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El Graderío de la Catedral

La Transición de Pedro Altares

Leo en El País el artículo póstumo del periodista Pedro Altares, y casi me arrepiento de no haber hecho un pequeño esfuerzo por conocer a un hombre del que por amistad materna con su familia, siempre se habló en mi casa y como digo, no llegué a conocer como me habría gustado.

Mercedes Serrato. En este último artículo, brillante hasta decir basta con una lucidez que reconozco en pocos periodistas actuales, Pedro hace un repaso por la historia de nuestro país, deteniéndose en ese episodio que fue la tan celebrada ‘Transición’.

Muchas  veces lo he comentado, y todas esas veces me he ganado una mirada reprobatoria de mi interlocutor, cuando he afirmado rotundamente que pese a su bombo y renombre, a mí me parecía que la transición española era un proceso con grandes deficiencias que se podía haber hecho infinitamente mejor. 

Y es que el español, ser dado a la santificación ignorante y a la idolatría porque sí, no suele aceptar de buen grado cosas de este tipo. Para colmo de mis males, si la conversación transcurre con alguien que me dobla la edad me acabo ganando un “tú no estabas allí”, que parece la respuesta comodín que zanja y soluciona todo; casi obligándome a pedir perdón por no haber nacido antes.

Por eso, esas palabras de Altares que viajan ya a través del tiempo, confirmando que fue genio y figura, me reconfortan, como si alguien con criterio me diera la razón, como si por primera vez alguien no me mirara con desapruebo en este tema.

Excepcional el repaso a través de su propia trayectoria profesional por una España que no era consciente, o tal vez sí pero no quería serlo, del cambio mayúsculo al que se enfrentaba. El periodista radiografía aquella sociedad y esta con una claridad que se agradece mucho en un país en el que parece que si llamas a las cosas por su nombre no eres ni político ni correcto.

Tiene el añadido de que lo dice alguien que sabe de lo que habla, que tampoco es usual en los últimos tiempos, y como broche de oro, cargado de una humildad admirable, Pedro Altares pide perdón por haber participado directa o indirectamente de un proceso que algunos usan para darse lustre y que él, al igual que servidora, considera lleno de lagunas tan grandes que hoy día arrastramos como el problema del Sáhara, la innecesaria presencia de la Iglesia como censor del Estado o el rey, al que de una forma genial que me ha arrancado una carcajada, el veterano periodista se lamenta de que en su día no lo metieran en un tren rumbo a Irún.

A veces la vida nos deja despedirnos, otras veces cruelmente no. Ignoro si él sabía que iba a ser su último artículo, si en algún momento pensó que sería su despedida de tinta; pero puede que importara poco, estoy segura que de haberlo sabido no lo podría haber hecho mejor. Gracias a Pedro Altares por sin saberlo ni conocerlo, haberme regalado una última verdad, y un abrazo infinito a Juan Altares, por todo.

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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