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El Graderío de la Catedral

Tarde de domingo

Probablemente sea la tarde más deprimente de la semana; es casi inevitable. Aunque se intente pasar un buen día, con distracciones, incluso con alguna dosis de alcohol, siempre hay un momento en el último día de la semana en que te sientes miserablemente triste.

Este domingo ha sido bipolar. Gracias a una amiga, consagré un rato en leer un maravilloso artículo de Edgar Morin en Le Monde Diplomatique, en francés, para redondear la pedantería. Estar enfrascada en el debate epistémico del concepto de Humanismo y sus necesarias implicaciones universalistas no es suficiente para arrancarte del contexto en que, para bien y para mal, vives.

En Twitter una señora o señorita intenta increparme, con más carencias ortográficas que ingenio, por haberme burlado del «Yo, por sevillanas». No he utilizado palabras como acto, manifestación o evento, por no saber cual aplicarle a semejante cosa, a la que por cierto, tampoco pretendo dedicarle una palabra más. Pero los comentarios de la tuitera se cargan a Morin de un plumazo; al carajo el nuevo Humanismo, en Sevilla no necesitamos de eso.

Aquí nos basta con la pieza dominical de Carlos Navarro Antolín. Este periodista me despierta intermitentes simpatías. Pese a diferir mucho en lo ideológico y lo moral, no puedo evitar reírme de tarde en tarde con algunas de sus ocurrencias. Pero desgraciadamente no es mutuo, todo lo contrario, puesto que hace unos meses me di cuenta de que don Carlos me tenía bloqueada precisamente en Twitter, sin haber mediado nunca ni setenta caracteres entre nosotros.

Es una maldita tarde de domingo, intentemos ver lo positivo. Al fin y al cabo,  es una suerte no ser del gusto de Navarro, porque vaya telita lo que hay que leerle a veces. Lo de esta semana sería para ir pegándole encima de la edición papel artículos de Larra que omitieran esa parrafada escrita al mayor honor y gloria de Manolo García, y no hablo del cantante precisamente.

Eso sí, lo mismo hay algo de mala leche sepultada en el subsuelo del sarcasmo, cuando el periodista reitera como Manolo García trabajaba en el Ayuntamiento para la coordinación del funcionamiento y la seguridad de jefes de estado y personalidades varias.

Reiterar esto en varios párrafos, cuando la Macarena pasa por ser actualmente uno de los cortejos peor organizados de la Semana Santa no deja de tener su gracia. Menos mal que los líderes mundiales traerían su propia organización, de no ser así se habrían visto muchos numeritos en esos años

Y esto es Sevilla, con sus redes, sus diarios y sus pareceres. Mataría porque Edgar Morin le echara un vistazo a todo esto, aunque claro, el artículo en Le Monde Diplomatique sería demoledor…

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Mercedes Serrato

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