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serrato-12-sept-2016
El Graderío de la Catedral

«Trabajo Social», no «Voluntario»

No es la primera vez que cierta ONG, generalmente con renombre, y hasta «prestigio», lanza una oferta supuestamente laboral, y digo supuesta porque todo respondería a una oferta de este tipo si no resultara que la remuneración se especifica como «Voluntariado», que va a terminar por ser el «Dios te lo pague» de este siglo.

Me hizo hasta ilusión que mi amigo Manu se indignara con aquella oferta. Eso demuestra que aún hay alguien en este perro mundo que tiene la capacidad de reconocer el valor del trabajo ajeno y propio. 

Evidentemente, también tengo la capacidad de reconocer el valor del trabajo, pero en cierto modo  estoy muy mal acostumbrada, como la mayoría del gremio del Trabajo Social, sobre todo de las promociones más recientes, carne fresca para sostener ese nuevo voluntariado que se han inventado, pervirtiendo interesadamente la naturaleza de este término.

Más de una amiga y dos se han visto en el comprometido caso de ir a alguna asociación para dejar su CV, recibir una llamada, una cita,, pasar dos entrevistas como si de un trabajo se tratase,  escuchar una larga lista de atribuciones y responsabilidades, que conformarían la jornada laboral de cualquier persona, para terminar diciéndote que se trata de voluntariado, date con un canto en los dientes mona, que es de lo tuyo…

La culpa llega a parecer nuestra, por haber elegido una profesión socialmente considerada como bonita, con ese toque de compasión que solemos dar a las cosas que realmente no valoramos. A ti te gustaba esto, por eso lo estudiaste. Ayudar a la gente, salvar el mundo, cosas de esas de buena persona, cosas que no se pagan con dinero, por eso no te lo ofrecen. Y por supuesto, las asociaciones hacen lo que pueden con las cartas que les han tocado; recortadas de fondos, tiran la caña con lo voluntario, que siempre habrá peces que piquen… ¿por qué? Pues porque tienen algo de razón, si te gusta este trabajo y desconoces un poco los límites de lo voluntario… Además de otros señuelos, claro está: los tradicionales «meter cabeza», «coger experiencia», incluso «por hacer algo». Luego, en las entrevistas de trabajo de verdad te piden acreditar la experiencia con vida laboral, contratos, nóminas, papelitos poco voluntarios que no tienes, pero a ver quien tiene la osadía de decir que el salario inmaterial no le llenó el corazón.

Y no me malinterpreten, que hay quienes están deseando hacerlo casi por sistema. No es un panfleto contra el voluntariado, líbrenme los dioses de tal cosa. He sido voluntaria, conozco la ley, y aún hoy día desempeño funciones en este sentido. Por eso sé que es algo maravilloso si se hace con conciencia, con conocimiento y con libertad. Sé que no es un trabajo y que no debe serlo, y estaría muy bien que en algunas entidades no se les olvidara esto.

Sobre el autor

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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