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El Graderío de la Catedral

Entre dudas y parones

Tengo una duda, una gran e inmensa pregunta. ¿Ahora los ministros van a recibir visitas de ciudadanos con propuestas y preguntas? Lo digo porque como tomen ejemplo de Gallardón y el señor del Castillo, no van a dar abasto recibiendo a gente mañana, tarde y noche.

Es estupendo ese tipo de actitud, que nadie me malinterprete. Pero no deja de ser extraño y con un matiz populista y mediático que canta demasiado. Claro que, a estas alturas, nadie debería asustarse. Más en Sevilla, donde a un padre que ha sufrido una desgracia tan grande como la que es perder a una hija no sólo lo recibe un ministro, sino que el alcalde le da un trabajo bien remunerado y, por supuesto, en ninguno de los dos casos es necesaria, por lo visto, ningún tipo de formación en materia jurídica, social o de cualquier otro tipo.

Últimamente también me pregunto cuántos compañeros y profesores dejaré de ver en los futuros años en la facultad. Pese a promesas de la Junta y demás, nadie se sacude el miedo del cuerpo, y no son pocos los compañeros que ya afirman que, de ser cumplidas todas las medidas anunciadas, no podrán hacer frente a continuar estudiando, más aún en la UPO, donde la aplicación del plan Bolonia complica mucho el hecho de estudiar y trabajar, sin contar lo complicado que es conseguir un trabajo ahora mismo. Y, para colmo de males, debe estar suficientemente bien remunerado como para pagar las nuevas tasas.

No puedo evitar cuestionarme si el parón será útil. Me lo cuestiono a pesar de haber votado que sí. Pero en un país donde lo que menos le preocupa a la clase política son los ciudadanos, siempre cabe pensar que da igual lo que se haga.  Por supuesto, hay que aguantar que algún botarate diga aquello de que por tal de no estudiar no sabemos ya qué hacer. “Cree el ladrón…”, pienso yo de alguien que carece de la mínima empatía para comprender lo que nos perjudica no tener clases dos semanas antes de comenzar los exámenes. Pero la cosa es insultar y ofender. A falta de argumentos sólidos, siempre pueden recurrirse a técnicas como las de las portadas del ABC o La Razón.

Mientras, los primeros perjudicados nos sacrificaremos para reclamar unos derechos que costó mucho conseguir y que quieren arrancarnos de raíz, algo que desde hace tiempo ocurre en muchos ámbitos de este país. A este paso, retrocederemos tanto que daremos las gracias por conservar el derecho de reunión.

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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