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El Graderío de la Catedral

Navidad: patrimonio de nadie

Con el poco espíritu navideño que tengo, he pasado y analizado todos los discursos posibles: el anticapitalista, el religioso, el de la fraternidad por la fraternidad, el de no quejarse y sonreír venga lo que venga, el fatalista, el mimético con el entorno…

Nunca se sabe cómo acertar, si es que acertar es posible; del mismo modo y manera que nunca se sabe cómo se van a encartar las fiestas y sus complementos. Al decir esto de que nunca se sabe, no puedo dejar de acordarme de aquel relato y aquella mujer que nos puso los vellos de punta contando cómo es una Nochebuena en la calle, cómo es de duro estar al raso mientras sabes que la gente está en su casa celebrando la Navidad.

No es casual que esta semana, desde la capital de nuestro democrático reino, nos hayan llegado declaraciones de sacerdotes que cuestionan el comportamiento de la Iglesia para con ciertas personas; sin dudar de dónde está el bien, dónde está el mal, y dónde está Cristo en toda esta ecuación.

Si alguien no sabe a que me refiero, sólo tiene que navegar un ratito por la red, y probablemente, además de las opiniones que comento, encontrarán a detractores, que se consideran católicos hasta el infinito y más allá, por lo que poseen autoridad para despreciar a “curas rojeras”, por utilizar el calificativo más suave que emplean.

Los curas rojeras no tienen buena prensa en ciertos sectores, y yo me pregunto si también son estas voces las que se entretienen en quejarse mañana tarde y noche diciendo que la iluminación y los espectáculos navideños de la ciudad, no son de pura Navidad, porque no son lo suficientemente cristianos.

Nunca dejará de admirarme lo atrevida que es la ignorancia, o quizás simplemente es desvergonzada. Supongo que esta gente que opina, desconoce que la Iglesia Católica situó sus fiestas sobre las dispuestas en los calendarios paganos, porque aquí no escaseaban las ideas, y fue muy estratégico lo de aprovechar la querencia popular, que el personal ya tenía de la celebración, y arrimar el ascua a su sardina; o a sus propias sacras festividades.

De sobra es conocido que Jesús no nació ni el 24, ni el 25, ni el 31, ni siquiera el 1. Del mismo modo, no se sabe ni quiénes ni cuántos eran los Reyes Magos, que probablemente tenían de monarcas lo que yo de ingeniera aeroespacial.

La Navidad no fue más que una excusa y una adaptación, un esfuerzo brutal por encajar acontecimientos, cuestiones convenientes, factores varios que compusieron un apaño celebrativo, que por los motivos que fuera, así se quedaron.

Pero sobre estos singulares cimientos, se acomodaron otros elementos: tradiciones sobrevenidas, costumbres y ritos que no sólo beneficiaban a la Iglesia, sino a aspectos comerciales variadísimos.

Y ahora, las mentes preclaras de esta urbe, que otra cosa no, pero mentes de estas tenemos para exportar, dicen que la iluminación no es navideña, que el espectáculo no es acorde con la Navidad… Pero, ¿de qué estamos hablando?

Navidad podría ser ya casi cualquier cosa, porque de primera hora ha sido un invento lleno de parches, apaños y remiendos, lo que por este rincón del Sur llamaríamos un pastiche, y en ese estado de cosas, es como estúpido ponerse integrista, purista y cualquier otra cosa acabada en “ista”.

Esta necesidad de trazar una línea entre el bien y el mal es agotadora, más aún si se hace sobre una cuestión tan difusa como la navideña, donde a poco que rasques te das cuenta de que jamás se tendrá una versión realista y convincente de la historia.

Por eso, vivan las fiestas como mejor puedan, quieran y sepan. Sientan la fortuna de tener a gente amada cerca, incluso la de tener a gente menos apreciada lejos, si es que tienen tal suerte.

Regalen con el corazón sin perder la cabeza. Coman y beban para arrepentirse en dos semanas, y hagan de la Navidad lo que quieran, porque ella será lo  que quieran que sea.

Antes de ustedes, ya hubo quienes amoldaron la festividad a su conveniencia, así que nada de culpas, que todo está inventado, y digan lo que digan, esto no es patrimonio de nadie.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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