, ignorando los siglos que ya se les han consagrado, porque la estupidez en este país llega al extremo de que si mi vecino tiene una pierna rota, yo quiero tener las dos; y si cualquier opresión o injusticia tiene un día reivindicativo, yo quiero también estar en ese lado de la historia, en lugar de pensar lo triste que es conmemorar un día que en un funcionamiento normal, correcto y óptimo de la sociedad, no debería ni existir.

Nunca he contado cuantas piezas, líneas o palabras he tecleado para este medio. Deben ser bastantes. A gala llevaría el título de ser la mujer más veterana de Sevilla Actualidad si ello no tuviera tantas implicaciones poco envidiables. Probablemente habré sido también la más criticada, insultada e incluso, amenazada. Enumerar estas cosas puede sonar hasta pretencioso, pero créanme que no voy por ahí. 

Durante estos siete años largos, he visto como mis compañeros recibían alguna crítica reprochándoles no haber contrastado una noticia, he sabido que los acusaban de no hablar con todas las partes, o de dar alguna historia con retraso. En el plano de la sección de “Opinión”, he visto desacuerdos, comentarios porque algo estaba mal escrito y creo que algún comentario cuestionando la veracidad de lo escrito. Pero nunca he visto que les ataquen por su físico, que les juzguen por tener cara de tal o cual cosa… Tampoco he visto que afirmen con rotundidad y poca educación que no tienen idea del tema. No les espetan que no debieran escribir aquí, ni les indican en qué lugar deberían estar o que otras cosas es conveniente que hagan. Jamás he leído que cuestionen los motivos que los han llevado a opinar y decir según que cosas, y nunca, pero nunca, leí que merecieran morir a cuenta de lo escrito.

Lamentablemente, todo eso me ha pasado una, dos o más veces. Durante mucho tiempo quise pensar que era por cuestiones de índole diversa: no se puede caer bien siempre, hay personas con un don para despertar la polémica, hay temas controvertidos que desatan lo peor del personal… Todo eso probablemente sea cierto, pero también lo es el irrefutable hecho de que si yo no fuera mujer, habría recibido otra serie de manifestaciones en todos estos años; probablemente más dirigidas hacia mi trabajo y menos hacia mi persona.

Y lo explico para mentes suspicaces deseosas de ver el deterioro de los intocables derechos masculinos. En ningún momento afirmo que a mis compañeros se les deba tratar como a mí se me ha tratado: al contrario, no deseo eso a nadie y más bien reclamo que a mí se me trate con el mínimo respeto que debiera ser inherente a cualquier persona.

Ser mujer, según determinados anuncios, es lo más maravilloso que puede pasarte. Una pena que la publicidad actual suela quedar en la superficie de cualquier cosa que exija más calado.

Simone de Beauvoir sentenció una época con su famosa frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

Amelia Valcárcel afirmó que era feminista por una cuestión de justicia.

Ser mujer y ser feminista no son sinónimos, claro está, pero hoy en día, o en un día como hoy, podrían ser conceptos muy cercanos, al menos para alguien como yo, que ya sea por llegar a serlo, por justicia o porque estando la cosa como está, no queda otro remedio.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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