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El Graderío de la Catedral

¿Para qué…?

Me había propuesto no hablar de política esta semana. Estaba ya cansada del tema, quería volver a ser esa frívola columnista que habla de refrescos a partir de excrementos animales, tramos de carreteras robados, absurdas medidas para no acceder borracha a Internet; pero no ha podido ser, no queda más remedio que volver al politiqueo, porque la cosa está… está tremenda.

Es poco profesional lo de tremenda, pero ya no encuentro más símiles. Lo peor de todo es que se reduce a darle vueltas a lo mismo. Por ejemplo, la lengua larga de algunos políticos y como luego, cual camaleón de los documentales de La 2, se la enrollan y se la tragan. Nos hemos hartado de ver a Zoido, y sobre todo a su paladín Arenas, repitiendo hasta la saciedad que debe gobernar la lista más votada, poniendo de por medio notarios y el cielo de testigo, cual dogma defendido con la propia sangre  y vida, lista más votada siempre. Y ahora una se pregunta ¿qué  pensarán estos señores de sus compañeros de partido que han pactado con IU desplazando a listas socialistas más votadas?  Se puede hacer un fácil juego de palabras con la frase de Monteseirín de que no había que demonizar los pactos, y por eso, aplicándose esta máxima, a muchos no les importó pactar con el ‘diablo’, esto último no es insulto mío, más bien es la consideración que creo que el PP tiene de IU, al menos en la capital hispalense. Pero es viejo ya eso de que por la boca muere el pez.

De otra parte, lo que le hacía falta a IU era otro conflicto interno, aunque no sé si realmente hay conflicto, ya que a los miembros del partido que se les ha advertido de expedientes y expulsiones por pactar con los de la gaviota no parece haberles inspirado demasiado miedo. Lo dicho, otra vez lo mismo, vuelven los tiempos de “la pinza”.

También tenemos los casos en  que el PP gobierna por omisión. No soy capaz de discutir del todo a esos miembros de IU que alegan que las políticas del PSOE no son siempre muy de izquierdas; pero ahí está otra vez, siempre lo mismo, la historia de la izquierda fragmentada.

Luego tenemos el caso vasco. Ahí poco importan las extrañas parejas de cama que hacen los matrimonios políticos de Groucho Marx; allí cualquier alianza vale para evitar a BILDU. Ojalá en Santoña hubieran tenido esa misma opinión y no se hubiera permitido la coalición con Falange Española, que vergüenza ajena dan estas cosas a veces…

Zoido juraba su cargo, y se llenaba la boca de talento. Arenas y Rajoy lo miraban, orgullo y envidia a partes iguales; orgullo por lo obvio, envidia por no haber ganado los dos unas elecciones en los últimos tiempos, en el caso de Arenas son unos últimos lejanos tiempos…

Y a todo esto mi madre hace la pregunta, la clave que me hace pensar si no hago un poco el tonto cuando me indigno porque la gente no vota… “Si al final se pacta con unos y otros como conviene, ¿nosotros para que votamos?”. Resuena en mi cabeza Arenas. ¡Qué fatalidad! “Lista más votada, la lista más votada”.

Se repite cual mantra  budista. ¿Será una buena idea? ¿Será la solución? En realidad no tiene sentido plantearse eso, no habrá ningún político que sea capaz de llevarlo a cabo si no le conviene.

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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