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El Graderío de la Catedral

Adiós, amiga

Un filósofo del siglo XVII dijo: “No me arrepiento de nada; el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable”, y tal vez, sintiéndome menos miserable que nunca, no me arrepiento de que en su tiempo yo compraba y leía Super POP.

Hoy día me da risa pensar cómo acudía quincenalmente al kiosko para, por 275  pesetas (nunca llegué a comprarla en euros), llevarme a casa mi  revista, generalmente acompañada del correspondiente regalo… Los regalos, qué grandioso era aquello: carpetas, innumerables posters que brillaban en la oscuridad, anillos y pendientes que me destrozaban la piel por la alergia al níquel que desconocía en aquel tiempo, pulseras de hilos o cuentas de colores que atraerían la energía y el amor, cartas de tarot, pegatinas brillantes, fotos, colgantes, llaveros, transfers para poner en las camisetas, libritos del Horóscopo, tatuajes de pega, y cualquier cosa poco útil digna de una  adolescente fanática. Puede que la mejor adquisición fuera la que se hacía por septiembre, la agenda escolar, con frases célebres y románticas, puede que más lo segundo que lo primero, con las que animar las tediosas semanas del curso, ya que además de mil fotos poseía las fechas de cumpleaños de los famosos.

Pero no sólo eran los regalos. Esos reportajes llenos de frases frescas, juveniles, que a fin de cuentas no informaban mucho, pero estaban llenos de fotos, algunas entrevistas con personajes de ‘Al salir de clase’, las secciones de preguntas y respuestas o gente que contaba su historia, juegos más o menos creativos sobre tu futuro o tu destino escrito en las estrellas, el Horóscopo que les escribía su astrólogo personal, tests que definían tu personalidad por completo, o no, y una sección de intercambios donde la gente buscaba casi de todo. Esta enumeración me ha despertado más risa aún, y casi no me reconozco. Recuerdo a los Back Street Boys, Take That o Alejandro Sanz. Mi afición incondicional a Sabina u otro tipo de música no tenía su reflejo en esta publicación.

La vida siguió. Apenas sé que será de esos artistas, salvo Alejandro Sanz, que me produce repulsa cada vez que sé algo de él y su relativismo moral en la contienda piratería – derechos de autor – pagar impuestos en España; pero mi afición por la otra música continúa, sin revista que lo sustente.

Imagino que mucha gente, mayoritariamente chicas, ha leído Súper POP en algún momento de su vida, pues no creo que nadie la siga ininterrumpidamente desde 1977 cuando comenzó su andadura. Supongo que al igual que yo, ha sido una etapa, más corta o más larga, en la vida de muchas. Un recuerdo que se amontonaba en carpetas y que no niego que me costó tirar, hasta que comencé a ser una rebelde alternativa que renegaba del sistema y de ciertas cosas que esa revista y esas tendencias representaban. Hoy, más sensata, sé que los posters de Gary Barlow que luego dejaron paso a la bandera del Ché forman todos parte de la persona que soy hoy; y por eso, porque en algún momento de mi vida acudí  a sus páginas, me quiero despedir de la edición impresa que sólo se dejará ver en los kioskos en algún momento puntual, pero que, ahora, se renueva o adapta y sólo será digital.

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Sobre el autor

Mercedes Serrato

Técnica Superior en Integración Social, Graduada en Trabajo Social, Especialista Universitaria en Mediación, Máster Oficial en Género e Igualdad. Actualmente Doctoranda en CC. Sociales; investigadora irremediable, considera la escritura como una gimnasia obligatoria a la vez que placentera.

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