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El Graderío de la Catedral

Lunes sin resaca

Aquel mítico doblaje de aquella mítica película decía que la lluvia en Sevilla era una pura maravilla… Fue una pena que no rimara la verdad del asunto; la lluvia en Sevilla es algo necesario, a veces urgente, apremiante.

Desde que nos quitaron el «Lunes de resaca» el sevillano feriante se busca otras mañas para sobrevivir a la festividad abrileña, con la triste consecuencia de que la jornada consagrada a los fuegos artificiales es la más despoblada de la semana. Este año si se ha contado con la presencia de la lluvia, y a mí me pareció algo metafórico. La lluvia refresca, limpia, despeja… Algo así como el bálsamo poético de la resaca dominguera, la purificación tras el exceso de lo excesivo.

En años anteriores se asombraban periodistas y peatones de lo limpios que podíamos llevar los zapatos los feriantes. Se hablaba de un producto maravilloso que asentaba el albero evitando incomodidades propias de ese peculiar acerado que tiene nuestro Real donde los animales transitan por el empedrado y los seres bípedos por la tierra… La cosa debe ser que no había presupuesto este año para el preciado producto porque el calzado y las gargantas han padecido sin tregua alguna los efectos primarios y secundarios de la citada arena.

El año que viene garantizo que esto no pasará… Lo garantizo porque sé a ciencia cierta que si le comentara a Zoido o Serrano la cuestión, responderían eso sin dudar una micra de segundo. El alcalde, bien por convencimiento de que seguirá aposentando sus posaderas en el sillón actual o bien por una simple cuestión taurina, ofrecer brindis al sol, anda como un loco repitiendo: Se hará el año que viene… Se mejorará el año que viene… ¿Por qué no lo hizo este? Nadie lo sabe.

Menos mal que vino la lluvia para aclararnos las ideas, como lo hizo tras la Semana Santa. Necesitamos despejar el alma y los sentidos para retomar la cotidianidad y lo más importante, para que cada cual aporte su particular visión de cómo arreglaría los innumerables problemas de nuestras fiestas, esas que el equipo de gobierno mimará el año que viene.

Mientras, el resto de problemas ciudadanos quedarán en un segundo plano, pocas cosas afianzan tantos votos como la jarana, y eso Juan Ignacio, que andará lúcido y con los zapatos relucientes, lo sabe de sobra.

Sobre el autor

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Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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