La vida después del «cambio»
El Graderío de la Catedral

La vida después del «cambio»

Podríamos decir que el panorama político se había puesto un poco en plan: «O jugamos todos o partimos la baraja». Y ahora, pasada la convulsa jornada electoral, estamos con más cara de póker que nunca.

Mientras tecleo esto, aún no hay un resultado definitivo en Sevilla capital, aunque la polarización es clara. Para quien notó como le temblaba el sillón, los votos que faltan no cambiarían nada, para quien espera el giro, esas papeletas lo son todo. Sea como fuere, es inadmisible no tener datos concluyentes y hace que las mentes se disparen, y no se disparan para pensar bien precisamente.

Dejando a un lado la previsible caída del PP, el sentimiento es agridulce. Tras lo ocurrido en el Parlamento Andaluz, que aún no tiene desenlace claro, se esperaba un auténtico cambio a nivel local. Cambio, ¿se han parado a pensar que bella palabra? Tiene esa sonoridad rotunda que sólo el castellano otorga a los vocablos comunes, cambio… Tal vez haya que poner el ojo en Cádiz, donde podría derrocarse el «Teofilato» que en esa ciudad era ya algo endémico. Años de oposición inútil han demostrado que no había cambio posible hasta que no llegara alguien como el Kichi, alguien con quien la ciudadanía se identificara, alguien que dijera que si hay pacto, el resto de partidos deberán retratarse, un comparsista de Rotherdam, como Erasmo, que al menos parece tener ganas de hacer las cosas bien hechas.

Cambio ¿dónde está? Puede que en Madrid o Valencia, pero si se escucha a Susana Díaz te echas a temblar… ¿Quién le ha enseñado a esta mujer a interpretar así los resultados? Admito que ansiaba un giro radical, una palpable patada al bipartidismo, la famosa baraja saltando por los aires, y eso no se ha producido; pero pese a todo, la semilla del cambio parece plantada, quizás necesita más tiempo, necesita resultados, comprobar si funciona esto de la pluralidad de partidos. El bipartidismo no ha muerto, pero está muy enfermo y bendito sea el virus.

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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