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El Graderío de la Catedral

Vivir en tu clase

La misma gente que se cree politóloga por tener Twitter y ver debates en La Sexta, sufre epifanías sociológicas viendo Salvados.

Esto es España, se puede ser lo que se quiera, igual que a mí me dejan opinar aquí aunque haya quien me considere indigna de semejante privilegio, como si desde el Graderío pudiera yo agitar a las masas…

Reflexionar a estas alturas sobre el sistema de clases es algo que no me molesta que hagan a mi alrededor, pero que yo no necesito. Superado el esquema de Marx, la planificación de Keynes y la amalgama de falacias en que vivimos, soy consciente de mi pequeño puesto en el organigrama mundial, y no me acomplejo por ello. La insignificancia llega a doler menos que la mediocridad, en serio.

Perteneciente a esa clase social que se beneficia de las facilidades ofertadas por nuevas opciones al viajar, he logrado conformar un bonito álbum de recuerdos mentales en diversos rincones de Europa; no muy extenso pero tampoco me quejo.

Hay momentos de fugaz felicidad cuando se viaja. Tal vez, la fugacidad sea el exponente que determina que la felicidad es plena…

Recuerdo aquel escalón de aquel portal. La casa hacía esquina, y mi hermano y yo estábamos allí sentados, comiendo el mejor gofre de nuestras vidas, pendientes de no estorbar el tránsito del vecindario y en mi caso, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no mancharme de chocolate. Al final de esa calle se arremolinaban los flashes entorno a la fuentecilla de un niño haciendo pis. Días antes de aquello, habíamos visitado el estadio local, que se encuentra cerca del Atomium. Hago el esfuerzo de imaginar ahora ese metro interrumpido, esas calles, esa ciudad sumida en una especie de espera de la fatalidad.

Hace una semana me pasaba lo mismo con París, recordando el viaje de este verano, el miedo que ya entonces se percibía en la ciudad por la que el primer rey Borbón sacrificó su religión.

Hay una inquietud peor, la de las ciudades donde no has estado, pero donde habitan los tuyos. Un grupo whatsapp familiar tranquiliza, pero no lo suficiente. En Hannover al final no hubo daños que lamentar, pero el susto y la intranquilidad por mis primos está ahí.

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Sevilla Actualidad

Mercedes Serrato

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