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El Graderío de la Catedral

Casta

La que está cayendo es tan tremenda que daría para ir a ritmo de columna diaria, y no les hablo de los literales chaparrones que descargan sobre Híspalis en estos días, hablo de las lluvias torrenciales que con rayos y truenos golpean al bipartidismo.

En el PP parece que se están haciendo un harakiri político, algo parecido al final de Madame Butterfly pero sin esa elegancia dramática que tiene la protagonista de la ópera. Y podríamos decir que varios de los males provienen del mismo hombre; ‘mi progre’ favorito.

Alberto Ruiz-Gallardón además de ser un hombre detestable es muy desconcertante. Todo el falso progresismo que había vendido durante toda su vida política se esfumó al cruzar la puerta del Ministerio de Justicia, y una vez sentado en el sillón, mordió la mano que lo había alimentado de votos. Con las tasas judiciales consiguió descontentar a un importante número de acérrimos peperos y luego, como remate, el aborto. Bueno, el auténtico remate ha sido el que Mariano le ha dado a él, porque se entiende que Rajoy le ha dicho que las elecciones cada día están más cerca, el horno está para pocos bollos y que vamos, literalmente, a no tocar los ovarios.

Ahora sí que la han hecho buena porque a quienes jamás les hemos votado no nos han convencido de nada, pero es que a quienes confiaban en que este partido valiente defendería los íntegros valores de la familia, la verdadera religión y alguna falacia más, les han dado poco menos que una patada donde ya se imaginan… Así que ahora Alberto se la envaina y a las horas que escribo esto, se sigue rumoreando que es probable que protagonice una deshonrosa salida digna, si, han leído bien; no puedo catalogar de otro modo esta ridícula fantochada.

Y luego está el PSOE, un partido donde muchos tienen familiares que no se pierden Sálvame, que les mandan whatsapps de alerta cuando un votante de toda la vida amenaza con no entregar más su papeleta al puño y la rosa. De estos hay muchos, claro, pero si el fulano en cuestión es Jorge Javier Vázquez la cosa cambia y Pedro Sánchez en persona llama en directo para entonar una especie de lastimero: No te vayas todavía, no te vayas por favor. ¿Va a hacer lo mismo con todos los decepcionados?

Porque en ese caso va a necesitar una tarifa plana de las buenas de verdad. Pero inasequible al desaliento, el bueno de Pedro no para de cavilar, quiere ser popular, o para evitar los símiles gavioteros, diremos que quiere ser populoso, y si para ello tiene que debatir con hormigas de peluche o reírle las gracias a Risto, pues allá vamos. Un debate serio en La Sexta no, eso es más aburrido y tal vez se destina a un público más… voy a dejarlo en más.

Total, que entre unos y otros la cosa está bien entretenida. Es lo que tienen los partidos y políticos de casta, que no se avergüenzan de las maniobras absurdas o suicidas, las encaran con admirable temple, pues sólo quien sabe su vida resuelta puede no tener miedo a perder algo.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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