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mercedes-21-marzo-2016
El Graderío de la Catedral

A ti, que me aguantas

Hoy, que es Lunes Santo, que se mira al cielo, que si la lluvia da tregua la ‘Verdadera Cruz’ saldrá de la fresca sombra de su capilla y quienes venden tamborcitos y trompetas de juguete se preparan para encandilar a esa tierna infancia que luego soportarán otros, yo quiero pararme, antes de salir de casa, y pensar en ti.

Útimamente lo hago mucho, siempre he intentado hacerlo, pero en estos tiempos que corren lo hago mucho más. Intento ponerme en tu sitio, y cuando lo hago, casi no me alcanza la mente para entender como tú puedes ponerte tantas veces en el mío. Claro que a ti casi te lo imponen, piensas en mí aunque no quieras, te fastidias por mí y casi nunca me entero.

Yo, y tanta gente como yo, provocamos que tu vida esta semana se aleje de nuestras poéticas interpretaciones. Ni has sentido una dulce espera, ni la vida se concentra en esta semana, y maldita la gracia que te hace que las calles de Sevilla sean en estos días el más hermoso escenario barroco.

Hoy sale, o debería salir, Santa Marta ¿sabes? Tal vez sí lo sepas. Es la patrona de los hosteleros, y es este gremio el que fundó la hermandad. Tal vez tú, o gente que piensa y siente como tú, se dedica en estos días a la hostelería. Te afanas en sacarle partido a la semana, ya que otra cosa no cabe sacar de esto, y aunque eches más horas que el Velázquez de la plaza del Duque, algo te compensa.

Yo y la gente como yo te cortamos las calles, te decimos por donde puedes pasar y a que hora, pero no te garantizaremos cuanto tiempo tardarás en hacerlo.

No quiero excusarme, pero me educaron en esto. Sin pretenderlo de manera directa, crecí pensando que era maravilloso tomar las calles, convertir las esquinas en un lugar de deleite, llegar a la noche cansada, aún en posesión de las calles, embelesada por eternos cortejos luminosos que te dejan la calzada chirriante y resbaladiza por un tiempo, para que te acuerdes de que durante unos días, colonizamos tu espacio.

A veces, como tanta otra gente cofrade, lloro. No te puedo explicar por qué, es complejo contar algo así en tan poco espacio, pero tal vez, si fuera tú, llegaría a llorar de rabia y desesperación, cuando como única explicación, alternativa o excusa oyera: “A quienes no les gusta la Semana Santa que se vayan a la playa”.

Probablemente tú no tienes esa opción, y esa semana intentas tomarlo todo con filosofía, sin molestar para que no te molesten, en algún tipo de aislamiento que permita que yo tome las calles en nombre de la Fe, la tradición, los siglos, el Cardenal Niño de Guevara y la curiosa morterá que el turismo deja.

Mi libertad religiosa, de culto y de expresión pasa por que roce, o incluso cruce el límite de la tuya, y eso no lo piensa nadie, mucho menos te lo agradecen, de una disculpa ya ni hablamos.

Por eso hoy, que estoy cansada, y pendiente del cielo, de la radio y el twitter, quiero hacer todas esas cosas, agradecerte tu paciencia, pedirte perdón por mi insolidaridad y pensar en qué otra forma habría para hacer las cosas de manera que la semana que yo adoro no sea la que tu más detestas.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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