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El Graderío de la Catedral

Los diez

Alguna vez ya he comentado que en este país todo el mundo lleva dentro un juez y un seleccionador nacional. Todo el mundo sabe lo que es justo e injusto y a quién hay que alinear y a quién hay que dejar en el banquillo.

Pero como esta condición no entiende de clases sociales, no sólo es el ciudadano de a pie el que posee las soluciones a todos los problemas de esta patria nuestra. Como pudo verse en la portada del ABC en estos días, diez mentes preclaras, diez cerebros privilegiados, diez hombres hechos y derechos, aportan las soluciones para que España (léase enfatizando la “pa”) y con ella todos los españoles, salgamos de la crisis.

Me van a perdonar la expresión, pero es que hay que joderse pero bien. O sea que después de años viendo que la burbuja inmobiliaria iba a pegar el petardazo, después de que las hipotecas subieran hasta el techo, después de ver cómo el empleo se introducía en una espiral de precariedad, después de años y años en que se concedían créditos a diestro y siniestro sin comprobar si las personas y sus avalistas podrían responder, ¿dónde estaban los calculadores de riesgo?

Después de soportar aquellas pamplinas de la desaceleración negativa de la economía, de entrar ya en crisis con todas las letras y de todo lo que vino después… y ahora resulta que estos diez señores tenían la solución a todo. ¿Por qué se han callado durante tanto tiempo?

Eso no es de buen cristiano, oiga. Que resulta que ni Zapatero ni Rajoy, que teníamos que habernos puesto en las manos de estos diez magnates de las finanzas y así, soportados en esas veinte manos, podrían a su gusto habernos exprimido definitivamente hasta la última gota de nuestra sangre con mayor comodidad.

Es que es muy fuerte lo que hay que aguantarle al personal. A diez personas con grandes empresas y muy rentables, por supuesto, pero que entre otras cosas, a la primera de cambio, aprovechan para pagar sus impuestos y guardar su dinero fuera de nuestras fronteras. Me parece no sólo una desfachatez sino una falta de la educación más elemental que ahora vengan, nunca mejor dicho, de “salvapatrias”, cuando ellos han contribuido más que nadie a que este país se vea actualmente como se ve.

Entre otras cosas, hemos creado un sistema político absurdo lleno de cargos a dedo y pagas vitalicias que ha sido como abrir un agujero en el fondo de nuestra hucha. Aquí cualquier cuñado, primo o fulano de tal puede conseguir a dedo una concesión de algo, pues son pocos quienes conocen a la persona adecuada para que les informe de las bases de los concursos y demás.

En España era barato poner una fábrica, y muchas multinacionales lo hicieron, hasta que empezamos a ganar dinero, subir el nivel y las multinacionales en cuestión se dieron cuenta de que había otros países más baratos que nosotros, con lo que desmontaron y se fueron. En nuestra querida tierra se le ponen infinitos obstáculos a quien intenta hacer algo diferente, emprender simplemente es una aventura tortuosa. Dedicarte a la investigación o algo así ya es directamente una utopía. Somos los primeros en fuga de cerebros y en mantener parásitos inútiles. Y también habría que comentar que todo esto ha hecho que nuestro sistema económico en general se soporte en unos cimientos  tan absolutamente débiles que parecemos la casita de paja del cerdito vago del cuento, vino el lobo y…

Yo en este último párrafo me he dedicado a señalar fallos, lo admito, no he aportado ni una solución, más que nada porque al contrario que los de la portada de marras, no las tengo. Por eso me indigna que en lugar de entonar el mea culpa que deberían, se jacten de poseer el bálsamo de Fierabrás. Porque no olviden una cosa, mis diez caballeros de la mesa coja, nosotros no levantamos nuestra casa de paja por gusto, fue a lo que ustedes y tantos como ustedes nos condujeron.

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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