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El Graderío de la Catedral

En Toulouse también

Muchos motivos pueden llevar a una sevillana, o a un sevillano, a viajar a Toulouse; el amor por los libros de Dumas, los vuelos de cierta compañía francesa en condiciones muy razonables, el gusto por el vino o el interés por conocer la ciudad natal de Carlos Gardel.

Pero cuando se viaja al país vecino y gabacho, que no al vecino y luso, hay que tener una precaución. Puedes darte en la cara con el saqueo y el expolio, y esto no sería tan terrible si a los saqueadores y expoliadores de esta gala tierra no les hubiera gustado tantísimo la pintura de nuestro ilustre vecino Bartolomé Esteban Murillo, que es más vecino si cabe pues lleva los nombres de los patronos de la Puerta Carmona, donde ambos recibimos las aguas, cada uno en su siglo.

Y la historia es esa, no hace falta estar en París, ni siquiera hace falta que sea una Inmaculada de niño adorable y rostro sereno; estás paseando por el Museo de los Agustinos en Toulouse y allí está, “El éxtasis de San Diego de Alcalá delante de la Cruz”, autor, el ya citado, procedencia, Convento de San Francisco, Sevilla. Así de claro, sin complejos. De hecho los complejos son tan mínimos que en esa placa explicativa y en otras similares te dice abiertamente que fue un envío del gobierno, que la obra pertenece al Depósito Nacional. Así, sin más, sin paños calientes; con impunidad absoluta.

Una amiga me aconsejó que lo mejor en estos casos es escupir en la puerta y liberar con ese dramático gesto la indignación sentida. La verdad es que es lo único que puede hacerse. No son pocas las veces que he pensado que con las mismas debería descolgar el cuadro de la pared y sin ocultamiento ni vergüenza debería salir con él bajo el brazo, y cuando se me echaran encima los vigilantes del museo, el de seguridad o la gendarmería entera, yo les soltaría un enorme discurso sobre lo que es un saqueo, sobre lo que es el arte, los sentimientos, lo justo, lo injusto y como me niego a que mis diferentes gobiernos a diferentes niveles sigan consintiendo que sus diferentes niveles en diferentes siglos nos sigan toreando. Vamos, dicho casi vulgarmente, es que además de prostitutas ponemos el lecho.

Y luego quedarán los libros de Dumas, los vuelos que permiten conocer mundo, el magnífico vino, la casa del niño Gardes que pasó a ser Gardel cuando cruzó el Atlántico, y la vida será rosa en la ciudad de paredes rosas que generó el azúl pastel y lleva a gala el violeta, pero siempre te quedará el regusto amargo de que esta ciudad también posee uno de esos trozos de tu ciudad que nunca debieron ser suyo.

Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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