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El Graderío de la Catedral

Prostituyendo la libertad

No sé si se han fijado pero tengo un correo de aludidos en esta página. La verdad es que ni me atrevo a publicitarlo mucho en vista de lo que ahí me llega; con decirles que al final el momento de gloria álgido de ese correo se vivió cuando me escribió Antonio Burgos.

Hace unas semanas me llegó un mensaje a esta cuenta que tenía pinta de correo masivo, por congraciarme con la RAE y no decir «spam». Se trataba de una llamada a la libertad religiosa pidiendo la prohibición de la construcción de una mezquita. ¿Paradójico? un poco. El texto, de redacción muy mejorable, era una alocada composición de argumentos en que llamaban a la ciudadanía a preservar la libertad, alegando no tener nada en contra del islam pero pidiendo que nos negáramos a que se edifique una mezquita pues debíamos conservar nuestro estilo de vida. Incluso se comentaba algo de votar en conciencia con esto.

También enlazaban una página de Facebook que a mí me sale como inexistente, y una petición a firmar en una famosa plataforma de estas lides. Lo malo no es esto, se puede crear una petición para protestar por la desaparición del sifón en los bares si se quiere, pero sería deseable al menos que los argumentos sean menos falaces; no utilizar el término «libertad religiosa» si se pide la prohibición de un templo religioso, asumir que el islam no es obligatorio, al menos por estos lares, cosillas sin importancia que no insultaran la inteligencia de quien lee. Ya la cuestión de que deberíamos recuperar la convivencia cultural que no sé si alguna vez tuvimos, pero que siempre ha sido deseable, ni la menciono, a saber que piensan de tal cosa los tolerantes estos.

Intrigada por esta demente historia he bicheado por las redes aunque no he conseguido nada en claro. Por un lado he leído que lo de la mezquita es un bulo, por otro, que Zoido y gente de la Cámara de Comercio se han reunido con los promotores de la idea. En este sentido, se habla de un centro no sólo religioso sino que también sea un espacio cultural y de ocio; cuestión hasta cierto punto lógica pues las mezquitas implican una dimensión social que no es tan frecuente en templos de otras religiones.

La conclusión tranquilizadora de todo esto es el bajo número de firmas que tiene la petición; se agradece un rayo de cordura en esta historia. Es esperanzador este abandono a la islamofobia, que la gente haya discernido que en nombre de la verdadera libertad religiosa y de culto, no se suscriba algo que, con todo el respeto, no tiene pies ni cabeza.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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