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El Graderío de la Catedral

La gripe del elefante

Dos hombres se suben a un tren en la India y se sientan uno frente a otro. Uno de ellos, sistemáticamente, arranca hojas de un periódico, las arruga en una bola y las lanza por la ventana. Intrigado durante todo el camino, cuando ya casi finalizan el viaje el otro pasajero le pregunta por qué ha ido haciendo eso; muy orgulloso, el otro responde que es un método para espantar elefantes. Más impresionado aún, el segundo viajero dice: “Pero…¡si no hemos visto ningún elefante en el camino!” a lo que el otro con gran flema contesta:“Por supuesto ¿no ve que he hecho esto todo el viaje?”.

Mercedes Serrato. A menudo recuerdo esta historia, porque pienso que esto nos ocurre a diario. Convivimos día a día con epidemias, catástrofes, cosas que se nos vendrán encima y vaticinan poco menos que el fin del mundo. Y no es que piense que no debemos darle importancia a ciertas cosas, pero ya he conocido a dos personas que han pasado la temida gripe A, y están tan ricamente.

 

Entiendo que saltara la alarma social al principio, cuando se complicaron algunos casos y se produjeron fallecimientos; pero una vez que todo parece bajo control, la epidemia de 2009 no tiene más importancia. No sé si estas personas que refiero cometieron el error de dar dos besos en lugar de decir “hola”, pero nadie de su entorno (personas que viven bajo el mismo techo) se han contagiado.

Comenzó el periodo de vacunación, y servidora además de que no pertenece a un grupo de riesgo, o eso creo, no piensa aportar más virus a su cuerpo. Con la suerte que tengo seguro que enfermaría nada más inyectarme lo que quiera que lleve eso. Casi me he planteado estos días que debería intentar contagiarme, para pasar el trago cuanto antes y no angustiarme todo el invierno por la amenaza de padecerla; al fin y al cabo una es humana, y estos miedos sociales acaban pesando un poco aún en el carácter del más escéptico, como ya ocurrió otras veces con otras cosas.

Sin pensar mucho, me vienen a la mente la gripe aviar o las ‘vacas locas’, esta última con el componente cómico de los políticos comiendo de todo para demostrar que no había nada que temer…Quizás el ejemplo clave estaba en el ‘Efecto 2000’, cuando parecía que el mundo se iba a venir abajo porque informáticamente tendríamos una catástrofe antesala del Apocalipsis, de la que no nos podría salvar nadie y… aquí seguimos.

Sólo hay algo en todos estos negros presagios del siglo XXI que sí me preocupa realmente; el Cambio Climático, ya que no es normal el tiempo que tenemos para ser Noviembre. Aunque por otro lado, dos noticias hicieron que me esperanzara algo en estos días. La primera es saber que otro de los grandes males que recuerdo desde la infancia, el agujero de la Capa de Ozono, se cerró. Increíble pero cierto, fue dejar de usar los famosos CFC (Clorofluorocarbonos) y todo se arregló.

Por otra parte, la NASA confirma que no se acaba el mundo en 2012; aunque claro, tal y como está el panorama ya no sé si eso es bueno o es malo. De  todas formas, pase lo que pase, cuando ocurra algo bueno, o no muy malo, seguro que más de uno se apuntará el tanto de haber estado tirando bolas de papel todo el tiempo por la ventana.

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Sobre el autor

Christopher Rivas

Christopher Rivas

Licenciado en Periodismo y Máster en Sociedad, Administración y Política, puso en marcha el 'Proyecto Deguadaíra', germen de Sevilla Actualidad. Ha pasado por El Correo de Andalucía, Radio Sevilla-Cadena SER, o Canal Sur. Es miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

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